El rincón olvidado del Valle de Mena

Vista del Valle de Ayega./
Vista del Valle de Ayega.

Bajo la protección de los Montes de la Peña y la Sierra de Carbonilla Ayega, Artieta, Viérgol y Montiano resisten el éxodo rural. La zona ofrece bosques, amplios prados, torres que fueron de los Velasco y los Salazar y románico primitivo en Ayega

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

El confín oriental del extenso Valle de Mena linda con Bizkaia y Álava y es el más salvaje de la Merindad. La animación de Villasana la capital y su entorno contrastan con el silencio de una zona de lomas, barrancos, prados y bosques de encinas y robles donde el éxodo rural ha pasado como un rodillo.

Bajo la sombra de los montes de la Peña y la Sierra Carbonilla varios pueblos: La Azuela, Rio Mena, Ventades, Berrándulez y Opio se han desertizado e invadidos por la yedra se derrumban. Otros sólo reviven en verano. La naturaleza avanza con fuerza, pero el sorprendente Valle de Ayega, Artieta, Viérgol y Montiano resisten.

Información útil

Cómo llegar
A Ayega CL-620, Balmaseda-Artziniega; A-3636 y BU-554 a Artieta, Viérgol, Montiano y Villasana de Mena.
Información
Ayuntamiento de Villasana de Mena Tel: 947 126211
Restaurantes
En Villasana, Mesón El Alfiz Tel: 947141069 y La taberna de Cuatro Tel: 947 141047. En Mercadillo, Mesón Don Pablo Tel: 947 126663 www.valledemena.es

El Valle de Ayega

Una estrecha carretera que viene de Balmaseda entra en el Valle de Mena por Antuñano. Los pinares se abren en el cruce de Ayega ‘una legua corta de ancho y otra de largo’. Precioso valle lindante con Álava y Vizcaya bajo las cimas oscurecidas de encinas de San Bartolomé y San Miguel.

Sus caseríos se reparten en barriadas, entre ellas destaca San Pelayo al fondo de una extensa pradera muy verde que atraviesa la carretera a Orrantia. Por la derecha corre bajo alisos, avellanos y mimbreras, saltarín y crecido el río Ayega.

Al fondo como lleva desde hace cientos de años se alza la poderosa torre-palacio de San Pelayo. Edificio de sillares de piedra, macizo, con muros de 1,10 m de anchura remozado recientemente. Fue edificado en el siglo XIII por Juan López de Salazar, uno de los muchos hijos (las crónicas dicen que 120) de Lope García de Salazar, Señor de Muñatones. También cuentan que ‘Poseía grandes haciendas y cuantiosos bienes y se decía que desde Espinoza a Vitoria no había home que oviese tanto’. Ahora alberga una vivienda con su explotación ganadera.

Románico de San Pelayo

Detrás, entre nogales, se alza la ermita de San Pelayo. De estilo románico se edificó entre los siglos XI y XII sobre los restos de un monasterio del siglo X vinculado al de Bujedo. San Pelayo fue un gallego de 14 años apresado por Abd-al- Rahmán III tras la batalla de Valdejunquera y martirizado en Córdoba en el año 925 al negarse a apostatar.

Ermita de San Pelayo.
Ermita de San Pelayo.

La primera impresión es la de un templo sin estilo. Expoliado amenazaba ruina y fue restaurado hace pocos años. Conserva en la portada los elementos esenciales del románico rural: el tímpano, los capiteles y las columnas. El tímpano es su pieza más valiosa. Las figuras esculpidas en él, entre ellas Sansón, representan la batalla entre el bien y el mal. En el dintel bajo el tímpano aparece la inscripción: ‘ego (s)u(m) pe(l)agiu(s) corduba’. Traducido: ‘Yo soy Pelayo de Córdoba’, en referencia al mártir cordobés. En su interior albergó el panteón de la familia Salazar enemigos jurados de los Velasco de Medina de Pomar.

El éxodo rural se ha cebado en Ayega. El Diccionario de Madoz (1835) dice que tenía 115 vecinos, 300 habitantes y una escuela para 80 niños. También dos parroquias. Ahora son muchos menos. En Ayega hay más casas, algunas buenas, todas antiguas. Muchas están cerradas o son segundas viviendas de vecinos que hace 40 años abandonaron el valle. Con la emigración abandonaron sus fincas de patatas o legumbres y plantaron pinos. Ahora prosperan las explotaciones ganaderas.

La carretera entra en Álava y baja a Artziniega. Camino de Angulo retorna al Valle de Mena. A la derecha un ramal se desvía a Retes de Tudela pueblo en alto con magníficas vistas sobre las sierras Salvada y Carbonilla separadas por el puerto de Angulo. Más allá del embalse de Angostina la ruta llega a un cruce con una explotación ganadera. Salen dos ramales. Uno va a Artieta, el otro a Viérgol.

Artieta y Berrándulez

Artieta es uno de los pueblos más bonitos y mejor cuidados del valle. Se extiende por un alto venteado y luminoso con una vista excepcional del Castro Grande espolón de la sierra de la Carbonilla. La carretera sube entre praderas y vacas hasta un encinar (su significado en euskera). Antes un curioso cartel dice ‘París 955 km’. Un detalle de los vecinos con unos hijos del pueblo que emigraron a la capital francesa. Más arriba sorprende una gran casa cuartel de Guardia Civil ya cerrada.

