Pantarra, aislado entre barrancos

Rutas de montaña: Pantarra (923 m.)

Rutas de montaña: Pantarra (923 m.)

Travesía circular por el sendero de Villamartín entre Butrera y su espectacular iglesia románica y Linares

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

Entre la Merindad de Sotoscueva y la de Villarcayo se extiende un laberinto de valles coronados por montañas apenas visitadas y con los caminos perdidos. En sus faldas se esconden pueblos donde el tiempo se ha detenido. Algunos están casi despoblados, pero todos merecen una visita. Uno de estos es Butrera, población medieval junto al río Trema. Se llega desde Sotoscueva por una carretera estrecha, pero en buen estado.

La explanada de la iglesia parroquial de Nª Señora de Septiembre es un buen lugar para aparcar. El pueblo queda a la izquierda. De frente, cubierta de encinas y robles, se aprecia la estribación del Pantarra o La Sierra, como es conocido en la zona. Caminamos hacia Butrera por un camino asfaltado y en cuesta. La población es pequeña. Madoz en su Diccionario Geográfico cuenta que «forman la población veinte casas de un solo piso bajo distribuidas en varias calles poco aseadas y sin empedrar. También hay una buena fuente de aguas cristalinas». El pueblo ha prosperado. Las casas están restauradas y la fuente-abrevadero mana bajo una tapia. Hay otra diferencia: entonces había 7 vecinos, 26 almas y muchas bestias. Ahora quedan menos de diez habitantes censados.

HITOS

Pantarra:
923 m. UTM: 30T X.450273 Y.4761702
Cómo llegar:
Espinosa de los Monteros. C- 6318. BU-562 desvío a Butrera
Cartografía:
Espinosa de los Monteros 84-IV 1:25.000.

INFORMACIÓN MIDE

Horario:
3h.30’ (1h.40’ de ascensión al Pantarra).
Distancia:
12,6 km.
Desnivel positivo:
615 m.
Severidad del medio:
2
Dificultad orientación:
2
Dificultad del terreno:
3
Esfuerzo necesario:
3

Subimos por la Calle Real hasta lo más alto de la población (0h.05’). Señales del PR BU-34 que viene de Villamartín. Bifurcación donde un poste informa que a Linares hay 4,120 km. Comienza la Vuelta al Pantarra. Seguimos la pista de la derecha. Es un camino parcelario que llanea entre piezas de cereal; barbechos crecidos de enebros y brezo y bosquetes de encinas y rebollos.

La marcha se alarga. En frente, lejos, destaca el cresterío del Nevero. Al rato, la pintura del PR nos desvía a la izquierda (0h.50’). La pista se vuelve senda en un paso de ganado entre encinas. Al otro lado comienza el tramo más duro de la marcha. El camino traza curvas por una pendiente dura, encarada al norte y sombreada en invierno. Con hielo o nieve es un problema. Tras un esfuerzo exigente pisamos la roca y, unos metros más arriba, el portillo (1h.10’). Es un paso natural en la peña ampliado por los vecinos de Linares. Hasta después de la guerra bajaban por allí al mercado de Espinosa de los Monteros.

El monte está cerrado por carrascos, enebros y rosales. Es salvaje, terreno de jabalíes, un animal que Madoz ni cita. Sí lo hace de los zorros, lobos y osos que entonces (año 1835) abundaban en la zona. La cima del Pantarra queda a la izquierda (O). Está protegida por un bosque cerrado que se surca por un sendero desbrozado en el encinar. No hay pinturas ni hitos, pero el camino es evidente. Ramas cortadas y tocones jalonan la ruta que sigue la loma, algunas veces pegada al precipicio. Desde una prominencia, el panorama se abre. La cima destaca de frente.

Otro corto repecho y pisamos la cumbre del Pantarra (1h.40’). Está señalada por un vértice geodésico oculto entre la maleza y difícil de localizar. El GPS puede ser práctico. Las vistas son ahora nulas, pero debieron ser magníficas cuando colocaron el vértice.

Volvemos al portillo de Linares por la senda de subida (2h.10’). Otra trocha sube por la derecha. Lleva a un promontorio menor sin vistas y hasta la carretera a Linares.

El descenso por el camino del encinar termina en la entrada de Linares (2h.30’). Un panel del PR señala 3.750 m a Butrera. Visitamos el pueblo, espacioso y con buenas casas que se anima los fines de semana, y la iglesia de San Juan, pequeña, románica pero muy restaurada. A sus pies mana la fuente-abrevadero, buena obra de piedra de inicios del siglo XX.

La pista de vuelta a Butrera llanea entre la ladera del Pantarra y campos de cereal .Llega a un paso bajo unos robles (3h.00’). Luego pierde altura. Bajada pendiente por una vaguada sombría, reforestada con pinos. Vemos rastros de jabalí y de zorro. Entrada a Butrera (3h.35’). Fuente y algún perro. También hay un txoko que abre en verano. Más abajo hay otro abrevadero. Pronto llegamos al coche (3h.40’) junto a la iglesia, también conocida como Nuestra Señora de la Antigua. Románica de los siglos XII/XIII, es Monumento Histórico Artístico desde 1983.

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