Una de romanos

Escultura que recuerda las explotaciones mineras en la comarca de Oiartzun.
Escultura que recuerda las explotaciones mineras en la comarca de Oiartzun. / ARIZMENDI

El glorioso pasado de Roma y una visita a una explotación minera se rematan con un menú de sidrería en una de las comarcas menos visitadas de Gipuzkoa

IRATXE LÓPEZ

A todo el mundo le gustan las visitas completas, sobre todo cuando acaban en buena comida. Los vascos somos muy propensos a unir cultura con gastronomía. En realidad, somos muy aficionados a unir cualquier actividad con el buen yantar. En este caso, la cita mezcla romanos, minas y sidrería, un cóctel curioso que, a pesar de la extraña primera impresión, combina perfectamente. Rematado con sombrillita de papel, un tren turístico que adorna la experiencia.

OIASSO TOUR. IRUN

Cuándo
Todo el año (salvo lunes) a las 11.00 horas En julio: miércoles, viernes y domingos a las 11.00. En agosto: jueves viernes y sábado a las 11.00.
Grupo mínimo
10 personas
Duración
3 horas
Precio
34 € adultos, 19 € niños de 6 a 14 años, menores de 5 años gratis.
Información y reservas
943639353 (con 48 h. de antelación).
Recomendaciones
Es importante contar con transporte propio ya que el tren turístico deja en la sidrería y el regreso a Irun debe hacerse en coche.

Se trata del Oiasso Tour, y el museo de mismo nombre se impone como primera parada. Entre sus muros la arqueología despliega encanto, mostrando al público los restos que el Imperio Romano dejó en la ciudad de Oiasso, dentro del casco antiguo de Irun. Diversos espacios explican el impacto de su organizada presencia entre los nativos. La rutina de esa población durante los siglos I y II en el Golfo de Bizkaia. El dinamismo del asentamiento, que se extendía entre doce y quince hectáreas con un puerto activo especialmente del año 70 al 200. Las explotaciones cercanas, de plata y cobre, en Aiako Harria.

El tren minero transporta a los visitantes durante la ruta. / FLOREN PORTU

Necrópolis en la ermita de Santa Elena –con más de cien urnas de cremación–, fondeadero para resguardar las naves al pie del Cabo de Higuer en Hondarribia, puente por el que cruzar el Bidasoa y termas en la ciudad –localizadas en el solar trasero del museo– completan las infraestructuras de aquel mundo que ha donado al nuestro formas de hacer y colecciones de objetos. Además de los vestigios de una ciudad vascona del litoral con buen nivel de vida, mencionada en escritos de autores como Estrabón, Plinio o Ptolomeo.

Conquistadores pacíficos

Gracias a estas huellas, y a la interesante visita, hoy día sabemos que la llegada de los romanos a Gipuzkoa, aproximadamente en el 80 antes de Cristo, no produjo enfrentamientos contra sus antiguos habitantes, vascones, caristios y várdulos. Que desde el puerto se importaban productos, como una vajilla de mesa en terra sigillata presente dentro de una vitrina, y en sus barcos pescaban con red, anzuelos y retel. Que los habitantes consumían productos típicamente romanos, trigo, aceite, vino, frutas frescas o secas, verduras, pescado, marisco y ostras, parte de ellos importados y parte producidos localmente; además del producto local estrella, el cerdo. Que utilizaban calzado de cuero, vestían tejidos naturales, se adornaban con joyas, cuidaban su cabello y les encantaban los juegos de azar. Que el herrero de la calle Beraketa guardó, a mediados del siglo I, un lote de clavos y tachuelas en una vasija de cerámica junto a la que encontraron yunques claveros y una lima. Que los mineros herían la tierra e iluminaban la oscuridad gracias a lucernas. Y que Helios, Isis, Marte y Minerva se encontraban entre las deidades elegidas para sus peticiones.

Tras el empacho de sabiduría, aprehendidos datos sin esfuerzo durante un paseo comentado por el edificio, toca trasladarse en el tren turístico hasta el entorno minero de Irugurutzeta, para aplicar in situ parte de lo observado. El guía acompaña al grupo a la mina, al silo y a los hornos de calcinación propios de la época industrial. Es hora de colocarse el casco y empuñar la linterna para descubrir esta sección del macizo de las Peñas de Aia, el más antiguo de Euskadi, de cuyas entrañas los humanos decidieron aprovechar el mineral, fuente de ingresos para distintas generaciones.

RECOMENDACIONES. Dónde comer

Orrua
Aunque todo el mundo recomienda sus hamburguesas y los nachos con queso, guacamole y pico de gallo, también son especialistas en raciones. (C/ Mayor, 2, Irun. 943245587).
Bar Manolo
Quienes adoren los pintxos clásicos deben pasar por este establecimiento de ambiente medieval, con muchos años a sus espaladas. (C/ Mayor, 13, Irun. 943621195).

Su batolito granítico nació tras el enfriamiento del magma incandescente que ascendería hacia la corteza terrestre hace más de 250 millones de años. Plata, zinc y hierro, entre otros, afloraron para su aprovechamiento durante siglos, aunque la mayor actividad minera tuvo lugar a comienzos del siglo XX en los montes de Irun. Meazuri, Meagorri, Aitzondo y Basakaitz fueron las galerías más explotadas. Desde allí, convoyes de vagonetas repletos de carbonato de hierro viajaban sobre vías de ferrocarril o calderos trasladados mediante un tendido aéreo de cables hasta los hornos para ser convertirlos en óxido y aumentar así su calidad.

Niños y adultos en la mina. / F. DE LA HERA

Pensar en tanto trabajo da hambre. Por eso, tras las dos excursiones, llega la hora de subirse de nuevo al tren y acudir a comer a la sidrería Ola. ¿Menú?, el típico, por supuesto. Tortilla de bacalao, bacalao frito, chuleta, queso, membrillo, nueces, café y toda la sidra que cada cual pueda o quiera escanciar, en el caso de los adultos. Tortilla de bacalao o queso, chuleta y postre para los niños. Unido a la sugerencia de conversar con el sidrero sobre el proceso de maduración de la manzana, madre de esta bebida noble que invita al Txotx!

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