Balnearios desaparecidos del norte de Álava y las Merindades

Manantial del antiguo balneario de Gayangos./
Manantial del antiguo balneario de Gayangos.

Entre el último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX se extendió por España el interés por los balnearios, muchos de ellos en el norte de Álava y Burgos. Concurridos durante años, no aguantaron la Guerra Civil

IÑIGO MUÑOYERRO

Entre el último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX se extendió por España el interés por los balnearios para aprovechar las propiedades curativas de las aguas. Los clientes se multiplicaron y con ellos los alojamientos para albergar a unos visitantes que además de termalismo buscaban ocio, bienestar y relajación. Surgieron así magníficos hoteles que rivalizaban en comodidades, muchos de ellos en el norte de Álava y Burgos. Concurridos durante años no aguantaron la Guerra Civil (1936-1939). Las penurias y destrozos de aquellos tiempos grises abocó a la mayoría al cierre.

Entre ellos estaban los reconocidos de Zuazo de Cuartango y Sobrón, alaveses, y los más modestos y burgaleses Montejo de Cebas y Fuensanta de Gayangos. Solo continúa en actividad el de Corconte, a orilla del embalse del Ebro, que ha cumplido 100 años de actividad ininterrumpida.

Nada queda del esplendor de aquella ‘Belle époque’. En nuestro deambular por valles, ríos y montañas recorremos edificios arruinados, rehabilitados para otros usos o desaparecidos. Enterrados los recuerdos permanece el paisaje, magnífico. Vertiginoso en Sobrón; rural en Gayangos y Zuazo; encañonado en Montejo y neblinoso, con aire de los Highlands en Corconte.

La fuente negra de Zuazo

Antiguo balneario de Zuazo.
Antiguo balneario de Zuazo.

El balneario alavés de Zuazo de Cuartango (Zuhatsu de Kuartango) fue uno de los más famosos del norte de España. Cita de la buena sociedad de inicios del siglo XX, llegó a recibir entre 1890 y 1900 a 1.000 enfermos y 3.000 usuarios en una temporada corta: del 15 de junio al 15 de septiembre.

La fuente de agua está en la orilla del río Bayas, junto al cauce. Ahora está tapada. Brotaba a 14º y era conocida como ‘la fuente negra’ o ‘la fuente de los huevos lluecos’ por el poso negro residual y su olor sulfuroso a huevos podridos.

A partir de 1890 crece en clientela y fama y se consolidada en el circuito de los tomadores de aguas. Tras décadas de éxito en los años 30 decae. Luego llega la Guerra civil y cierra en 1946. Abandonado amenazaba ruina hasta su restauración por el Ayuntamiento de Kuartango.

El balneario pintado de blanco luce magnífico rodeado de árboles junto a la orilla del río Bayas. Para encontrar las señas de identidad de los viejos buenos tiempos debemos entrar en la sidrería artesanal (Sidrería Kuartango. Teléfono: 699 747730) que ocupa la planta baja y visitar el comedor que ha conservado el espíritu de los años 20.

El desfiladero de Sobrón

Museo del agua de Sobrón.
Museo del agua de Sobrón.

El Ebro se abre paso entre rápidos y cascadas por el desfiladero abierto entre los Montes Obarenes y la Sierra de Árcena. Allí se encontraba el balneario de Sobrón, en Álava. Su prestigio era tan grande que fue llamado el Vichy del Norte por la calidad de alojamiento (el Hotel Blanco) y clientela.

Sus aguas bicarbonatadas procedían de dos manantiales. Uno era conocido como Fuencaliente y brotaba a 20º de temperatura. El otro estaba en la cercana localidad de Soportilla, en Burgos.

Fue un balneario de lujo. Alcanzó su mayor esplendor entre 1880 y 1906, en los que recibe más de 1.200 clientes por temporada. De aquella época data el Puente Blanco, uno de los primeros de España de hormigón y que se llevó la riada del 31 de enero de 2015.

Las ruinas del Puente Blanco
Las ruinas del Puente Blanco

El Hotel Blanco también es de aquella época. Tenía capacidad para 130 personas. El complejo balneario comenzó a decaer en los años 30. Con la llegada de la Guerra Civil el lugar fue utilizado por tropas alemanas e italianas como acuartelamiento. Desde 1950, la Organización Sindical Española utilizó sus instalaciones. Luego pasó a manos de la Diputación de Álava que lo cerró definitivamente.