Entrada Artieta.
Entrada Artieta.

El pueblo carece de casco urbano. Tampoco hay bares y tiendas. Las casas se dispersan entre parterres y jardines rodeados de tapias, muretes de piedra y árboles. Nos husmean perros amistosos y muchos pájaros. En nuestro deambular nos acercamos a la fuente y luego nos detenemos ante varias casonas blasonadas, señoriales, de gran porte. Fueron edificadas en estilo barroco en el siglo XVIII. Conviene recordar que todos los vecinos de Artieta, Viérgol y Berrándulez eran hijodalgos, muchos con el tratamiento de ‘don’. Algunos probaron limpieza de sangre en la Cancillería de Valladolid y otros fueron Caballeros de la Orden de Santiago (siglo XVIII).

La iglesia de San Martín es un gran edificio encalado y bien mantenido, que aparece aislado. El presbítero Luciano Huidobro y Serna cuenta en su informe de 1940, donde evalúa los destrozos de la guerra en el valle, que no ‘contiene arte’. En su tiempo fue un pueblo que vivía del cereal y las ovejas. Ahora se amodorra hasta el verano. Fue el escenario elegido por el director Manuel Gutiérrez Aragón para rodar la película ‘Visionarios’ (año 2001) basada en la novela de Pío Baroja del mismo nombre (1931), que cuenta unas apariciones marianas en el pueblo guipuzcoano de Ezkioga.

A un kilómetro escaso queda Berrandúlez. Está deshabitado. En 1850 era un pueblo de secano que se apiñaba en una hondonada rodeada de monte de encinas, madroños y enebros. Su riqueza era la ganadería, principalmente lanar. El santo del lugar era San Juan y sus patronos San Emeterio y San Celedonio con fiesta el 30 de agosto. En 1894 aún era pujante. El Indicador de la Industria y el Comercio de Burgos le daba 59 habitantes.

Luego comenzó un éxodo que no se detuvo. Antes de la Guerra ya estaba despoblado. En 2012 saltó a la actualidad cuando fue escenario de un espantoso crimen. Hoy la finca ha pasado a otros propietarios que han derribado algunas casas y reconstruido otras con el fin de dedicarlo a coto de caza.

Mirador de Viérgol y Montiano

Del cruce con la BU-552 una carretera estrecha y algo bacheada sube a Viérgol entre pastizales y vacas. A la izquierda queda el despoblado de Ventades. La ruta traza una curva y entramos en el pueblo de pocas pero buenas casas, algunas deshabitadas, que se desparraman por la loma. A diferencia de Artieta, que es residencial es un enclave ganadero. Tractores, galeras, pilas de heno, boñigas y vacas alrededor del abrevadero. También hay perros ladradores y aburridos y gallinas.

Al igual que el resto de los pueblos de este rincón de Mena ha sufrido la mordedura de la despoblación. En los años 50 contaba con 71 habitantes ahora reducidos a menos de 20. Alejada de la población se alza la iglesia de La Virgen de la Merced. Edificio humilde del siglo XVII al borde de un prado, que permite abarcar de una sola mirada los Montes de la Peña y la Sierra de la Carbonilla, con el Castro Grande en el centro. A kilómetro y medio, al otro lado del arroyo Sopeña se encuentra Río de Mena. Despoblado desde 1978 está arruinado e invadido por la vegetación. Cerca del pueblo pasaba una calzada medieval.

De vuelta a la BU-554 vamos hacia el Alto de Ro entre encinas y prados. En el primer desvío queda Montiano, otra aldea afectada por el éxodo rural. Cerca, sobre una loma en el centro de un robledal, hay un grupo de tres túmulos. Fue identificado por don Félix Murga, el párroco arqueólogo de Amurrio. El pùeblo cuenta con buenas casas y varias vaquerías. También con el Agroturismo ‘El Ribero’ (teléfono 609 360080).

Torre de Medianas

Abandonamos este confín de Mena para descender hacia Villasana, capital de la Merindad. Por el camino se puede comprobar la transformación del valle. El Catastro de Ensenada (siglo XVIII) cuenta que las tierras de secano se cultivaban con trigo y cebada. También con almortas que recogían ‘en yerba’ para los bueyes destinados a la labranza. Los tiempos han cambiado. Las fincas se destinan ahora a la ganadería, en muchos casos intensiva. También ha desaparecido casi completamente el cultivo de la vida con el que elaboraban chacolí.

Cerca ya de la CL-629 y Villasana un desvío (derecha) entra en Medianas. Pueblo pequeño, pero bien mantenido donde destacan dos buenas torres. La más antigua, ‘casa solariega e infanzona de las más antiguas y principales que ay en este valle’ es del siglo XIV y perteneció a los Ortiz de Velasco.

Restaurada con esmero es un cuadrado de 11,50 m de lado. El lienzo SW es el más antiguo, quizá del siglo XIII. Tiene una puerta con arco de medio punto; ventanas con molduras y escudos y un acceso de arco apuntado que fue el primitivo acceso por medio de un patín.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos