Abocados a la inestabilidad

Hay que esperar a que baje la temperatura tras el 21D, pero las primeras reaccionestras los comicios invitan al pesimismo

Abocados a la inestabilidad
ALBERTO AYALA

Tras la efímera noche triunfal de Inés Arrimadas después de la histórica victoria de Ciudadanos en las elecciones del jueves -éxito que a buen seguro habrá generado inquietud en Sabin Etxea por su probable repercusión en la política española, dado el rechazo frontal de los naranjas al Concierto vasco-, el conflicto catalán regresó ayer a su anormal normalidad.

Y lo hizo con los mismos dos protagonistas de los últimos tiempos. Un expresident Puigdemont eufórico porque el secesionismo conserva su mayoría en el Parlament aunque sea a la baja y porque su coalición mantiene el liderazgo del bloque rupturista. Y un cariacontecido Rajoy después del batacazo sufrido por su PP por culpa del 155 y del ‘voto útil’.

A pocas horas de unos comicios tan determinantes, tensos y atípicos era difícil esperar guiños o giros bruscos. No los hubo, claro.

Y fíjense que hubiera resultado interesante escuchar a Puigdemont reconocer que el 21D el secesionismo ganó en escaños, pero volvió a perder claramente en votos ante los no independentistas, en lugar de soltar medias verdades como que el secesionismo «está más fuerte que nunca». O que Rajoy constatara algo igualmente obvio: que tanto soberanistas como constitucionalistas tenían voto oculto, más los segundos que los primeros, y que el peso de ambos bloques sigue siendo muy similar.

En cambio, desde el flanco secesionista se volvió a pedir lo imposible. Que el Estado empuje a la Justicia a archivar los expedientes en tramitación contra los líderes ‘indepes’ presos, huidos o excarcelados por vulnerar la ley.

El 21D prueba que el independentismo no es hoy «más fuerte que nunca», como afirma Puigdemont

Así que seguimos sin saber si Puigdemont regresará de su autoexilio belga para ser reelegido president, lo que se traduciría en su más que probable detención y posterior ingreso en prisión.

Un Puigdemont que no tendrá que competir con nadie por el cargo. Cuestión bien diferente es qué sucedería tras su eventual investidura porque no parece que pudiera desempeñar sus funciones con normalidad dada la situación procesal. ¿Quien le sustituiría en el Palau?

Tampoco está claro qué tipo de Govern buscará el president. ERC reclamó ayer un Ejecutivo de concentración que incluya a la CUP. La idea no parece gustar ni al candidato ni a su partido, el PDeCAT. «Los números han cambiado y podemos gobernar tranquilamente sin la CUP», avisó Puigdemont.

Para qué es la gran pregunta a día de hoy sin respuesta. Neoconvergentes y republicanos hablaron durante la campaña de abandonar la vía unilateral para avanzar hacia la consecución de la República catalana. Ayer al dirigente del PDeCAT Marta Pascal insistió en que la nueva estrategia del independentismo no pasa ni por prisas, ni por plazos ni por calendarios cerrados, tampoco por aparcar sin fecha la idea, sino por «ampliar la mayoría soberanista».

Veremos si es así o si se trata de una mera estrategia para no tener más problemas con la Justicia. Muchas incógnitas, demasiadas, que parecen abocar a la política y a la economía catalana y española a un peligroso horizonte de inestabilidad.

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