El Berlín que se esconde tras el muro

La vida en la capital alemana ha quedado marcada por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, ahora sus vestigios se mezclan con el aire alternativo de una ciudad que guarda sorprendentes secretos entre sus calles

La East Side Gallery guarda en sus paredes ell famoso beso entre Leónidas Breznev, antiguo presidente de la URSS, y el máximo dirigente de la RDA, Erich Honecker./
La East Side Gallery guarda en sus paredes ell famoso beso entre Leónidas Breznev, antiguo presidente de la URSS, y el máximo dirigente de la RDA, Erich Honecker.
GABRIEL CUESTA

Una cicatriz de 45 kilómetros marca la historia de Berlín. Hasta el 9 de noviembre de 1989 medía algo más de tres metros y medio de altura y dividía la capital alemana en dos mundos antagónicos: la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana. Otros 115 kilómetros rodeaban la ciudad en su parte oeste para aislar el área occidental (y capitalista) de la zona comunista, en el este. Después de 28 años del derribo del muro es imposible entender Berlín sin rememorar aquella época en la que la capital alemana se convirtió en el corazón de la Guerra Fría. La ciudad fue la escenificación de la 'lucha' entre dos sistemas: el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético. Y el escenario de aquella fuga masiva de una población desesperada que huía de la pobreza de la RDA. Solo 4.000 lo consiguieron.

Hoy apenas queda en pie un kilómetro y medio de muro. El resto es, simplemente, una extensa línea sobre el asfalto que dibuja la antigua separación de la ciudad. Cuando aún sus paredes se levantaban hacia el cielo lo que marcaba era la franja de la muerte, el espacio de separación entre los dos lados de la capital. Allí murieron 78 personas, tratando de cruzar esta frontera artificial y esquivar en vano las torretas de vigilancia para buscar una vida mejor en el lado occidental.

En la actualidad el tramo más largo que se mantiene en pie se encuentra en East Side Gallery, ubicado en Mühlenstrasse. Tras su derribo 118 artistas de 21 países decidieron transformar uno de los símbolos de la cruda Guerra Fría en una galería de arte al aire libre de 1.316 metros de longitud. Se trata de uno de los baluartes del arte callejero. Sus grafitis -en el lado este- son una recopilación de 'cuadros' de aquel sistema opresor. El mural más conocido es el del famoso beso entre Leónidas Breznev (antiguo presidente de la URSS) y el máximo dirigente de la RDA, Erich Honecker. En la parte occidental sus paredes hablan. Cada una de ellas es una historia de aquel Berlín que escenificaba la división del mundo en dos. Espionaje, chantajes, presos políticos... auténticos y desgarradores testimonios en primera persona que muestran las tragedias humanas en aquella Alemania fraccionada. Se encuentra cerca de Kreuzberg, el pintoresco barrio turco (parada de metro Kottbuser Tor), donde se pueden ver impresionantes murales ocultos entre sus edificios, visitar mercadillos y modestos comercios y tomar algo en bares con buen ambiente.

El otro pequeño tramo (de 200 metros) se encuentra en el corazón de Berlín, en Mitte, en el lugar donde la Gestapo operó entre 1933 y 1945. Ahora se ha convertido en Topografía del Terror, una exposición al aire libre que documenta el programa nacionalsocialista de exterminio y persecución contra judíos y gitanos en los años en los que Adolf Hitler se alzó con el poder en Alemania. En esta ocasión sus paredes continúan desnudas y manteniendo ese triste gris original. Este resto del muro fue declarado patrimonio histórico en 1990. La entrada al recinto es completamente gratuita.

1 y 2. Vista del muro en la East Side Gallery en el lado oeste y este. 3. Imagen del muro que se encuentra al lado de la exposición 'Topografía del Terror'. / G. C.

A pocos metros se sitúa Check Point Charlie, la recreación del paso fronterizo más famoso de Berlín. Allí pudo desencadenarse la Tercera Guerra Mundial el 27 de octubre de 1961. El mundo entero dejó de respirar durante 16 horas. Justo el tiempo en el que se apuntaron diez cañones americanos y diez soviéticos entre sí debido una serie de rencillas desencadenadas durante la Guerra Fría. Kennedy y Kruschev consiguieron que las unidades dieran marcha atrás. Ahora junto a la réplica de la cabina se encuentra un cartel idéntico al que se podía leer en aquella época: «Está abandonando el sector americano». La calle en la que se encuentra, Friedrichstrabe, es una de las principales vías comerciales de la capital. Allí también se ubica el Museo del Muro y el Museo Judío.

La 'cicatriz' del muro sigue por toda la ciudad, exactamente trazando la misma línea donde se encontraban sus paredes.
La 'cicatriz' del muro sigue por toda la ciudad, exactamente trazando la misma línea donde se encontraban sus paredes. / G.C.

