El Londres de Bansky y los suyos

Grafitis de la artista brasileña Carlenn de Sozer, reconocible por los personajes con gafas./Iratxe López
Grafitis de la artista brasileña Carlenn de Sozer, reconocible por los personajes con gafas. / Iratxe López

Los artistas callejeros iluminan Shoreditch, un barrio antaño poco recomendable convertido en un museo al aire libre

IRATXE LÓPEZ

El punto de encuentro queda establecido frente a la Torre de Londres, junto a un puesto callejero de café, buen detalle porque el día amanece fresco y amenaza llovizna. Amor Sánchez aguarda a los inscritos. Su paraguas imita a una fresa y luce el logotipo de Strawberry Tours. Cuando te acercas pregunta «¿Street art tour, en inglés o castellano?». Los de habla hispana esperamos con ella, para los demás aguarda otra compa- ñera más rubia, más nórdica, menos spanish. Faltando a la puntualidad británica concedemos cinco minutos de cortesía al resto de concurrencia. México, Madrid, Bilbao… la mezcla de acentos es innegable pero compartimos la lengua de Cervantes.

A pocos días de que el acueducto temporal de diciembre se asome a nuestras vacaciones este free tour puede ser una buena excusa para volar a Gran Bretaña. Porque es gratis, tú decides al final de la visita si deseas aportar algo a la hucha de la guía (pasión y explicaciones lo merecen). Porque descubrirás otra perspectiva de Shoreditch, barrio antaño depauperado donde residían muchos de los ‘bangladeshi’ de la capital británica. Porque el objetivo es claro: saber más sobre el arte de la calle. Y para saber, la primera zancada se da en dirección al pasado.

«El grafiti data de finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo XX. Nace en las comunidades afroamericanas de Queens, el Bronx y Brooklyn, en Nueva York, vinculado a la marginación social, a la conquista del espacio físico y simbólico». Los primeros grafiteros solo dibujaban firmas (tags). Uno de los impulsores, TAKI 183, joven mensajero griego, aprovechaba la entrega de paquetes para dejar huella en cualquier pared. La costumbre se extiende al resto de la ciudad. Viaja veloz decorando el metro. Y aparece Keith Haring, que pinta como los ángeles y alcanza el cielo de la fama exponiendo en museos. «El grafiti se incorpora a la cultura hip hop, rap y break, cala en otros países».

Arriba, peatones junto a la pelvis de Shok-1. Abajo a la izquierda, un retrato del precoz Mr. Cenz. Abajo a la derecha, Martín Ron apuesta por el hiperrealismo.

Alicia espera maravillas

Frente a la primera muestra de esta facultad con vocación crítica que enfrenta el grupo de turistas surge la duda: ¿arte o vandalismo? Cuatro obras confluyen en el pub ‘The bell’ que autorizó la colorida presencia. Pertenecen a Zabou, Aka Jimmy C. y Roa. Nadie con buena vista podrá decir que lo que contempla es un garabato. En la escena, Alicia aguarda maravillas de su país sin sorprenderse por los compañeros que le acompañan –una zombi, una chica y una rata– acostumbrada como está a conejos apresurados. «Algunas personas consideran estas obras contaminación visual, otras las defienden». La realidad es que los grafitis aportan distinción a un barrio que se ha convertido en cita alternativa de mercadillos, gentes variopintas y turistas, donde alquileres y venta de casas ascendieron tanto como su popularidad, obligando a los vecinos a emigrar de nuevo.

Amor lanza la pregunta: «¿Sabéis algo sobre las técnicas empleadas. Plantillas, mano alzada, pósteres, pegatinas, 3D…? Las fórmulas para plasmar el mensaje son abundantes. El arte urbano comienza con la pintura en spray pero permite diversidad de estilos y búsquedas estéticas». Seguimos, pues, la senda hacia siguientes objetivos, murales fijados al amparo de la oscuridad. «Cuanto más grande es una obra, cuanto más alta está, mayor reconocimiento tiene el artista. Pintar en la calle está prohibido; hacerlo en una superficie amplia implica tiempo, riesgo de ser descubierto. La altura habla de andamios, de dinero para infraestructura, de reconocimiento ya adquirido».

Entre estos grandes grafitis, mis preferidos. Retratos a gran escala firmados por Neequaye Dreph, artista británico-ganés que reproduce personas reales a las que considera heroínas de nuestro tiempo. Cansado de falsos modelos, su serie ‘You are enough’ reivindica el trabajo silencioso ejercido en organizaciones sociales por estas divinidades de a pie, alrededor de cuyas testas emerge un halo brillante. Y los preferidos de Amor. Obras de Mr. Cenz, grafitero precoz que con once años plasmaba sus opiniones donde le venía en gana. Tras varios encontronazos con la ley decidió desarrollar sus habilidades ateniéndose a las normas y se ha convertido en un profesional con influencia funk.

OTROS ARTISTAS

Stik
Caso peculiar, fue mendigo en la zona y empezó a pintar para expresarse. Sus dibujos de líneas sencillas calaron tan hondo que consiguieron sacarle de la calle.
AKA Jimmy C
Mitad australiano, mitad irlandés, James Cochran (así se llama) es conocido mundialmente por la técnica puntillista que emplea en sus trabajos.
Medianeras
Viajeras incansables, estas dos uruguayas recorren el mundo dejando muestra de sus capacidades en los muros de cada ciudad que visitan.
Otto Schade
Reconocible porque obliga al público a mirar la escena a través de la cerradura, este artista de origen chileno juega con tonos naranjas y negros para plasmar sus críticas.

El coche rosa

Gustos aparte, en las calles transitadas por el grupo encontraron su estudio numerosos genios, locos que adornan edificios, muros, tiendas… incluso señales de tráfico. Gente como el estadounidense Shepard Fairey-Obey, «tipo discutido porque ha trabajado para grandes marcas, incluso creó una pegatina en la campaña de Obama, pero también se ha enfrentado a detenciones por vandalismo». El argentino Martín Ron, amante de imágenes hiperrealistas. O la brasileña Carleen de Sozer, aficionada a pintar personas con gafas. Gracias a ellos, y a muchos más, el grafiti está vivo, nace una jornada y muere otra pues el espacio es un bien limitado que todos desean ocupar. La visita llega a su fin sin habernos topado con expresiones del rey de reyes, el invisible Banksy. Mago de la contradicción (nadie conoce su identidad a pesar de que todos hemos visto sus obras) está presente en el barrio con un coche rosa intenso protegido de la concurrencia que acostumbra a arrancar sus cotizadas creaciones. Vigilan el vehículo el monstruo de la crisis de Ronzo y obras de D-Face. En artística armonía. Visuales y visibles. Dominando una calle que en esta parte del East End londinense pertenece sin duda a los grafiteros.

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