Penitencia hasta el castillo

Ruta por San Vicente de la Sonsierra

El sendero que siguen los ‘picaos’ permite conocer el patrimonio de un municipio rico en historia y buenos vinos

Espectaculares vistas desde el castillo encaramado en lo alto de la localidad.
Espectaculares vistas desde el castillo encaramado en lo alto de la localidad. / IRATXE LÓPEZ
IRATXE LÓPEZ

Doce vidrios atraviesan la piel. Son las huellas de los doce apóstoles que los ‘picaos’ de San Vicente de la Sonsierra se clavan en la espalda durante el Jueves Santo. Antes la han azotado con una madeja. Ocultos tras la capucha blanca, vestidos con capa parda, cumplen así una promesa que les depara 800 golpes a lo largo del recorrido de los disciplinantes. Esa misma ruta, sin necesidad de sufrimientos, puedes completarla por tu cuenta cada día del año. Cumplirás otro juramento, disfrutar de esta hermosa localidad riojana coronada por el castillo de San Vicente, ocupado con fines bélicos desde su construcción en el siglo IX hasta las Guerras Carlistas en el siglo XIX. Desde sus lindes las vistas devuelven la fe en las maravillas naturales.

La ruta

Dónde:
La localidad se encuentra a unos 10 kilómetros de Haro.
Cuándo:
Todo el año.
Web:
sanvicentedelasonsierra.org.

Es solo un kilómetro, con paradas obligatorias, de esas que sirven para observar sin prisa, para captar al detalle callejas medievales y paisajes. Revisar, igual que durante las procesiones, sus palacetes, escudos y murallas, testigos de tu ascensión a otra clase de gloria, la del tiempo bien empleado. La ruta arranca en la Plaza Mayor, con su fuente de 1882. Cuatro cisnes velan la infraestructura. Cerca aguardan la Casa Consistorial, sobre los soportales de piedra, y el palacio de los Gil Aguiriano, ambos del siglo XVIII. Y las terrazas de los bares que pueblan el corazón de esta localidad, donde tomar un tentempié para empezar con fuerza.

Atraviesa la calle Mayor y fíjate en el magnífico escudo, compendio de cuatro familias, situado en una esquina a tu izquierda. Gira después a la derecha y toma la calle Carnicerías, repleta de casas blasonadas como el palacio de los López Cano y la casa de los Davalillo. Por allí la tranquilidad es absoluta hasta toparse con el exterior de la muralla inferior, donde un balcón metálico se asoma a la Sierra de Cantabria. El viento fiero de la zona revolverá tu cabello en este fantástico mirador.

A solo unos pasos, atravesar la Puerta de la Primicia o de Navarra (1898) plantea dos opciones. Si giras a la izquierda, ascenderás por la Subida de los Disciplinantes, la que siguen las procesiones de Semana Santa con religioso fervor. Allí esperan muros de viviendas que comenzaron a construirse adosadas a la cara interna de la muralla a partir de 1367, cuando el rey navarro Carlos II el Malo puso a la venta los solares del recinto. El lugar fue durante siglos hogar de algunos vecinos. El hundimiento de parte de la muralla y varias casas en 1897 hizo que, poco a poco, abandonaran la zona.

Torres y aljibes

La segunda opción, derecha, continúa hacia la calle de la Fortaleza, donde las excavaciones arqueológicas descubrieron un calado excavado en la roca, además de un lagar rupestre como los que proliferan en campo abierto, sellado por sedimentos de los siglos XII y XIII. Sigue por un pequeño sendero hasta la Torre del Reloj (XVII) construida sobre los restos de una torre albarrana medieval. En ella instaló el ayuntamiento el reloj mecánico que regulaba la vida de los habitantes. Otra torre, la Mayor, mandada construir por Sancho VI, sirvió como atalaya y refugio a pequeñas guarniciones.

Una escalera metálica de caracol asciende hasta la pasarela que domina esta parte de la Rioja Alta. A sus pies se halla el denominado cuarto de los moros, aljibe del castillo medieval que en el siglo XIV recogía el agua de lluvia. El castillo preside el valle desde un cerro y sus muros alcanzan los quince metros en el punto más alto.

En el mismo recinto, la ermita de San Juan de la Cerca se postula como una de las primeras construcciones góticas primitivas de la provincia. Dicen que fue Diego López de Ábalos, alcaide del castillo y gobernador de San Vicente en 1385, quien la mandó hacer para ser enterrado en ella, pero su arquitectura remite al XIII. Capilla del castillo desde el XVII, se ha convertido en sede de la cofradía de la Vera Cruz de los Disciplinantes, de donde salen los elegidos que azotarán sus carnes en Semana Santa.

Sobre el Ebro

Junto a ella, la iglesia de Santa María la Mayor (XVI), Monumento Nacional, guarda una pila bautismal del XIII y un retablo mayor (XVI) atribuido al taller de los Beaugrant, con policromía de Juan de Rojas y Juan de Salazar. Los interesados en visitar su interior pueden concertar visita ()941334004).

Es hora de salir del recinto amurallado por el acceso norte, donde espera el Mirador del Ebro. Desde allí los viñedos imponen su belleza, a medio camino del verde del verano y el ocre del otoño, tras el puente medieval (XIII) que defendía el paso del río de la frontera de Navarra con Castilla. Dos torres controlaban en ese paso el cobro de los impuestos. Para regresar al centro del pueblo recorre la calle Zumalacárregui, donde descubrirás tres murales del artista José Uriszar.

DÓNDE DORMIR

Tradición y modernidad se hermanan en La Casona del Boticario, un edificio del siglo XVIII con grandes ventanales a los viñedos y la Sierra de Cantabria. Antigua sede de la farmacia y residencia de sus propietarios, los herederos la han rehabilitado diseñando habitaciones distintas y amplios espacios decorados con muebles originales. Los clientes reciben información esencial sobre la comarca. (General Varela 1. )941334200. casonadelboticario.com).

DÓNDE COMER

Casa Toni. Cocina creativa y tradicional se combinan en la carta de este restaurante. (Zumalacárregui, 27. San Vicente de la Sonsierra. )941334001).

Asador José Mari. A 5 kilómetros, ofrece comida típica riojana a buen precio. Prueba la menestra y las chuletas al sarmiento. (El Sol, s/n. Rivas de Tereso. )941334061).

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