Paseo otoñal por el campo de Gibraltar

El peñón desde la frontera./I. MUÑOYERRO
El peñón desde la frontera. / I. MUÑOYERRO

El Peñón, capital británica de la comarca más al sur de España Castellar de la Frontera, fortaleza morisca en el Parque de Alcornocales Palmones, aldea marinera y playa en la bahía de Algeciras

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

El turismo y el calor menguan en estas fechas otoñales y brindan la magnífica oportunidad de abandonar el refugio de la Costa del Sol y visitar otras zonas próximas el vecino Campo de Gibraltar. Mar y montaña en una misma comarca. Bosque y naturaleza salvaje en el Parque Natural de Alcornocales. También la fortaleza de Castellar de la Frontera, una atalaya inédita desde donde los moriscos oteaban el estrecho y la costa africana. Playas, marismas, reservas ornitológicas y cocina marinera en el desconocido Palmones y para terminar una escapada a Gibraltar, el pasado más colonial el imperio británico.

Datos de interés

Cómo llegar
Castellar de la Frontera. AP-67 peaje (salida 130) luego A-2100. Palmones. De Castellar CA-9207 a A-7. Luego salida 122 a Palmones. Gibraltar. En San Roque, CA-34 a La Línea.
Castillo de Castellar Viejo
Oficina de Turismo. Teléfono 956 23 68 87
Web
www.gibraltarinfo.gi

Castellar de la Frontera Viejo es una atalaya que destaca sobre la masa forestal del Parque de Alcornocales en la comarca gaditana del Campo de Gibraltar. Un recinto amurallado que no ha cambiado desde su fundación allá por el año 1.300.

A pesar de su proximidad de la Costa del Sol (69 km de Marbella) Castellar mantiene un relativo aislamiento, alejado del trasiego de los pueblos costeros. Es un destino exclusivo e incomparable. Un pueblo morisco de callejuelas encaladas; arriates y macetas; buganvillas y jazmines colgantes, donde pasean descansan y cazan muchos y tranquilos gatos.

Venimos de la Costa por Guadiaro. Antes de dirigirnos al Castillo la carretera pasa por Castellar Nuevo. Nuevo porque su construcción no terminó hasta 1971. Fue una decisión del Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario del Campo de Gibraltar que en 1968 expropió 700 hectáreas de terreno a la empresa La Almoraima S.A. procesadora de corcho, principal ocupación laboral del pueblo.

Vista del castillo de Castellar.
Vista del castillo de Castellar. / I- MUÑOYERRO

El pueblo nuevo es amplio, luminoso, florido y poco más. Ayuntamiento, bares, restaurantes y comercios. Tras pasar por La Almoraima y su estación de tren la carretera trepa hasta el castillo.

Atalaya del estrecho

‘Encaramado sobre una peña y vigilante del estrecho’, lo describió un poeta local. Estacionamos alrededor del Centro de Información y entramos en el recinto amurallado por la puerta del Alcázar. El pueblo es pequeño y fácil de recorrer. En realidad se reduce a dos callejas adoquinadas con varios callejones. El hotel El Castillo (Tel: 956 693150) ocupa lo que fue la fortaleza. Además esta misma empresa ha convertido nueve casas en alojamientos rurales. Al margen del hotel podemos callejear hasta la iglesia, modesta, advocada al Divino Salvador; visitar un par de tiendas que fabrican artesanía y cenar o comer en los restaurantes El Aljibe (Tel: 956 693150) y Eco Tapería El Cortijo (Tel: 671 275425). Recetas de venado y jabalí y productos de la zona. También el vino.

Desde la terraza del Alcázar se divisan el Peñón de Gibraltar; la silueta de la costa africana y la serranía de Málaga, además del alcornocal, inmenso, considerado la última selva del mediterráneo.

En el Centro de Información se puede contratar una visita guiada que pueden visitar espacios cerrados al público como el aljibe y un retal de la muralla con unas panorámicas espectaculares.

