El país de los akelarres

El dolmen de la chabola de la hechicera se alza entre viñas entre Laguardia y Elvillar./RUBÉN RUIZ
El dolmen de la chabola de la hechicera se alza entre viñas entre Laguardia y Elvillar. / RUBÉN RUIZ

En vísperas del día de difuntos, recorremos el País Vasco tras la pista del diablo y sus seguidores, un camino en el que se mezclan leyendas, hechos ciertos, miedo y represión

IRATXE LÓPEZ

Halloween es una celebración fundamentalmente anglosajona, pero sus raíces son ancestrales, un festejo secular ligado a las fiestas celtas del fin de verano. Fiestas de hogueras, noche de brujas... Euskadi tiene su historia ligada al fuego y los akelarres. «María de Arce contaba solo diecisiete primaveras. Obediente, influenciable, vivía en las Encartaciones cuando fue iniciada en la brujería por una vieja de nombre María Torres. Una noche, su maestra la untó de ungüento para encomendar su alma al diablo. Catalina Fernández de Lecea conoció carnalmente a brujos y brujas, clérigos y legos. Otras mujeres parieron sapos concebidos por el diablo durante esas misas negras. García de Gortegui, vecino de Fuenterrabía de origen francés, tomó sidra incitado por su maestra. Era el preludio de un viaje hasta el akelarre donde le convirtieron en brujo. En la misma localidad, Gracia de Berrotarán, de quince años, denunció a cincuenta y tres personas por participar en este tipo de reuniones e Isabela de Gijón, de once, solo pudo nombrar a nueve, pues andaban con las caras cubiertas».

Los testimonios no forman parte de un ejercicio de literatura. Figuran en documentos reales sobre procesos y entrevistas que tuvieron lugar dentro de tierras vascas. La persecución de la brujería en Europa durante la Edad Moderna afectó a la cordillera pirenaica, especialmente a la montaña de Navarra, estribaciones del Pirineo atlántico y Cantábrico oriental, teniendo fuerte presencia en la geografía vasca. La preocupación de los inquisidores era grande. También lo fueron el número de detenidos y la violencia aplicada. Este reportaje propone conocer tres de los escenarios de aquellas supuestas diabólicas citas, de la mano de Iñaki Reguera, profesor de Historia en la Universidad del País Vasco.

Bizkaia

Los akelarres de las Encartaciones se celebraban en el campo de San Esteban, en Galdames. Dentro de Bizkaia también tenían lugar en las bermeanas faldas del monte Sollube, la Merindad de Busturia y Zeberio. Entre los brujos hay niños de uno y dos años llevados a juntas, y un clérigo de noventa y cinco. Alonso Salazar Frías, quien trató de imponer cierta cordura al problema, aseguraba que entre mayo de 1611 y enero de 1612 se investigó a 1.802 personas, de las que 1.384 eran menores de catorce años, absueltos finalmente. El famoso inquisidor escribiría sobre las malignas reuniones: «[...] la mayor parte de los preguntados dicen [...] que las más veces iban por el aire, y una moza dice que ella misma iba en figura de mosca y otra que en figura de cuervo, [...] y la mayor parte dicen que salían por resquicios o agujeros muy pequeños».

Casa de Juntas de Abellaneda.
Casa de Juntas de Abellaneda.

«Las acusaciones eran siempre las mismas: asistir a juntas, matar niños y destruir las cosechas. En 1561 varias mujeres de Encartaciones acabaron presas. Alguna confesó y el teniente de corregidor, juez en el caso, procedió contra diez, condenando a Catalina de Avellaneda a penas de vergüenza pública, azotes y destierro», explica Reguera. Los detenidos eran llevados a la Casa de Juntas de Avellaneda (XVI), donde se reunían los representantes de los pueblos de la comarca hasta principios del XIX. Convertida ahora en sede del Museo de las Encartaciones, junto a la torre se encuentran la antigua cárcel y la casa del Teniente Corregidor. Sus diez salas abarcan desde la prehistoria hasta el siglo XIX y sirven para conocer el presente y pasado desde una visión histórica, política, etnográfica y patrimonial. En Sopuerta, dada la antigua estratégica situación en el Medievo, el turista podrá admirar también torres banderizas como las de Garay y la Puente o la iglesia San Martín. (Barrio Abellaneda. 946504488. Gratis. Horario invierno, 1 octubre a 30 junio, martes-sábado: 10.00-14.00 y 16.00-18.00; domingos y festivos 10.00-14.00 horas)