Cerca se encuentra el lugar donde Hitler construyó su búnker antiaéreo, en el que se suicidaría cuando fue conocedor de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial. Solo una placa muestra la situación de esta estructura, inaccesible al haber sido completamente sellada. En su lugar, los visitantes solo verán un simple parking de coches. No hay tributo ninguno a la figura del dictador. Entre otros motivos, porque se pretende evitar que este lugar se convierta en un centro de peregrinación de los nazis.

Si se toma Gertrud-Kolmar Strabe se podrá ver desde la lejanía bloques de hormigón negros de diferentes tamaños. Es el conocido monumento al Holocausto. Construido entre los años 2003 y 2005, esta cuadrícula formada por 2.711 losas rinde homenaje a los judío asesinados en Europa. A primera vista parece un cementerio aunque sus creadores, el arquitecto Peter Eisenman y el ingeniero Buro Happold, dejan a la libre interpretación su simbología. Un dato curioso. Este monumento desató la polémica en 2003, cuando salió a la luz que la empresa Degussa, que suministró una sustancia anti-grafiti para los bloques, tenía una compañía subsidiaria que producía el gas utilizado para asesinar judíos. Finalmente la entidad terminó los trabajos a pesar de una fuerte oposición de una buena parte de un sector judío, los cuales afirman no sentirse representados en esta obra.

1. El Bundestag. 2. Check Point Charlie. 3. El polémico monumento del Holocausto.

Siguiendo diez minutos la limitación del Tiergarten -el parque más grande de la ciudad- se encuentra el Bundestag, llamado Reichstag en los tiempos de la Alemania nazi. El parlamento alemán, construido en 1894, acogió durante años los diferentes gobiernos germanos hasta la República de Weimar. Su incendio en 1933 fue clave para que Hitler convirtiera su cancillería conseguida a través de unas elecciones democráticas en una dictadura. Los nacionalsocialistas acusaron a un agitador comunista holandés de prender fuego al Parlamento -aunque nunca se supo quién fue verdaderamente el culpable- para poder abolir la mayoría de los derechos fundamentales de la Constitución de 1919. Hitler había anulado a la Cámara y conseguido acaparar todo el poder. Tras la Segunda Guerra Mundial, el edificio quedó destruido y los alemanes votaron en un referéndum su reconstrucción. Se puede acceder a su nueva cúpula, diseñada por el arquitecto Norman Foster, de forma gratuita a través de la página web oficial del Reichstag. También organizan visitas guiadas por dentro del hemiciclo para conocer en profundidad su funcionamiento. Eso sí, hay que reservar con mucha antelación.

A pocos metros, se llega a la famosa Puerta de Brandenburgo, el gran icono de la capital de Alemania. Inaugurada en 1791 junto a la Pariser Platz y con un estilo que recuerda a la Acrópolis de Atenas, es un símbolo de 26 metros de alto que escenifica el triunfo de la paz sobre las armas. En 1795 el monumento fue coronado con una cuádriga de cobre que representa a la Diosa de la Victoria en un carro tirado por cuatro caballos en dirección a la ciudad. Por la puerta principal de sus cinco entradas desfilaron bajo su arco miembros de la Realeza, las tropas de Napoleón y los nazis. La Segunda Guerra Mundial causó graves daños a la estructura, ahora con numerosos parches para recuperarse de sus 'heridas'. Curiosamente durante la Guerra Fría quedó atrapada en la franja de la muerte del muro. Fue la única edificación que quedó en tierra de nadie, sin que prácticamente ninguna persona pudiera acceder a ella.

1. La icónica puerta de Brandemburgo. 2. Bebelplatz y su Catedral Católica de Santa Eduvigis, donde se produjo la quema de libros nazi . 3. La torre de televisión construida por los soviéticos durante la Guerra Fría. / G. C.

Under den Linden prácticamente une la Puerta de Brandemburgo con la Catedral de Berlín, junto a Alexanderplatz. La principal avenida de la ciudad cuenta con algunos edificios importantes como el de la Nueva Guardia o la Universidad de Hambolt, donde estudiaron Karl Marx y Albert Einstein. Mención especial para la Bebelplatz, donde está la ópera y la Catedral Católica de Santa Eduvigis. Allí se realizó en 1933 la famosa quema de libros nazi. Ya no hay cenizas. Solo un pequeño ventanal en el suelo desde el que se ve una biblioteca con estanterías blancas y completamente vacía. En ella hay espacio para aproximadamente el mismo número de ejemplares quemados aquel día por los nazis. También hay una placa con una dura cita de Heinrich Heine de 1817: «Eso sólo fue un preludio, ahí donde se queman libros, se terminan quemando también personas».

