Atalaya de la Sierra del Brezo

Rutas de montaña: Peña Redonda (1.997 m.)

Rutas de montaña: Peña Redonda (1.997 m.)

Peña Redonda es una enorme mole caliza que destaca en el horizonte sobre la llanura palentina

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

La Peña Redonda es una inmensa mole caliza de la Sierra del Brezo, en Palencia, que destaca en el horizonte cuando vamos por carretera de Cervera de Pisuerga a Guardo. A pesar de que no llega a los dos mil metros y la falta de complicaciones técnicas de su subida, es una montaña dura, con un desnivel sostenido. Sin concesiones. Desforestada y sin fuentes, pone a prueba las piernas de los montañeros. Las vistas desde lo alto compensar el esfuerzo.

En esta ocasión subimos por la ladera sur, desde Traspeña de la Peña. Es un pequeño pueblo de la Montaña que fue minero y ahora sestea. Aparcamiento junto a la fuente romana. Caminamos hacia la iglesia de la Trasfiguración, un bello templo románico-gótico del siglo XIII. Detrás sale una parcelaría recta flanqueada por una hilera de pimpollos de chopo. Cruza el páramo desolado y se dirige hacia la mole de Peña Redonda, que ocupa nuestro horizonte. Es un tramo de dos kilómetros sin sombra ni protección que se puede hacer en coche. En nuestro caso sirve de calentamiento.

Base de la montaña (0h.25’). La pista sigue. Por la derecha, un ramal entra en el barranco de Santa Eulalia. Lo seguimos unos metros para desviarnos (hito) cuesta arriba. Comienza la subida. La senda, bien señalizada con hitos, supera una zona de chaparros y jaras y llega a una cruz de hierro (0h.40’). Comienza un primer repecho muy exigente que deja atrás las encinas y sube por un terreno calizo fragmentado, donde es fácil tropezar.

Vamos por la cara sur, un horno en verano. Desaparece la vegetación. Tras otro repecho más fácil y tendido alcanzamos el collado (1h.30’). Al otro lado hay una hoya, refugio de cabras. Burrián queda a la derecha. A nuestra izquierda, la ladera mineral de la Peña. Los hitos nos llevan por sendas de ganado hasta la trocha que, en cortas y cerradas zetas, llega hasta la cruz cimera. Tramo exigente que con calor o lluvia se hace interminable. Sólo al final se suaviza. Pronto alcanzamos la cruz de hierro, que tiene adosado un ‘cache’ que sirve de buzón; un pequeño relicario maltratado y el vértice cimero (2h.05’).

Es un mirador de excepción de Palencia, aunque durante las primeras horas de la mañana se suele cubrir de nubes. Al sur se divisan la llanura palentina y sus pueblos; por el norte, la Sierra del Brezo, Picos de Europa y los montes de Campoo, Espigüete, Curavacas, Tres Mares y Cuchillón, Valdecebollas…

Estamos en ‘la montaña’ del norte palentino. La cruz metálica, que sustituye a otra anterior, fue erigida por el Ejército en 1984. El material lo subieron en helicóptero. En la misma cima, cada primer domingo de agosto se celebra una misa de campaña. Los romeros suben de los pueblos de la comarca y adoran a la Virgen de las Cumbres. Luego comen en el alto, pelado, venteado y sin sombra. Tampoco hay agua.

Vuelta al collado (2h.30’) por el camino de subida. La piedra suelta, la pendiente y lo trillado del terreno complican el descenso. Atención. La subida al Alto del Burrián es sencilla. Sin camino, evitando las pedreras pisamos el alto (2h.45’). Un montón de piedras y poco más. Buenas vistas.

Cuenta una crónica montañera de los años 70 que «resulta curioso ver las explotaciones mineras a cielo abierto de la zona, y el ir y venir de camiones que denotan la actividad». Ahora sólo se divisa un páramo monótono. Las minas de antracita (pozos Marqués, Pedrito, La Sota, Dionisio,…) cerraron y fueron selladas. Con ellas se fueron la riqueza y la población.

Algunos ‘tracks’ pierden altura hacia el siguiente collado para descender por el barranco de Santa Eulalia. Hay sendero, pero es fácil perderlo. Luego vienen las complicaciones en una garma cuarteada y difícil de atravesar. Más sencillo es descender por la senda de subida. Basta con seguir los hitos hasta la base (3h.25’) y, por la parcelaria, volver al pueblo (3h.50’).

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