Las mujeres de la orilla

Una parada en Erandio para descansar. Al otro lado de la ría, el cargadero de Barakaldo
Una parada en Erandio para descansar. Al otro lado de la ría, el cargadero de Barakaldo

Una ruta en bicicleta eléctrica visibiliza el duro trabajo portuario de las mujeres sirgueras y cargueras

IRATXE LÓPEZ

DESKONECTA Las arenas/bilbao

Cuándo
Todo el año bajo reserva
Dónde
Desde Las Arenas a Bilbao
Duración
3h
Precio
50€/persona (2 personas), 43€/persona (4), 40€/persona (6), con guía.
Alternativa
Ruta por tu cuenta siguiendo track. 28 euros/persona
Reservas
649071616
Información
www.deskonecta.com

Pésimas condiciones de trabajo, hambre y pobreza rondaban la vida de sirgueras y cargueras vascas, mujeres del XIX que mostraron su fuerza en un mundo dominado por los hombres. En honor a su labor surge una ruta en bicicleta eléctrica que parte del Muelle Txurruka en Getxo para finalizar en el Puente de San Antón, antiguo puerto de Bilbao, un camino marcado por el agua y la industria, motores que impulsaron el desarrollo del País Vasco.

En Las Arenas, con el casco puesto y las lecciones para circular aprendidas, comienza la explicación sobre el origen de esas labores. Mirando al mar, autopista acuosa para el traslado de mercancías. Imaginando los bancos de arena que, en el fondo del Abra, impedían navegar a barcos de gran calado. Pretender evitar aquel fondo fue desde siempre misión imposible, hasta doscientos naufragios se contabilizaron en la zona. Para superar el problema, las gabarras aguardaban la llegada de esos buques, acogían la carga y marchaban hacia los almacenes del puerto bilbaíno, arrastradas por las sirgueras.

«Era un trabajo para ocho personas pero las cuadrillas solían estar formadas por tres o cuatro mujeres», cuenta Begoña Oca, guía de la ruta. Tiraban en hilera de una siga amarrada a la gabarra, una gruesa cuerda que ceñían a su cuerpo con maromas, durante catorce kilómetros. Recorrer ese camino a través del carril bici y la carretera es fácil. La energía eléctrica ayuda a disfrutar del Puente de Bizkaia y de ambos márgenes, vislumbrando esqueletos de edificios y construcciones portuarias que el pasado legó. Nada que ver con el viaje de aquellas mujeres a las que un articulista describía con el pelo enmarañado, cara, manos y pantorrillas sucias, faldas hechas jirones. Las sirgueras completaban el tramo que no hacían hombres ni bestias, pues el trabajo femenino resultaba más barato que los otros dos.

La siguiente parada espera a la orilla de Erandio, donde el hierro asume protagonismo. Gracias a él Bizkaia vivió su época dorada. La calidad del mineral atrajo inversión y generó grandes fortunas. Desde las minas abiertas extraían el tesoro grisáceo que marcó idéntico color en un cielo plagado de humos. Sistema de baldeado, ferrocarril, astilleros... palabras fundamentales de nuestra historia surgen en el discurso. «Nació una gran burguesía que pobló la margen derecha con casas opulentas mientras en la izquierda se quedaban los obreros. Eran dos mundos separados que hasta la inauguración del Puente Rontegi (1983), ahora delante de nuestros ojos, no se comunicaban físicamente, salvo por el Puente Colgante y las barcas».

El cambio

Pero volvamos a las mujeres, en este caso a las cargueras. Esperaban en los muelles la llegada de las gabarras, con una cesta sobre la cabeza para tomar o dejar mercancías. Peleaban por cada viaje para transportar bacalao, o mineral y arena. Las venaqueras hacían esta última labor, eran las parias del grupo. Embarazadas, ancianas, madres con bebés... se afanaban de seis a seis. La cara sucia de carbón, pañuelo raído en la testa, sayas remangadas.

Los años corrieron, como corren las ruedas de la bicicleta que, tras superar los barrios de San Ignacio y Sarriko se detienen en Deusto ante el Palacio Euskalduna, frente a la grúa Carola. «Hemos llegado al Bilbao del siglo XXI. A la zona de Abandoibarra, portuaria y de astilleros por entonces». Es hora de reconocer la cara resplandeciente de la ciudad mientras se hace un repaso a lo que allí hubo. Hora de contemplar la Torre Iberdrola, el Museo Gugenheim, las Isozaki... De escuchar curiosidades: «acero corten como material arquitectónico», «software empleado por la NASA»... Datos que no desvelaremos pues han de sorprender a quienes se apunten a la experiencia. Una cita que finaliza en el Mercado de la Ribera, Premio Guiness al mercado cubierto más grande de Europa.

Las capatazas

Dicen que las mujeres vascas tienen carácter, y en los muelles lo demostraron. A pesar de enfrentarse en desigualdad de condiciones, algunas cargueras consiguieron convertirse en capatazas. Sobrenombres como ‘La Gallarda’ y ‘Ojos de Perdiz’ dan una pista del carácter de estas hembras, a quienes subordinados de ambos géneros tuvieron que obedecer. ‘María la Caporala’, ‘Siete Delantales’, ‘Marilumo’, ‘Pepa Sapur’, ‘La Señorita Caramelo’... Recordarlas recompensa su esfuerzo a contracorriente.

RECOMENDACIONES. Dónde tomar algo

La Ribera
Buena comida, una copa y música comparten espacio en este establecimiento situado en la planta baja del Mercado. Ofrecen amplia selección de menús para cualquier momento del día. (Erribera kalea, 20. 946575474).

Entre las más respetadas destacó Trini ‘La Sañuda’, capataza de descarga para barcos de bacalao, que adquirió un gran prestigio por su notable habilidad y pericia. Participó además en política, como representante de Víctor Chávarri. Decían de ella que era conservadora en sus ideas y mucho más en sus caudales. Que supo administrar ahorros y consiguió enriquecerse gracias a la carrera política y a su trabajo. Aunque no era la tónica general.

Las demás peleaban con una circunstancia adversa que les ponía la cosa difícil. Al contrario que sus compañeros masculinos, no contaban con el apoyo de sociedades de cargadores y trabajadores. Para castigarlas recibían golpes, aunque lo peor era tirar su cesta al agua. No podían reincorporarse hasta conseguir pagar una nueva.

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