La ópera de Berlín.
La ópera de Berlín. / G. C.

Siguiendo por el principal bulevar de Berlín se accede al puente de Schlossbrücke, que lleva a la Isla de los Museos. Son un total de cinco edificios: Pérgamo, Museo Nuevo, Antigua Galería Nacional, Bode y Museo Antiguo. El que tiene más fama es el primero. En su interior se exponen importantes piezas como el Altar de Pérgamo (ahora en fase de restauración), la puerta del mercado romano de Mileto o la reconstrucción de la puerta de Astarté. Si se sigue por Under der Linden se llega a la Catedral y, avanzando un poco más, a Alexanderplatz. Sobre ella se alza imponente la icónica Torre de la Televisión, construida por los soviéticos en 1969.

Alexanderplatz es el centro neurálgico de la capital alemana.
Alexanderplatz es el centro neurálgico de la capital alemana.

Con 368 metros de altura, es la estructura más alta de Alemania. La URSS puso en marcha el proyecto para intentar combatir la imagen de pobreza de la antigua RDA. Lo que no esperaban es que, cuando la luz se refleja sobre su esfera, se forma una cruz. Algo de lo que se mofó el bando aliado, ya que precisamente el régimen comunista había eliminado todos los signos y edificios de carácter religioso. El Palacio Real de Berlín está en plena construcción para abrir sus puertas como un nuevo museo. En la Guerra Fría fue demolido por los soviéticos, que construyeron su propio Palacio comunista en su lugar. Y es que la parte más importante de Mitte recayó en manos soviéticas como recompensa al mayor desgaste que había sufrido ese bando en la batalla de Berlín.

1. La Isla de los Museos, con la Catedral de Berlín al fondo. 2. La peculiar entrada al museo de Ana Frank, ubicado en el barrio judío. 3. El mercadillo dominical de Mauerpark.

Justo al norte de esta zona de la ciudad se encuentra Scheunenviertel, el barrio judío. En este distrito se respira un aire alternativo. Muy recomendable dar un paseo por una zona llena de pequeñas tiendas y locales de comida de todas partes del mundo. Especial mención para Hackescher Höfe, un bonito e histórico conjunto de patios que ahora es una zona comercial.

Uno de los impresionantes grafitis que se encuentran en el barrio judío.
Uno de los impresionantes grafitis que se encuentran en el barrio judío. / G. C.

Entre sus pequeños pasadizos se esconden llamativas obras de arte callejero. Al callejón donde está la entrada al museo de Ana Frank no le queda un hueco de pared lisa. Desde una de sus paredes, un gorila intenta sacar a sus visitantes una foto. Un aroma similar tiene el mercadillo dominical de Mauerpark. Una estrambótica mezcla de puestos en los que se puede encontrar de todo. Pintorescos cuadros, antigüedades, tornillos convertidos en pendientes, recreaciones en miniatura del muro... además de una oferta gastronómica internacional muy variada.

Información útil

Alojamiento:
Los hoteles en el centro de Berlín no suelen ser baratos, más bien lo contrario. Una buena alternativa es alquilar un apartamento en plataformas como Wimdu o Airbnb. La noche en una zona aceptable puede rondar los 50 euros si se encuentra una buena oferta.
Transporte:
Berlín cuenta con una gran red de transporte. Los autobuses, metro (u-bhan) , tranvía y cercanías (S-bhan) hacen que sea fácil desplazarse por toda la ciudad. Lo mejor es comprar los tickets que te permiten acceder a las zonas A-B-C en todos los transporte durante cierto número de días. Esta opción incluiría el desplazamiento a Postdam y Sachsenhausen. También a los dos aeropuertos: Tegel y Schönefeld.
Gastronomía:
En Berín se puede encontrar comida de todo tipo y todas las clases del mundo a un precio muy asequible. Si se prefiere probar los típicos platos alemanes no puede faltar en nuestra ruta gastronómica un buen codillo con chucrut y las salchichas currywurst. Su acompañamiento no puede ser otro que una buena cerveza. Las hay de todo tipo. Desde una Pilsner a una buena tostada.
Alrededores:
Si se cuenta con suficientes días en la capital alemana, hay dos excursiones cerca muy recomendables . El campo de concentración de Sachsenhausen muestra cómo fue uno de los principales centros del regimen nazi en Alemania. La entrada es gratuita y la audioguía en español solo cuesta 3 euros. La otra opción es Postdam, el lugar donde se firmó el tratado que dividió Alemania. Es conocida como la ciudad de los palacios. Fue la residencia de la familia real prusiana y allí Federico Guillermo l (1660) decidió construir espléndidas edificaciones que aún se conservan en buen estado.

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