Gastroturismo

Logroño, el placer de sentirse como en casa

Logroño, el placer de sentirse como en casa

La archiconocida calle Laurel lidera el potencial gastronómico de la capital riojana, donde existe una variada oferta para todos los paladares. Y desde hace unas semanas, un restaurante con estrella Michelin

IÑAKI GARCÍA

Y nadie en Logroño se siente extranjero». Así reza un bonito himno dedicado a la capital riojana y así se comprueba cuando alguien se acerca a sus calles. En ellas se esconden una infinidad de bares y restaurantes (una lista casi infinita) que provocan que el visitante se sienta de inmediato vinculado a la gastronomía del lugar, convirtiéndose así, al menos a través del paladar, en un riojano más. De esos que llaman pantaloneta a un pantalón corto y que saben perfectamente que los colores de la bandera de la comunidad autónoma son el rojo, el blanco, el verde y el amarillo. En ese orden.

El visitante siempre tiene marcada en color rojo en su mapa una calle. Esa con nombre de arbusto cuyas hojas se añaden a las patatas con chorizo para darle sabor. Se erige en el casco antiguo, al resguardo de la concatedral de Santa María de la Redonda y seguro que les suena nada más nombrarla: La Laurel. En realidad, La Laurel no es una sola calle, sino un entramado en las que se concentran barras repletas de imaginación y mucho sabor.

Quien se acerca a La Laurel puede hacerlo con un recorrido gastronómico claro o puede ir asomándose a cada uno de los establecimientos hosteleros para ver qué se ofrece. Puede elegir entre pinchos ya consagrados como el famoso champiñón del Soriano o del Ángel, el bocatita Tío Agus del bar Lorenzo o los morritos del Charly o puede optar por otros de nombres más rimbombantes (pero igual de sabrosos) como la piruleta de solomillo ibérico con salsa de boletus del Letras de Laurel o el parmentier trufado con huevo, foie y queso del Pasión por Ti.

Y tres más

Así podría continuar una lista casi infinita de pinchos y bares: la seta a la plancha del Cid, la orejita rebozada del Perchas, el zorropito de La Gota de Vino, el bocata de jamón con queso de tetilla fundido del Pata Negra… Un no parar. De un sitio a otro, de un pincho a otro al compás de sonidos como el «...y tres más» que se oye en el Soriano siempre que alguien pide otros tantos ‘champis’ y los consejos de los oriundos para evitar que el visitante se manche mientras come. Un ritual que se repite a diario en ese espacio logroñés y en el que no falta, como no podía ser de otra manera, el buen vino. En este aspecto, se ha avanzado mucho en los últimos años con la apertura de espacios como La Tavina, entre otros, en el que la oferta de botellas es igual de amplia que la lista de las especialidades gastronómicas de La Laurel.

Dónde comer

Tondeluna
El sueño de Francis Paniego, una cocina basada en los productos de temporada y en los alimentos de la tierra. Raciones, recetas más tradicionales y otras repletas de modernidad, la carta sorprende con menús muy variados, entre los que destacan los de grupo y las cenas y comida de empresa. Existe una opción de degustar los platos en el hogar a través del servicio ‘Tondeluna a casa’ con la que se pueden recoger los pedidos en el local. Dónde Muro de la Mata, 9. Teléfono 941236425. Web tondeluna.com.
Iruña
Es, sin lugar a dudas, uno de los restaurantes con más solera de Logroño. El visitante lo puede encontrar pronto, ya que se halla en plena calle Laurel. Como no podía ser de otra manera, su cocina se basa en la tradición y en los productos riojanos. Platos como las pochas o la menestra de verduras cuentan con una gran aceptación y fama en la zona y la carta se completa con una amplia variedad de productos en la que, por ejemplo las carnes, de todo tipo, no defraudan. Dónde Travesía de Laurel, 8. Teléfono 941502044.
Herrerías
En un enclave privilegiado. Situado en un palacete del siglo XVI cuya estructura ha sido respetada, su cocina se define como tradicional y basada en productos de temporada. Además, cuenta con más de 200 de referencias de vinos. El cliente puede degustar desde espárragos templados y menestra riojana hasta caparrones de Anguiano, croquetas de jamón, sabrosas chuletillas de cordero lechal o bacalao a la riojana, entre otras muchísimas opciones. Dónde Herrerías, 24. Teléfono 941241001. Web www.tabernaherrerias.es.
Wine Fandango
Aitor Esnal y Beatriz Martínez lideran este consolidado proyecto que se articula sobre varios pilares. Por un lado, el vino y, por otro, una variada gastronomía de la que se puede disfrutar a través de los pinchos de la barra o de los menús. En el restaurante, se ofrece un menú de estación con productos de temporada. Dónde Vara de Rey, 5. Teléfono 941243910. Web www.winefandango.com.
Moderno
El Café Moderno cuenta con varias vertientes. Allí se puede desde tomar un café durante la mañana hasta disfrutar de sus ensaladas, platos combinados, tapas, bocadillos, postres y su menú del día. Además, por su situación y por su historia (fue fundado en 1916) es un eje del Logroño más cultural y animado. También ofrece un menú especial para peregrinos y cuenta hasta con un himno propio, el conocido ‘Fibra de Pájaro’. Dónde Martínez Zaporta, 7. Teléfono 941220042. Web www.cafemoderno.com.

