Puy du Fou, el parque temático de la historia

Carrera de cuádrigas en el circo./Reportaje fotográfico: Puy du Fou
Carrera de cuádrigas en el circo. / Reportaje fotográfico: Puy du Fou

Un apabullante despliegue de actores y medios técnicos dramatiza episodios que van desde la era romana hasta la I Guerra Mundial

ELENA SIERRA

Suena la melodía de una cajita de música, con ese toque un poco metálico y mecánico. Suena, y es el tipo de detalle que confirma que en el parque Puy du Fou nada se ha dejado de tener en cuenta, todo tiene su porqué y se cuida hasta lo más pequeño. Y es que la melodía suena bajo tierra, en una trinchera de la Primera Guerra Mundial, en un lugar oscuro, sucio, triste, donde es posible que la esperanza no haya residido nunca. O sí, espera, tal vez sí, porque aquí, en algún momento de esos 15 minutos que dura el paseo por ese pedacito de la Historia, se nos cuenta que llega la tregua de Navidad de 1916 a Verdún. Al horror de los bombazos, el tembleque de la tierra, los derrumbes, los hombres apiñados leyendo las cartas de casa o escribiendo algo bonito para mandar a sus seres queridos, los heridos, la preparación de una sopa sin nutrientes, los recovecos de telarañas y miedo, las ruinas de Europa hace cien años.

Así es este parque de atracciones sin atracciones, o sin atracciones tal y como estamos acostumbrados a entender el vocablo. Aquí no hay montañas rusas, ni ese tipo de cosas. Si acaso, algún tíovivo de colorines de estilo clásico. Aquí hay escenografías y espectáculos correspondientes a distintos periodos históricos. El Puy du Fou, en la Vendée (a dos horas de Poitiers, algo más de hora y media de La Rochelle y una de Nantes), mezcla autómatas con personas y con animales, grandes estructuras e ingenios mecánicos con mucho teatro y emoción, música con naturaleza...

Información básica

Cómo llegar
: el complejo se encuentra a 500 kilómetros de Irun, en la región del Loira
Entradas Parque
: desde 27 €. Cinéscénie: desde 28 €. Entrada conjunta: desde 56 €.
Web
www.puydufou.com

Y todo ello contribuye a que las representaciones que se ofrecen durante todo el día dejen en la cabeza de los visitantes alguna idea de la vida en épocas pasadas. Los visitantes, por cierto, son muchísimos: 2,3 millones de espectadores durante los ocho meses en que permanece abierto e incluso en esa temporada de actividad no abre a diario. La afluencia es tal que han decidido ampliar la temporada este año en casi un mes. Desde mediados de junio hasta finales de agosto, época de mejor tiempo y más turistas, está todo abierto.

Las góndolas surcan el lago durante el espectáculo nocturno. A continuación, puesta en escena de 'Los enamorados de Verdún'. Finalmente, representación de una escena de la Tabla Redonda

'Todo' quiere decir que el gran espectáculo nocturno de la Cinéscénie se pone en marcha. Y no es cosa fácil: participan casi 4.000 personas. Voluntarias, por cierto. La Cinéscénie es el germen de este parque temático. Fue con esa representación de la vida en la Vendée y la guerra contra la Francia revolucionaria, la que dio origen a todo lo demás. Lo de este sitio parece imposible por estos lares. Veamos: los habitantes de la zona no se sumaron a la Revolución francesa y se rebelaron contra los cambios.

Circo romano

En un (extraño) juicio en París, el Terror decidió que había que arrasar los campos, las poblaciones y las vidas. Y se hizo. En 1793 fueron asesinadas unas 300.000 personas. Eso es el punto culminante del espectáculo. Se caen las lágrimas, en serio. Las luces, la música, todas esas gentes corriendo por la campiña para hacer frente al enemigo... Es terrible lo que se conmemora. Pero se hace muy bien. Esta idea del Terror masacrando a los vecinos de la comarca sirve para algún montaje más del parque, Francia tiene estos misterios. Pero antes de hacer referencia a él, hay que fijarse en el castillo que hay al fondo de la historia de la Cinéscénie y del Puy du Fou. En 1977, el político de derechas francés Philipe de Villiers encontró los restos del castillo y al año siguiente ya hicieron la primera representación, con una asociación creada para ello. Participaron 600 voluntarios 'puyfolais' y la vieron 80.000 personas.

