Noche en la cabaña del árbol en Zeanuri

Cabaña Amalur.

¿Cuántas veces soñaste de niño con dormir en una casa en el árbol? El complejo Zuhaitz Etxeak de Zeanuri convirtió hace unos años ese sueño en realidad. Ahora ha parido una nueva cabaña colgada de la vegetación, Amalur, que acuna al huésped con amor

IRATXE LÓPEZ

Amalur es la madre tierra. Con sus brazos de musgo acoge a todos sus hijos protegiéndolos de los vendavales, suspiros de los dioses que auguran enfado. De los truenos, estallidos furiosos de rabia. De las tormentas, lágrimas arrepentidas tras el mal arrebato. Ahora Amalur es también una cabaña, un hogar de ensueño colgado de un árbol, de dos en realidad, rincón protector de los descendientes de esa madraza que sonríe de gozo cuando sabe que sus retoños descansan seguros.

Información útil

Dónde:
Zuhaitz Etxeak. Ctra. N-240, entre km-26 y km-27, desvío Otxandio Ctra. BI-3542, Zeanuri (Bizkaia)
Precio:
Cabaña Amalur: 130 euros temporada baja, 140 media y 150 alta
Cómo llegar:
En vehículo propio o Bizkaibus A3925 desde Bilbao (sale algo más arriba de la estación de Abando) hasta Ubidea, cada dos horas
Información y reservas:
675970072, 946522832, http://cabanasenlosarboles.com

Hace solo un mes que abrió sus puertas en un rincón de Zeanuri, suspendida sobre el firme a una altura de siete metros. Dice su constructor, Karin van Veen, que es la más bonita e integrada que han creado nunca. «Permite conectarse con la tierra y notar la energía que nos envuelve en cada uno de sus rincones, la energía del bosque que a su vez la envuelve a ella».

La experiencia de pasar una noche entre sus muros de madera vale sin duda los ciento cincuenta euros de tarifa. Quién no ha soñado de niño con tener una casita en un árbol. Aunque hace ya tres años que Zuhaitz Etxeak hizo realidad la ensoñación, ahora cuenta con nueva propuesta hexagonal, veinte metros cuadrados de interior y diez de terraza. «Ofrecemos el gozo de entrar en contacto directo con la naturaleza, de saborear los placeres de un exilio en el bosque y pernoctar en un nido situado en el entramado de las ramas de un majestuoso árbol».

Acceder al complejo es sencillo. Puedes hacerlo en coche o en autobús, tomando el Bizkaibus A3925. Eso sí, en el último caso asegúrate de que es el que llega hasta Ubidea, porque solo pasa cada dos horas. Otro par, en este caso de personas, pueden pernoctar en la amplia cama redonda que asegura el descanso. Antes de acceder a la casa, en el centro de recepción, explicarán las normas y entregarán un kit de supervivencia con frontales, encendedor, mapa... e incluso termo para infusiones.

Txantxagorri, habitación de la cabaña Alaia y cabaña Elaia.

La idea es ser fiel a la ecología, cuidar el medio aunque lo hagamos en un paraíso turístico. Por eso no hay agua corriente, ni luz. Olvídate de cargar el móvil aunque sí tengas cobertura. Seguro que agradeces este intermedio desconectado. «Conociendo los árboles nos dimos cuenta de que trabajar con ellos vivos era una opción fantástica. La totalidad de la cabaña está realizada con madera natural no tratada. El castaño aguanta bien la intemperie, por esta razón se encuentra en el revestimiento exterior».

Cesta con el desayuno

Pero vayamos por partes. Nos habíamos quedado en el caserío que recibe a los recién llegados. En esa explanada cuentas con duchas, si te hacen falta al día siguiente, y spa ecológico, si apetece hacer un regalo. Obsequios hay muchos más, los que decidas concederte, desde recibimiento con champán, flores y bombones, cofre de masaje, cena romántica, picnic ecológico... En el mismo lugar preguntan tu elección para el desayuno, incluido en el precio. Lo curioso no es la gastronomía sino la forma de hacerla llegar: a las nueve de la mañana una cesta espera amarrada a dos enganches. La izarás gracias a una polea, la misma con la que debes subir el equipaje porque el acceso a la cabaña es a través de una escalera vertical en la que solo cabes tú.

La experiencia tiene su gracia. Antes habrás recorrido 2.800 metros a pie bajo los árboles por una pista de montaña ó 4.000 en coche, para llegar a tu alojamiento. ¡Estar aislado cuesta un esfuerzo! Por el camino podrás ver a algunos de los vecinos que comparten experiencia contigo, aunque nada de puerta con puerta.

Gorbea, Alaia y Hontza.