En estas fechas otoñales señalar que desde la terraza se escucha la berrea. Los bramidos de los venados durante la época de celo. Uno de los espectáculos más vibrantes del mundo animal.

Camino de Palmones

Desde los 248 m del castillo se divisa con nitidez el Peñón. Hubiera sido una buena capital para el Campo de Gibraltar. Hacia allí vamos. La comarcal CA-9207 pasa junto a una factoría transformadora de la corteza del alcornoque. En frente está Venta La Cantina (Tel: 656 693202) ideal para almorzar. Ambiente rural y clientela ecléctica formada por guardabosques, corcheros y turistas. Productos de temporada como setas, espárragos y tagarninas. Guisotes de caza y cabrito. Venta de miel.

Una vez en la A-7, a la altura de Los Barrios, nos desviamos (salida 122) a la aldea marinera de Palmones. La carretera recorre una zona industrial degradada por una central térmica y el puerto de Acerinox.

Palmones, pedanía de Los Barrios, es un descubrimiento. Ocupa desembocadura del río del mismo nombre y cuenta con un paraje natural protegido ‘Las Marismas del Río Palmones’, un humedal estratégico en la migración de aves a través del Estrecho de Gibraltar.

El paseo marítimo donde varan las barcas pesqueras y la alargada playa de arena brillante se encaran al Peñón, al otro lado de la bahía de Algeciras. Con tiempo se pueden recorrer las excavaciones de la ciudad romana de Carteia. También es plaza para degustar comida marinera. Muchos y buenos restaurantes. Caros.

Palacio del gobernador.
Palacio del gobernador. / I. MUÑOYERRO

La mole de El Peñón, ‘The Rock’, que vemos al otro lado nos atrae. Allí terminará la tournée por el Campo de Gibraltar.

La frontera del Brexit

Llegamos a La Línea en coche. Pasar a pie la frontera es la manera más rápida de entrar en la colonia. Buscamos aparcamiento. Al aire libre (zona azul) o en el estacionamiento subterráneo aledaño a la frontera. Más cómodo lo segundo. Algo caro pero más seguro y además evita el acoso de los ‘aparcacoches’.

Cruzar en coche sólo merece la pena para llenar el depósito. Los combustibles son un 20% más baratos que en España. Nos pueden disuadir las colas que se forman frente a la aduana.

Caminamos hasta ‘la verja’. Allí nos puede sorprender el nuevo sistema de control de viajeros. La Policía nacional y luego la británica comprueban en tiempo real identidades mediante 15 cámaras de alta resolución en el paso de personas y 17 para identificación de matrículas en el paso de vehículos. Hay que colocarse frente a una cámara, introducir el carnet de identidad, etc. Engorroso. El atasco está asegurado entre las 7.30 y las 9.30 de la mañana, cuando se registra el movimiento de unas 13.000 personas, trabajadores españoles en su mayoría. Mejor llegar más tarde.

Una vez al otro lado a autobús al centro (1 euro), pero es más práctico hacerlo caminando. 20/25 minutos de marcha que nos permitirán pasar junto a un supermercado donde sólo venden tabaco y alcohol. Allí, a la luz del día y a la cara se aprovisionan los ‘pasadores’.

El magnífico Peñón rompe el cielo mientras caminamos por la pista del aeropuerto. El tráfico aéreo es intenso y resulta curioso comprobar como cada pocos minutos suena la sirena que anuncia la entrada de un avión. Entonces bajan las barreras y con altavoces apremian a los caminantes.

Comercio y bullicio en Main Street

La hilera de visitantes nos guía por el túnel de Landport hasta Casamates Square (la plaza de las casamatas), en el centro. Es un amplio espacio lleno de mesas y sillas. Ideal para tomar una caña (pinta) o un refresco. El ambiente es animado con músicos, payasos y algún hippie desfasado. Una de las curiosas cabinas rojas de teléfono típicamente inglesas ocupa un córner.