El éxito creció de tal manera que comenzaron a construir a su alrededor el Grand Parc, el parque temático que puede visitarse durante el día con su veintena de espacios que abarcan desde la época romana hasta los comienzos del siglo XX. Todo está financiado con los beneficios de la temporada y la gestora sigue siendo una asociación.

Visitantes recorren la réplica de un poblado medieval.
Visitantes recorren la réplica de un poblado medieval.

El circo romano, que tiene una de las atracciones más aclamadas, muestra la rebelión de los galos contra la ocupación con combate de gladiadores, carreras de cuadrigas y hasta leones (e historia de amor, claro). En otro poblado los que atacan son los vikingos, que perturban la alegría y la paz de la campiña, aunque les dan su merecido entre acrobacias y fuentes de fuego. Hay un momento para ver bailar a las águilas, los halcones, los buitres y las lechuzas en torno a un castillo fortificado gracias a la magia de Aliénor y Eloïse; las aves pasan por encima de los espectadores y se posan al lado.

Sin reparar en gastos

A cubierto, se puede hacer una visita por las entrañas del castillo de Puy du Fou o pasarse por un teatro cuyas tablas se cubren de agua para ver un baile flamenco, una de mosqueteros reúne a la gitanilla Serafina y Bouton d'Or. Y se debe, se debe, entrar a ver 'Le dernier panache', que es el mayor espectáculo de todos y vuelve a hacer referencia a la masacre de 1793. Aquí se utiliza toda la artillería mecánica, musical y teatral para representar las andanzas de un oficial de la marina francesa hasta su muerte. El escenario, en realidad, está construido a distintas alturas y se mueve, o se mueven las butacas, para que el espectador entre de lleno en el drama, saltando de cuadro viviente a cuadro viviente. Eso sí, hay que organizarse muy bien con los horarios de los pases -y tener en cuenta las colas, el aforo es limitado- para no perderse ni uno. Lo mejor es quedarse un par de días.

Por todo el parque hay jardines y bosques, pueblitos de distintas épocas en los que comprar artesanía local o ver a los animales o disfrutar de algún otro montaje, y locales para parar a comer sin salir de la ambientación histórica. En la villa del siglo XIX, por ejemplo, se puede almorzar en un restaurante con vidrieras Art Decó, y en La Mijoterie du Roy Henry hacerlo como en un comedor de la época de Enrique IV. Para dormir, lo mismo: un campamento de Enrique VIII y Francisco I, con sus tiendas de colores y sus camas con dosel; una fortaleza medieval, en La Citadelle, o unas cabañas sobre el agua que recrean las de los albores de la Edad Media...

Puy du Fou tiene espectáculos en otros lugares del mundo y anuncia un parque similar a este en Toledo en unos años, ya están en ello. La razón, la Historia. Otra cosa es que aquí se pueda interpretar, en todos los sentidos, con tanto éxito como en la Vendée.

Muy cerca

A un par de horas de Puy du Fou hay varias ciudades de renombre (y hay que añadir en ese radio de acción otro parque famoso, el de Futuroscope, cerca de Poitiers) pero para completar la experiencia visita La Rochelle, villa atlántica que nació como pueblo de pescadores y tiene sus buenos mil años de historia como uno de los puertos más importantes de Francia. De hecho, tiene hasta cuatro puertos, unas cuantas torres defensivas, un ayuntamiento de estilo renacentista, un acuario, callecitas medievales, un búnker reconvertido en museo... y un puente de casi tres kilómetros de largo que conduce a la isla de Re, con sus diez tranquilas aldeas, sus playas blancas y el microclima. Aquí el transporte más utilizado es la bicicleta, hay cien kilómetros de carril bici. La Rochelle es, además, tierra de ostras, de modo que si disfrutas con esta delicia del mar, estás en el lugar adecuado.

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