Limpios por dentro y por fuera

Una mujer descansa en una de las piscinas del balneario de Areatza./Jordi Alemany
Una mujer descansa en una de las piscinas del balneario de Areatza. / Jordi Alemany

El ocio en balnearios ha abierto sus puertas a todos los públicos y Euskadi dispone de una interesante oferta de relax, tanto en la costa como en el interior

Elena Sierra
ELENA SIERRA

Es la del balneario una ambientación como de novela decimonónica o de felices años veinte. Algo muy clásico y muy evocador, algo un punto familiar porque se ha hecho un hueco en la memoria de mucha gente a través de las imágenes sugeridas por los libros, por las postales en blanco y negro o colores pastel o por las películas. Otra cosa no, ya que es muy probable que los antepasados de la mayoría de los lectores no pusieran un pie en la vida en uno de estos centros de salud y reposo –y relaciones sociales de alto standing–; bueno, si acaso como gente de servicio. Menos mal que todo ha cambiado. Y que ahora pasarse unos días en un balneario es más asequible y se llega más fácilmente. Esos lugares que remiten a épocas lejanas y a clases altas disfrutando de los beneficios de las aguas, las comidas y los paseos tranquilos, están un poco más al alcance de la mayoría.

Lo primero que hay que saber para planificar la estancia... es que un spa no es un balneario. Sí, los spas pueden estar muy bien y un buen cuello de cisne puede quitarle a uno el peor dolor y es una gozada ponerse a flote en una bañera de agua muy salada y... pero un spa no es un balneario. De verdad. Para que un establecimiento en el que se tomen las aguas entre en la categoría de balneario debe disponer, en lo que se refiere a H2O, de lo que se llaman, de forma oficial y reconocida por ley, Aguas Minero-Medicinales declaradas de Utilidad Pública. Para entendernos, por si acaso: no del grifo, ni clorada, sino aguas que brotan de manantiales con cierta cantidad de elementos minerales; estos son los que contribuyen a que sean beneficiosas para algunas afecciones, de la piel o respiratorias, por ejemplo, o simplemente relajantes.

Mucho azufre

Para qué sean buenas, depende de la composición. Hay algunas que se reconocen desde fuera: si huele a huevo podrido en los alrededores, y no hay una industria papelera cerca, el cliente puede estar seguro de que sumergirse en ese lugar tendrá su efecto positivo en la piel, el aparato respiratorio y locomotor. Se debe al alto contenido en azufre, y de ahí que se llamen, estas, aguas sulfurosas (o sulfuradas, que suena a que están enfadadas, pero nada más lejos de la realidad).

El balneario vizcaíno de Areatza presume de manantial con un alto contenido en sulfuro, cuyas propiedades, explican, están especialmente indicadas para eliminar estrés, ansiedad, agotamiento psíquico y para mejorar la circulación y la retención de líquidos, entre otras cosas. Si el agua no es suficiente por sí sola para aplacar los muchos males de la vida moderna, hay otra receta: contemplar el paisaje o adentrarse en él. O ambas opciones, casi mejor hacer eso. Y es que el de Areatza es un centro termal enclavado en el Parque Natural de Gorbeia, así que no hace falta que nos digan que se trata de un entorno privilegiado.

Vinoterapia en Villa de Laguardia (1), terraza con vistas a la playa de Itzurun, en Zumaia (2) y piscina de La Perla.. / David Aprea

La oferta de este balneario –también spa– incluye casi de todo lo que uno pueda desear en cuanto a técnicas con agua, pero también con chocolate, aceites, plantas. Hay circuitos pensados para la soledad, y para parejas y familias. Los hay que prometen sensaciones como las de Cleopatra en su bañera de leche. Vamos, que hay para elegir. En la web del hotel pueden encontrarse algunas ofertas de primavera que incluyen alojamiento en régimen de media pensión y circuito termal.

Otro enclave para relajarse y remojarse por salud en Bizkaia nos lleva hasta el valle de Karrantza, que es donde están las Termas del Molinar, las de los Padres Pallottinos (que llegaron a la zona para fundar un colegio). Lo de que aquí había unas aguas que merecían mucho la pena ya lo sabían allá por el siglo XVIII, o al menos así lo indican algunos escritos, pero no es hasta el siguiente cuando comienza a hablarse de los baños; los análisis de estas aguas, que brotan a una temperatura constante de 30º y que fueron declaradas de Utilidad Pública ya en 1843, las calificaban como «cloruro sódicas bicarbonadas, cálcicas de mineralización débil». Es decir, que están recomendadas contra reumatismos y problemas del sistema nervioso por ser antiinflamatorias y sedantes.

