Rioja Alta: ruta por los orígenes del castellano y el euskera

Viñedos y cereal en Badarán, con la Sierra de la Demanda al fondo. /Justo Rodríguez
Viñedos y cereal en Badarán, con la Sierra de la Demanda al fondo. / Justo Rodríguez

San Millán de la Cogolla, Nájera y Briones presiden una viaje que combina historia y viñedos

Elena Sierra
ELENA SIERRA

En la aldea riojana de Badarán tienen un dicho que resume muy bien la filosofía de vida... o, para que esto no parezca una exageración, al menos la filosofía de viaje de cualquiera que se acerque a la zona. Badarán, vino, chorizo y pan, así dice. Para empezar, no suena nada mal. Bueno, tampoco para seguir y ni tan siquiera para terminar. En un recorrido por la Rioja Alta, es una buena brújula. Aunque, si la jornada comienza tempranito, entonces lo mejor será pasarse primero por uno de esos lugares míticos que está a unos kilómetros -solo siete-. Se trata del enclave de San Millán de la Cogolla, al pie de la Sierra de la Demanda, hasta donde se llegan muchos peregrinos, saliéndose del Camino de Santiago, solo para poder visitar los monasterios de Suso y de Yuso.

Las razones están claras en ambos casos. El de Suso es una belleza mozárabe que tuvo su origen en una cueva en el siglo VI, y ese pequeño cenobio original acoge el sepulcro de San Millán. El edificio construido algunos siglos más tarde se aparece todavía hoy, tantísimo tiempo después, pegadito a la roca. Y el de Yuso, que es conocido como El Escorial de La Rioja y se remonta al siglo XI aunque todo lo que se ve hoy en día es bastante posterior, fue donde se encontraron las Glosas Emilianenses, las primeras palabras en castellano y en euskera. La visita a ambos monasterios es independiente y hay que reservar solo en el caso de grupos de más de veinte personas. La entrada general es de siete euros en Yuso y cuatro en Suso. Lo mejor es estudiarse los horarios y los descuentos en www.monasteriodesanmillan.com.

Rioja Alta

Información.
lariojaturismo.com y www.rutasdelvinorioja.com

Y después, ya en Badarán, ahora sí, que vivan el vino, el chorizo y el pan. Hay un par de bodegas dentro de la Ruta del Vino de Rioja Alta a las que merece la pena entrar porque son dos modelos muy distintos. Una es la de David Moreno, un bodeguero del pueblo que emigró muy joven a Barcelona y que, en época de reinversión, cogió la indemnización y decidió volver a casa y apostar por su tierra. Las instalaciones están prácticamente metidas en la montaña y es curioso ver la pared con sus distintos colores envolviendo las barricas.

Castillo de Davalillo

Lo bueno de David Moreno es que ofrece experiencias para todos los públicos, desde grupos a familias, y actividades solo para críos. A unos metros de ésta, en Martínez Alesanco, lo que se va a descubrir es otra manera de hacer vino: la de la recuperación de variedades autóctonas y en peligro de extinción, como la Maturana tinta, con la que elaboran caldos como ese Nada Que Ver, que ha sido Gran Medalla de Oro al Mejor Vino Español 2017.

El monasterio de Yuso bajo la capa de nieve y el castillo de Davalillo domina ambas orillas del Ebro. / Delpón y Rafael Lafuente

Poco más de diez kilómetros separan Badarán de Nájera, que es conocida por la fabricación de muebles. Pero como de momento nadie ha pensado en realizar visitas turísticas a este tipo de fábricas, que seguro que tienen su aquel, mejor darse una vuelta por sus calles y asomarse al río Najerilla desde el puente de San Juan de Ortega. Este lugar sí está en el Camino de Santiago, y aquí el patrimonio arquitectónico tiene mucho que ver con la religión: el monasterio de Santa María La Real -en cuyo panteón de reyes están los restos de Blanca de Navarra, los duques de Nájera y Diego López de Haro-, la Real Capilla y parroquia de La Santa Cruz y el convento de Santa Elena y el Santo Hospital de Refugio son la prueba.