Allí empieza Main Street (Calle Principal). Larga, sin tráfico y protegida con bloque de hormigón para evitar atentados jihadistas. Una calle preciosa flanqueada por edificios de dos plantas de estilo veneciano colapsada de turistas y que recorremos despacio, con curiosidad, comprobando precios. Predominan las joyerías y las relojerías propiedad de judíos e hindúes. También tiendas de teléfonos y artículos electrónicos; perfumes y cremas y gafas. En este tipo de establecimientos sí que hay diferencia de precios respecto a España. Comprar alcohol es una tontería. Resulta más caro que al otro lado de la frontera.

En este otoño se ven caras tristes. Los comerciantes aseguran que las ventas han caído en picado. Las causas que aducen son la crisis española y la depreciación de la libra. También se quejan amargamente del Brexit. Un 95% de los ‘llanitos’ votó en contra de la salida del Mercado único, pero muy a su pesar también les está afectando de lleno.

El tabaco es una historia diferente. Sí que es bastante más barato, pero en la frontera la Guardia civil es estricta en cuanto al número de cajetillas que se pueden pasar. El turista tiende a comprar Malboro y Winston, pero las marcas más vendidas son Ducal, elaborado en Luxemburgo, y el griego American Legend, Son los ‘top ventas’ del circuito ilegal del tabaco de la Costa del Sol.

Trafalgar y los monos

En el centro de Main Street se abre la plaza John Mackintosh con el Ayuntamiento; el museo del Hombre de Neanderthal y la King’s Chapel. Y un poco más adelante visitamos la catedral católica donde veneran a Santa María Coronada y San Bernardo, patrones de la Colonia.

Catedral de Santa María.
Catedral de Santa María. / I. MUÑOYERRO

Entre comercios y algún pub pasamos junto a The Covent (palacio del Gobernador). Los curiosos fotografían a la guardia. Y ya al final, donde Main Street cambia de nombre, están la estatua del almirante Horacio Nelson y el Trafalgar Cimetery, donde fueron enterrados los marinos fallecidos en 1805, en la batalla naval de mismo nombre. El parque es recoleto, sombreado y tranquilo. Las lápidas descuidadas y mohosas aparecen bajo grandes árboles. Ideal para desconectar.

Hasta aquí bajan los monos, la ‘Macaca sylvanus’ o mona rabona, animal tótem del Peñón. Hay unos 300 repartidos en varios grupos familiares. Los turistas con tiempo suben a verlos (teleférico o taxibus) a los riscos de la Reserva. Son animales de cuidado, irascibles, agresivos y sucios. Además de ladrones. Alimentarlos está prohibido y multado por ley.

Para subir a la Reserva son aconsejables los ‘taxi tours’. Un vehículo con capacidad para seis viajeros que ofrece una vuelta (hora y media) por 30 euros persona. Los chóferes son ‘llanitos’ con acento andaluz cerrado. Simpáticos con buena conversación. El teleférico o Cable Car es algo más barato, pero requiere buenas piernas.

Tras recorrer el centro urbano, donde se encuentran la mayoría de los lugares más importantes que visitar nos habrá entrado hambre. En Main Street hay varios pub a nuestra disposición. Nombres sonoros como The Royal Calpe; The Horse Shoe, The Angry Friar, etc. fachadas vistosas y poca cocina. La comida no es el fuerte del Peñón. El circuito turístico ofrece hamburguesas; salchichas; ensaladas desabridas y poco más. Además los precios son caros. Una pinta cuesta 3.30 libras; un botellín de agua 1,05, etc. Admiten pagos en euros.

Con nuestras compras a cuestas encaramos hacia la pista de aterrizaje y la frontera. Detrás se recorta la silueta del Peñón, emblema de la bahía de Algeciras y del Campo de Gibraltar.

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