El hotel tal y como existe actualmente se construye durante las primeras décadas del siglo pasado y, tras muchas épocas y ocupaciones diversas, volvió a su ser para sacarle el máximo rendimiento a las piscinas termales y las bañeras de mármol, la sala en la que se puede inhalar agua termal oxigenada y tratamientos de aromaterapia y fangoterapia, por citar solo algunos. La tranquilidad del enclave, con sus jardines, está asegurada... También si se decide prolongar el paseo por el valle. Las excursiones por las inmediaciones pueden muy bien incluir una visita a las cuevas de Pozalagua y el Centro de Interpretación del Parque Natural de Armañón.

Nadando en vino

Vale, vale, esto no es un balneario... pero hace mucho tiempo ya que al vino nadie le niega su poder curativo, y en tierras de Denominación de Origen Rioja menos. En la localidad de Laguardia se sitúa el Hotel Wine Oil Spa Villa de Laguardia. Aquí los tratamientos se realizan con aceite de Arróniz y vino de Rioja, pero no solo. El agua está presente en un circuito termal en el que hay duchas de contrastes, sauna finlandesa, baño turco, una fuente de hielo y piscina con todos los chorros que se puedan desear para activar el sistema circulatorio, tonificar el cuerpo y relajarse. Los 90 minutos del circuito cuestan 20 euros, y se pueden contratar servicios como el masaje oriental con piedras calientes, el masaje de cuerpo completo con chocolate, la exfoliación corporal con pepita de uva y aceite, la envoltura coupage de aceite virgen y uva tinta, el baño de hidromasaje Baco dúo en barrica con extracto de uva... En fin, que la oferta es amplia y sorprendente. Para hacerse una mejor idea de lo que el vino y el aceite pueden hacer por un cuerpo necesitado de relax.

Y lo mismo ocurre si se opta por pasar unas jornadas en el de Orduña, que reabre sus puertas dentro de poco en el antiguo edificio de la aduana, en pleno centro. Aquí la salud fluye del manantial Muera-Arbieto, que para los expertos es de aguas salinas frías cloruradas sódicas, sulfatadas y ferruginosas, lo que para los legos se traduce como que es bueno contra las afecciones reumáticas, respiratorias y dermatológicas, y que ayuda a mejorar la circulación. Más allá de la tradición, las instalaciones prometen todo tipo de tratamientos relajantes y cosméticos para volver a la rutina fresco como una lechuga.

La Belle Epoque

Ya en Gipuzkoa, el gran nombre de balneario es el de Zestoa. Esos edificios clásicos, pintaditos de blanco y azul y sencillos en apariencia, esconden en su interior todos los detalles de la época de esplendor de los baños termales –como la famosa Escalera Imperio, el Gran Comedor, el Comedor de Caza o el Comedor Árabe, así, con mayúsculas, y un jardín para perderse entre los árboles–. El secreto, sin embargo, sigue siendo la composición del agua: la que procede del manantial de San Ignacio, de fuerte mineralización, y del de Nuestra Señora de la Natividad, aguas cloruradas, sulfatadas e hipotermales. Sirven para la recuperación de lesiones, las curas diuréticas, el alivio de problemas intestinales y las alteraciones cutáneas.

Los programas son muy variados, y entre ellos, bajo supervisión médica –esa es otra de las características del servicio de un balneario que abrió sus puertas en 1804–, se puede contratar una estancia de una semana que incluye alojamiento, seis días de tratamiento personalizado de 90 minutos y, como bebida, agua de la casa, a partir de 259 euros por persona (en función del régimen que se elija).

Junto al mar

Otro guipuzcoano, aunque más moderno, es el Zelai Talaso Hotel, en Zumaia. Aquí el concepto cambia porque, en vez de aprovechar un manantial, se extraen las aguas del mar. Y se hace en una zona, la playa de Itzurun, cuyo fondo marino ha sido reconocido por National Geographic como «el mejor de Europa». Pero sus aplicaciones son muchas y derivan del alto contenido en plancton, que asegura propiedades antibióticas y estimulantes del sistema inmunológico.

En Donostia, el nombre de siempre es La Perla, esas instalaciones justo sobre (o en) la misma playa de La Concha a las que se va a encontrar un poco de salud, otro poco de actividad deportiva y otra parte de cosmética. Eso sí, en agua marina, que es la gran protagonista. Las algas, las sales y los barros también están en el menú.

Exteriores y jardín de las Termas del Molinar.
Exteriores y jardín de las Termas del Molinar. / Ignacio Pérez

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