Merece la pena recorrer Suso y Yuso, por su aportación a la historia y la cultura

Tanta fe, tanta fe, merece un contrapunto, y esa es la siguiente parada de esta ruta por los caminos de la Rioja Alta. Es otro cuarto de hora en coche el que lleva a San Asensio, la cuna del clarete -no confundir con el rosado, por favor, que los que saben pueden enfadarse y mucho por la confusión-. Allí presumen del castillo de Davalillo, y no es para menos. Situado a cinco kilómetros del casco urbano en lo alto de un cerro que bordea el río Ebro, Davalillo fue una fortaleza de planta poligonal de siete lados que comenzó a edificarse en el siglo XI, aunque lo que hoy puede verse, y sigue siendo impresionante, es de finales del XIII. La imagen es de postal, tanto desde abajo como desde arriba. Y lo bueno de otear el horizonte desde las alturas es que se puede decidir, mirando hacia los campos y las viñas, en qué dirección continuar.

La casa más antigua

La de Briones es buena. No solo porque es uno de los cascos urbanos más bonitos de la zona, plagado de casonas blasonadas -y la que dicen que es la casa más antigua de toda la Comunidad, situada en la Plaza de España-, palacios, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y los restos de una vieja fortaleza. Y no solo porque, además, desde aquí se tiene una vista preciosa del meandro del Ebro. También por el archifamoso Museo Vivanco de la Cultura del Vino, con su espectacular colección de arte... y de sacacorchos. Toda la información necesaria para preparar la visita está disponible en vivancoculturadevino.es.

Lagares próximos a San Vicente de la Sonsierra.
Lagares próximos a San Vicente de la Sonsierra. / Justo Rodríguez

Necrópolis y lagares

Cerca de San Vicente de la Sonsierra, está la necrópolis altomedieval de San Andrés. Está en perfecto estado, rodeada de viñas. Son unas 70 tumbas de todos los tamaños excavadas en la roca que obligan a pararse y a pensar. No es mal sitio, desde luego. Caminos rurales, el perfil del castillo a lo lejos. Y cerca, cruzando un caminito, más sorpresas en la piedra: esta vez son dos lagares rupestres y un depósito de recogida, inventos de nuestros ancestros para no tener que transportar la uva, que pesaba mucho más que el jugo que extraían de ella. Se cree que fueron excavados a partir del siglo XIV.

Y la última parada de este tour bien que la merece San Vicente de la Sonsierra, que se halla construido sobre una loma cruzando el Ebro por la LR-210 desde Briones. Antes de subir, hay que parar junto al río para cruzar a pie el puente medieval que, en origen, tenía trece arcos y dos torres, luego tuvo doce y una sola torre y actualmente tiene nueve arcos, cada uno de su padre y de su madre; cada nueva reforma ha ido cambiando su fisonomía.

Ya arriba, aparte de disfrutar de todo el sabor medieval de la población, se puede caminar sobre la vieja muralla, subir al castillo y a la torre y admirar, de nuevo, el paisaje de la Rioja Alta. Las vistas son, desde aquí, una maravilla.

Comedor del Asador Trinquete.
Comedor del Asador Trinquete.

Dónde comer

Una buena opción para comer es hacerlo en Nájera, que es centro industrial de la zona y por lo tanto tiene muchas opciones. El Asador Trinquete es un clásico, desde la barra repleta de pinchos, tapas y cazuelitas hasta las especialidades a la brasa de la carta. Está en la Calle Mayor, 11 (941362567). Aunque dormir también puede hacerse en esta localidad o en alguna casa rural de otros pueblitos, no es mala idea desviarse un poco y hacerlo en Briñas (a 30 kilómetros, junto a Haro y el Ebro). Allí está la Hospedería Señorío de Briñas, un palacete de piedra en el que la planta baja está llena de antigüedades y cada habitación es diferente. Travesía de la Calle Real, 3 (941304224).

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