La calle Albornoz, la de San Agustín y la propia Travesía de Laurel forman de esta manera una especie de triángulo de Las Bermudas del que nadie quiere escapar. Se está a gusto. Pero no es el único lugar en el que el visitante (y el local) puede saciar su apetito con éxito en Logroño. Tras un paseo por lugares emblemáticos como Portales, El Espolón y su estatua dedicada a Espartero (y a su caballo) o la plaza del Mercado, el turista puede acercarse, también en el casco antiguo, a la calle San Juan.

Por estética, muy parecida a La Laurel y por oferta culinaria, también. A la entrada, un gran panel desgrana uno a uno los establecimientos que componen la calle. Allí también se pueden encontrar champiñones como los de La Cueva de Floren. La relación de bares es infinita y algunos como el Gastrobar Torres, cuentan con una barra que hace muy complicada la decisión al cliente: bocadillo de calamares con salsa de Torres, carne de Kobe…

A mesa puesta

Pero no solo de pinchos vive Logroño. También se distribuyen a lo largo y ancho de la ciudad restaurantes de esos para degustar los alimentos, como diría un sabio, con mesa y mantel. Restaurantes entre los que se encuentran algunos ilustres como el Tondeluna, liderado por Francis Paniego. Y si de reconocimientos se habla, el más reciente ha ido a parar al Kiro. El alfareño Félix Jiménez abrió en la calle María Teresa Gil de Gárate hace dos años un restaurante japonés y con su sushi ha logrado ganarse la devoción de los paladares más exquisitos, consiguiendo el pasado mes de noviembre su primera estrella Michelin. Ambos son ejemplos de Logroño más nuevo, que logra convivir en armonía culinaria con otra oferta, mucho más tradicional, representada por espacios únicos y reconocibles en la capital riojana como el restaurante Iruña, la Taberna Herrerías o el Café Moderno, entre otros muchos.

Y, entre esa amalgama de bares, restaurantes, cocina de todo tipo y vino de calidad, gana protagonismo en el Logroño más diario una tradición extendida en otros muchos lugares: el pincho pote. La ciudad ha ido creciendo, se han creado nuevos barrios y en ellos, y otros muchos más espacios de la capital riojana, se han implantado esos recorridos a precios económicos. Lobete, Cascajos, la plaza Primero de Mayo y la calle Chile… Se multiplica la oferta.

De esta manera, entre la alegre vida y las múltiples especialidades culinarias de La Laurel, entre champiñones y morritos, entre la siempre reconocible San Juan y las nuevas ‘estrellas’ de la gastronomía riojana como Kiro, entre el pincho-pote y las comidas copiosas de mesa y mantel, entre los buenos vinos y los negocios de nuevo cuño que se suman a este trayecto se logra que esa frase de «y nadie en Logroño se siente extranjero» se convierta en verdad ya únicamente utilizando el sentido del gusto. Que aproveche.

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