El Hotel Blanco aguantó en pie hasta 2015 año en el que fue incendiado. Además un plan para restaurar el balneario fracasó después de haber derribado el edificio original.

De aquello queda un armazón de acero que la vegetación trata de ocultar. El visitante paseará por un lugar decadente donde un hotel-restaurante Durtzi (teléfono: 945 359078) nos permite disfrutar de la cocina tradicional. Está especializado en caza, en concreto jabalí. Merece la pena acercarse a Sobrón. Para disfrutar del cañón del Ebro y caminar hasta la presa del embalse y disfrutar del desfiladero.

Montejo de Cebas

Balneario de Montejo de Cebas.
Balneario de Montejo de Cebas.

Montejo de Cebas es un pueblo pequeño, agrícola, próximo a Frías que se agrupa en un llano a orilla del Ebro. Lugar de veraneantes, de antiguo contó con un modesto balneario que ya era citado en el Diccionario de Pascual Madoz (1845) tiene «una fuente llamada de La Salud en cuyas aguas van a bañarse muchos enfermos». Son aguas medicinales que brotan a 19º de una hendidura del terreno a un metro de altura sobre el cauce de Ebro. Estaban indicadas para afecciones del riñón, estómago, hígado y el artritismo.

Manantial del balneario de Montejo.
Manantial del balneario de Montejo.

Un ingeniero apellidado Errasti montó un balneario a finales del siglo XX pensando que iba a ser un negocio. Las instalaciones se reducían a un barracón alargado pegado a la carretera que visita a pie. Está abandonado, envuelto por la hiedra y lleno de basura. Sirve de refugio a los pescadores. Un hilo de agua mana con parsimonia y se vierte en el Ebro. Durante un tiempo el agua se embotellaba y era comercializada en farmacias.

En la misma curva de acceso al balneario hay una casa que fue utilizada como colonia de verano. Está desmantelada. Junto a ella hay una urbanización que no llegó a terminarse. Fue una idea de un empresario vasco que en 2003 trató de resucitarlo. Le falló la financiación y la construcción de un nuevo hotel quedó paralizada.

El balneario de Las Merindades

Antiguo balneario de Gayangos.
Antiguo balneario de Gayangos.

El pueblo de Gayangos, en Las Merindades, tiene el honor de haber contado con el balneario más antiguo de Burgos. Está documentado que en 1834 se fundó allí una casa de baños para aprovechar el agua sulfurosa del manantial Fuensanta que brotaba clara a una temperatura entre 15º y 17º. Estaban indicadas para el mal de orina, erupciones cutáneas, escrofulosis y sífilis, reumatismos y parálisis.

El balneario de Fuensanta comenzó su andadura a finales del siglo XIX y se mantuvo hasta el año 1916, cuando la clientela comenzó a flaquear. Fue el punto de encuentro de la burguesía bilbaína que comenzaba a descubrir las Merindades. Los bañistas llegaban en el tren de la Robla a la estación de Bercedo y de allí se trasladaban en coche de caballos a Gayangos.

Era un precioso edificio de la ‘Belle Epoque’ que la Guerra civil apuntilló. Consta que cuando se produjo el alzamiento del 18 de julio el balneario estaba funcionando. Para su infortunio, entre 1938 y 1945 fue sanatorio de tuberculosos. 130 de estos enfermos fallecieron y fueron enterrados en un lugar desconocido.

Tras la guerra tuvo que cerrar. Nadie estaba dispuesto a pernoctar en un lugar infectado por el bacilo de la tuberculosis y cerró. El edificio aguantó de pie hasta la nevada del año 2015 que lo derribó.

Camino de Villarcayo merece la pena parar en Gayangos. Las ruinas del balneario poco tienen que ofrecer, pero en el alto está el mirador ornitológico de las lagunas de Antuzano. Espectaculares en cualquier época del año.

Vista de las lagunas de Gayangos.
Vista de las lagunas de Gayangos.

En Gayangos hay tres tabernas que tienen merecida fama. Son Taberna Los Lagos; La Becada y Bar Hermanos Pando. Conclusión. Siempre nos quedará Corconte.

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