Álava

En la Montaña Alavesa -Cuadrilla de Campezo- los encuentros con el demonio tenían lugar en el monte de Islarra, cerca de Corres y en la llanada, en el territorio de la Cuadrilla de Salvatierra, en Eguino, Alegría y Labastida. «Con frecuencia los brujos acudían a autodenunciarse tras el edicto de gracia inquisitorial. Al confesar sus errores podían reconciliarse con la Iglesia a cambio de penitencias. Quien tuviera conocimiento de un acto de herejía estaba obligado a denunciarlo aunque el implicado fuera familiar o vecino; el silencio significaba complicidad. El mecanismo extendió la sensación de invisible vigilancia, la Inquisición impuso la pedagogía del miedo».

Las dos iglesias predominan el casco urbano de Labastida.
Las dos iglesias predominan el casco urbano de Labastida. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Hora de detenerse en Labastida para tratar de sentir aquel temor antiguo. Descubrirás delicias arquitectónicas como la ermita del Santo Cristo (XII), la barroca Nuestra Señora de la Asunción (XVI), la Casa Consistorial levantada durante el reinado de Carlos III, la Calle Mayor repleta de casas señoriales o los arcos de Toloño y Larrazuria, antiguas puertas de acceso. En Elvillar, a 200 metros de la carretera de Laguardia, se encuentra La chabola de la hechicera. Dolmen prehistórico, dicen que sus piedras son personas petrificadas por el maleficio que su moradora lanzaba a quienes usaban el camino la noche de San Juan. En agosto se celebra en sus inmediaciones la representación de un akelarre.

Gipuzkoa

«Las maestras presentaban a los nuevos brujos ante el diablo para que le acatasen según un ceremonial, renegando de los sacramentos católicos. El fuego era imprescindible, un fuego que no quemaba. El demonio presidía la cita sentado en una silla, en figura de hombre o cabrón, feo, con voz ronca y cuernos luminiscentes, según los testigos. Los participantes danzaban al son de instrumentos y el diablo mantenía con ellos relaciones sexuales dolorosas».

En Guipúzcoa, Hondarribia supuso un gran foco de akelarres. Cualquier rincón aislado era bueno para celebrarlos: el monte Jaizkibel, los campos de la ermita de Santa Bárbara, las rocas y arenales, los prados cercanos al molino de Garaico Errota. También tenía lugar en Rentería, Oiartzun, Andoain, Urnieta, Gaztelu y Asteasu. Una ruta senderista fácil de 6,9 kilómetros recorre algunos de esos rincones. Parte del Faro de Higuer desde donde seguiremos hacia el camping para tomar la pista al final del mismo.

Un hombre salta una poza de agua bajo los acantilados de Jaizkibel.
Un hombre salta una poza de agua bajo los acantilados de Jaizkibel. / A.I.

Tras una hora de caminata se llega a la Bahía El Molino, Artzuko Portua. Para verla hay que abandonar la pista y coger el camino que desciende a la derecha. Se regresa sobre los propios pasos y en el cruce debes girar a la derecha continuando por la pista hasta una carretera asfaltada y, más adelante, por un cruce a la derecha hacia el Fuerte de Guadalupe (XX). Después aguarda la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe (XV). El molino de Goiko Errota (XVI), por su parte, enclavado en la ladera sur del Jaizkibel entre los barrios de Jaizubia y Arkoll, es ahora un albergue. Sus primeros moradores datan de 1515.

«Si se busca una explicación a la brujería hay que pensar que las acusaciones pudieron estar relacionadas con la existencia de bandos, enemistades u odios hereditarios dentro de una sociedad rural con escasos medios económicos y nivel cultural bajo. El miedo, el aislamiento, las presiones psicológicas o la violencia emocional y física de familiares y autoridades llevaron a los acusados a confesar hechos no cometidos», concluye el profesor de historia tratando de ofrecer una aproximación lógica a la irracionalidad que acabó en algunos casos con la muerte de inocentes.

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