La emoción estalla al descubrir el cartel de Amalur. ¡Tu casa! Un pequeño puente indica la entrada. Es hora de probar las habilidades de escalador. Primer tramo de escaleras hasta media altura. Allí abres la puerta. Segundo tramo de escaleras hasta una trampilla. ¡Y coloca tu bandera en la cima! Estás en la terraza, rodeado de bosque. Frente a una habitación acogedora, elegante, integrada... preciosa la mires por donde la mires. Un lujo para la vista, con columpio interior, zona para comer, rincón de lectura, cama enorme y un baño seco que probablemente no habrás visto nunca hasta entonces.

Madera de alerce

«El alerce es una madera de bella apariencia con un gran colorido y muy vetada. Es la madera más dura de los coníferos. La utilizamos para los machihembrados del suelo, las paredes, el techo y las estructuras de la cabaña. Para garantizar la mejor resistencia al frío hay diez centímetros de aislamiento en el suelo y el techo, así como ventanas de doble cristal. Las tejas son de alerce, con un corte especial para tener una mejor resistencia a la lluvia. La terraza y la escalera están personalizadas con ramas de brezo y madroño para integrar la cabaña a su entorno natural y de esa forma conseguir una fusión con el bosque». Además cuentas con estufa ecológica cuando el frío aprieta.

Hallarás múltiples detalles. Cantos rodados con forma de corazón, troncos decorativos, ramas que hacen de tocador, palanganas que esculpen hojas, pájaros y plantas colgados del techo. Si te fijas en estas últimas comprenderás que la cabaña oscila pero no te preocupes, es parte de la magia del lugar. El viento y tus propios pasos hacen que se mueva ligeramente. ¡Sorpresa! La situación invita a la risa. El entorno a la conversación amable. Podrás pasar horas sentado en la terraza sin darte cuenta de que las manillas del reloj giran. Sin contaminación lumínica. Con el sonido de grillos y chicharras como única banda sonora, interrumpida en ocasiones por el ladrido lejano de algún perro y los cencerros del ganado que se mueve. La paz es absoluta, de esa que da sueño porque te sientes a gusto. De la que te invade cuando respiras oxígeno puro. Aunque bosteces, prolongarás la velada. Pocas ocasiones concede la vida para disfrutar de esa calma plena a la que nos hemos desacostumbrado con las prisas.

La noche se ha echado encima y la oscuridad es total, salvada solo por alguna estrella que titila haciéndote guiños. Unas cuantas velas iluminan el ambiente, romántico por necesidad. Es hora de buscar el sueño reparador... o no. Cada cual que persiga el placer que le apetezca. Desde el interior de la cabaña el bosque parece un lienzo encuadrado por los marcos de los ventanales, una pintura en la que solo se distingue el contorno de los árboles que, ya de mañana, saludarán tu despertar con un buenos días maravilloso, sin cláxones ni vecinos gritones, sin gentes apresuradas. Solo relax y confort. Y un cuerpo a punto de desperezarse a su anchas. Extendiendo los brazos hacia el cielo abierto adornado por ramajes. Para agradecer una esperanzadora nueva jornada y recordar el eslogan de este sorprendente lugar: «La tierra no pertenece al hombre sino el hombre a la tierra».

Carros zingaros-

El resto de la familia

Amalur es la más reciente pero no la única de las cabañas. Sus hermanas pueblan este bosque de robinsones, repartidas entre el follaje. Elaia es la cabaña en el árbol más alta de Europa. Diecisiete metros la separan del suelo, en un bosque de abetos gigantes encima de un riachuelo. Como la protagonista de este reportaje, no tienen agua corriente ni luz.

Txantxangorria es igual de alta pero más civilizada. Tiene ducha y electricidad. Mide veinticinco metros cuadrados y cuenta con terraza de diez, como la anterior. Está pensada para quienes se sienten más seguros con algo de compañía pues se asoma al caserío de recepción.

Hontza se esconde entre dos árboles, a ocho metros de altura, y acoge a más visitantes, hasta cuatro pueden dormir en sus entrañas. Suma treinta y siete metros cuadrados de interior más once de terraza y tiene también agua corriente, ducha y electricidad.

Oooh! es la reina de la fiesta, la suite más lujosa, una cabaña redonda con terraza de trescientos sesenta grados entre tres árboles. A seis metros del suelo, su superficie abarca veintiocho metros cuadrados bajo techo y treinta y nueve de terraza con vistas abiertas.

Si no te gustan las alturas también puedes dormir en carros cíngaros, sobre suelo firme. Su interior es alegre, repleto de colorido. «Son una invitación a viajar y a escapar, un lugar donde todos los sueños parecen posibles, otro estilo de vida».

Precios

Elaia 145 euros TB, 155 TM, 165 TA. Txantxagorria 165 euros TB, 175 TM, 185 TA. Hontza 200 euros TB, 210 TM, 220 TA (persona adicional 29 euros a partir 4 años). Oooh! 270 euros TB, 280 TM, 290 TA. Carros cíngaros 79 euros TB, 89 TA, persona adicional 23 euros a partir 4 años en Lamia y Maide

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