Sajazarra (La Rioja)

Segway en la viña

En fila india por un sendero entre viñedos
En fila india por un sendero entre viñedos

Ruta sobre ruedas por uno de los pueblos más bonitos de España y su paisaje de vides

IRATXE LÓPEZ

Sajazarra es tan impresionante como desconocido, un rincón ideal que descubrir a solo 12 kilómetros de Haro. La Rioja Alta acoge sus confines y los ríos Aguanal y Ea humedecen suelos dispuestos a abrigar la vid. Descubrirla es un reto, sobre todo si lo haces subido sobre un segway todoterreno. Casco en la testa. Velocidad marcada por el movimiento de tu cuerpo. Guía acompañante. Y kilómetros que rodar desde la localidad hasta los campos que la adornan. La primera mención de la villa aparece en 1099, dentro del Fuero de Miranda de Ebro. Se hacía llamar Saja. La primera impresión del turista surge cuando accedes al pueblo, incluido en el listado de ‘Los más bonitos de España’. Casas de piedra. Tonos marrones, suelos de aquellos que hacen mirar hacia atrás, hacia un mundo tranquilo regado por el vino, salen a nuestro encuentro. El caldo descansa a la sombra de las bodegas, en un barrio donde los vecinos excavaron la roca a golpe de pico para construir después sobre esa nevera natural edificios que observas a la ribera del río.

Desde ese punto el grupo se interna en las callejuelas de este espacio que fortificaron entre los siglos XII y XIII, de cuya muralla aún conserva detalles. Pasa montado sobre su corcel metálico por la Plaza Mayor donde luce con brillo propio la Casa de los Ruiz de Loizaga, caserón barroco (XVIII) en el que destacan un reloj de sol y el escudo familiar. También por el ayuntamiento y por el cabildo. Los conductores noveles buscan durante el viaje la cabeza y la cola del dragón. Las manos de los amantes que rasgan las paredes para unirse eternamente. El arte ha salido a la calle para sorprender a vecinos y recién llegados. Rejuvenece con su frescura la tradición, fusionando pasado y presente sin que desentonen.

Estarás conduciendo a través de un urbanismo creado para vertebrar una villa defensiva según líneas inspiradas en castros romanos que dibujan cuadrículas. Hacia la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción (1171). Imponente. Color arena. Con su majestuosa verticalidad en piedra de sillería y mampostería. Por entonces Alfonso VIII de Castilla fundó en el lugar el monasterio cisterciense de Santa María de Sajazarra. El templo, que adosa su muro norte a la muralla, sugiere la suma de construcciones de distintas épocas. Entre sus inquilinos famosos, la Virgen de la Antigua y el retablo renacentista. Y la leyenda de la campana mora: cuentan que una musulmana de nombre Zuleya quedó sola tras una epidemia de peste. Quiso ser bautizada y acogida en localidades cercanas pero fue rechazada, salvo en Sajazarra. En agradecimiento a su asilo donó esa campana.

Tras escuchar la historia, una cohorte de caballeros y damas imaginarios preceden a los vehículos camino del castillo, edificio magnífico construido en la segunda mitad del siglo XV al transformarse la villa en señorío de los Velasco. Su buen estado de conservación le hace destacar como una de las fortalezas más bellas de La Rioja. De propiedad particular hoy día, cuenta con recinto exterior rectangular, cubos redondos en las esquinas y torre del homenaje.

Después habrá que seguir bajo la puerta de El Arco, una de las dos abiertas en la murallas para el paso de carros. Es hora de salir al campo en busca de los viñedos que dominan el paisaje. Hacia la ermita de Santa María de Cillas, a kilómetro y medio. Piedras y caminos convierten la marcha en una aventura hasta el edificio románico del siglo XIII de donde proviene la Virgen de Cillas, patrona de la villa.

El grupo posa junto a los muros del castillo

Vistas a la sierra

Allí las vistas son impresionantes. Dominan las tierras en las que tuvo lugar la Batalla de Cellorigo (882) en la que los cristianos vencieron a los musulmanes cuando estos pretendían tomar su castillo, pues protegía uno de los pocos pasos para cruzar los montes Obarenes. También domina el valle hasta el río Oja, que da nombre a la comunidad. Peñalrayo. Peña Águila. San Millán, el pico más alto de Burgos. San Lorenzo, el más alto de La Rioja. El Moncayo en días sin niebla. Y las Peñas Gembres, dos rocas casi gemelas que merece la pena superar más tarde a pie en una excursión desde Sajazarra para culminar la cima más alta, donde las vistas son inigualables.

Queda sortear sendas intrincadas entre hectáreas de viñedos. Escuchar anécdotas sobre la uva, sobre viticultores que debían transportar su producto en carros hasta el País Vasco durante tres días. Superar baches hasta Castilseco donde dos son las atracciones indiscutibles: el templo románico de San Martín y una morera centenaria de frutos jugosos que pintan manos y labios de rosa. Regresar a Sajazarra tras la magnífica excursión en la que los ojos no consiguen abarcar la belleza del peculiar paraje riojano rendido ante el paso de la cuadrilla montada en segway.

Un motivo más para la visita: el domingo 30 de julio se celebra una feria de almoneda a los pies del castillo. Ubicación inmejorable.

Recomendaciones

Dónde dormir:
La Posada de Sajazarra. Acogedora gracias a su diseño y a la amabilidad de sus dueños. Repleta de detalles. Esta antigua casona del siglo XIX funcionó como posada. De ella conservan la planta baja y primera, restauradas con gusto. Cada habitación es distinta, una sorpresa para la vista, adornada con muebles pintorescos rescatados del pasado. (Duro, .3 Sajazarra. 626083596. posadadesajarra.com)
Dónde comer:
Ochavo. Buen precio y buena comida. Prueba los pimientos rellenos de espinacas y los puerros. También tienes clásicos: chuletillas y entrecot de ternera al sarmiento regados con Rioja. (Calle del Olmo, 2. Sajazarra. 941320223. asadorsajazarra.es).

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