Las aldeas de Matarraña en Teruel: Puro asombro

El puente medieval enlaza la puerta de San Roque. / Amaia González

Aldeas minúsculas engalanadas con espectaculares monumentos caracterizan esta comarca turolense en la frontera con Castellón y Tarragona

GAIZKA OLEA

El viajero recorre la comarca de Matarraña, en la frontera de Teruel con Castellón y Tarragona, con una sensación creciente de incredulidad y una pregunta que no se va de la mente. ¿Cómo es posible que estas aldeas acumularan a lo largo de los siglos semejante patrimonio arquitectónico? Y en este caso, la palabra "aldea" está más que justificada. Valderrobres, su capital, tiene unos 2.000 habitantes; unos 500 La Fresneda, Peñarroya de Tastavins y Beceite; mil Calaceite; 150 Torre del Compte. En total, unos 9.000 vecinos repartidos en 18 municipios y 933 kilómetros cuadrados, la mitad de Bizkaia, un tercio de Álava. Es un territorio que alterna valles con planicies de cereal y olivos y, hacia el este, escarpadas montañas, los puertos de Beceite, un paraíso natural con senderos que merece la pena recorrer.

Pero si la naturaleza ha sido generosa con la comarca, más lo ha sido la mano del hombre, que ha transformado cada núcleo urbano en un pequeño museo, y el aislamiento ha hecho el resto. La antigua vía de paso desde Aragón al Mediterráneo llenó el territorio de fortalezas que hoy se encuentran en mejor o peor estado de conservación e hizo ricos a sus señores, que alzaron palacios asombrosos, sedes institucionales que cortan la respiración, iglesias descomunales, plazas, puentes o puertas fortificadas. Recorrerla en un par de días es sencillo, pues las distancias son cortas: hay 55 kilómetros de buenas carreteras entre Calaceite, en su extremo norte, y Peñarroya de Tastavins, al sur. Y si tomamos como punto de partida Alcañiz estaremos a unos 50 kilómetros de Valderrobres.

Un paseo por Alcañiz

La villa turolense ha alcanzado fama últimamente entre los aficionados al motor tras la apertura del circuito Motorland, pero su casco urbano, un tanto degradado, dispone de alicientes para una visita. El más llamativo es la fortaleza que domina el pueblo, compuesto por el castillo-convento de los Calatravos y el palacio de los Comendadores del siglo XVIII, transformado en Parador. La orden de los Calatravos tuvo allí una de sus sedes más poderosas y, milagrosamente, han llegado hasta nosotros una serie de fantásticas pinturas murales que, a modo de cómic histórico, narran hechos de armas protagonizados por Jaime el Conquistador. En el centro llaman la atención su Ayuntamiento, del siglo XVI, con sus galerías renacentistas, la lonja medieval y la descomunal iglesia, todas ellas situadas en la plaza. Apúntate a las visitas guiadas que te llevarán por la red de galerías subterráneas que recorrían la parte antigua de la villa, aunque sólo están abiertos algunos tramos, y a la nevera horadada para conservar el hielo.

La ruta de las cárceles

Este municipio nos sirve para arrancar la ruta y es un anticipo de lo que nos espera durante el viaje. El puente del siglo XIV sobre el Matarraña da acceso al antiguo recinto amurallado a través de una puerta fortificada. Sus tortuosas y muy empinadas calles conducen desde la plaza de España, con sus casonas y La Fonda (de la que dicen que es uno de los alojamientos y restaurantes más antiguos de España aún en activo), hasta la iglesia gótica de Santa María la Mayor, que se funde con el castillo construido entre los siglos XII y XIV.

También encontraremos cuestas en La Fresneda, cuya degradada fortaleza custodia las vías de paso desde un observatorio incomparable. Subir hasta el alto no es imprescindible, basta con callejear hasta desembocar en su Plaza Mayor, de planta triangular y presidido por el Ayuntamiento gótico-renacentista, cuyo esplendor no minimiza el valor de sus muchas casas solariegas. Como otras aldeas de la comarca, La Fresneda forma parte de la ruta de las cárceles, pues muchos pueblos disponían de celdas para encerrar a los malhechores, espacios lúgubres, casi siempre subterráneos y sin ventilación, a los que se accedía a través de un pozo por el que se descolgaba al reo.

Seguimos ruta hacia Calaceite, al norte, para buscar la calle Maella, una de las más significativas del núcleo histórico por lo señorial de la arquitectura de sus edificios. Sus casas solariegas construidas en piedra están decoradas con balcones de forja, escudos... El Ayuntamiento merece también un vistazo, como la plaza donde antes se celebraba el mercado y que, para ello, conserva grabada una medida equivalente a una vara (771 milímetros) para evitar pleitos entre comerciantes y clientes. Muy cerca se alza el pueblo de Cretas, con sus puertas, sus casas, su plaza y su picota.

Ayuntamiento y lonja medieval de Alcañiz, Portada barroca y Sendero junto al río en El Parrizal. / AMAIA GONZÁLEZ

Hora de pasear

Si nos hemos cansado de ver tanto monumento nos llegaremos hasta Beceite, perdida entre montes, para recorrer el espacio natural del Parrizal, que cuenta con un sendero de unos 11 kilómetros, con un primer tramo cómodo al borde del río y el resto, algo más complicado pero más espectacular entre farallones de roca. Cerca del lugar donde dejamos el coche es posible acceder a un refugio protegido por rejas que alberga pinturas rupestres, englobadas en el conjunto diseminado por toda la franja mediterránea y acreedora del título de Patrimonio de la Humanidad.

Y para rematar la visita nos dirigiremos hasta Peñarroya de Tastavins, casi en la frontera de Castellón, cuyo interesante casco urbano queda oscurecido por la presencia cercana del santuario de la Virgen de la Fuente, datado en 1341. El templo es una joya del gótico mudéjar en la que destaca la cubierta de madera (parecida, pero algo más modesta, a la que deslumbra en la catedral de Teruel), ejemplo de la carpintería mudéjar aragonesa decorada con motivos heráldicos y expresivos rostros humanos.

Recomendaciones

Dónde comer:
La Fonda, situada junto al Ayuntamiento, en la plaza de Valderrobres, ofrece menús contundentes a precios más que asequibles en una de las posadas más antiguas y aún en activo de España. Sus habitaciones, orientadas hacia el río, ofrecen estupendas vistas. 56/60 euros en temporada alta (978850106. www.fondalaplaza.es).
Dónde dormir:
Si quieres un alojamiento como menos singular, a 10 kilómetros de Valderrobres se alza Mas de Bunyol, un mirador a la sierra y... un observatorio para ver buitres. Se accede a la vivienda por una pista rural que cruza un túnel para minimizar el impacto de los coches. Habitación doble: 93 euros en temporada alta. (677174845. www.masdebunyol.com).

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