Briviesca: Románica y garrapiñada

La ermita de Santa Casilda se alza sobre un risco./Unai Berrueta
La ermita de Santa Casilda se alza sobre un risco. / Unai Berrueta

La ciudad burgalesa destaca por su patrimonio religioso, las morcillas y las almendras

ELENA SIERRA

Un día al año, al menos, los briviescanos se echan a la calle a celebrar, todos juntos, la fiesta. No es que solo celebren un día al año, qué va; es que en este día en concreto se echan a la calle pero de verdad, con todas las consecuencias, y hasta tiran la casa por la ventana y no se tiran por el suelo porque ponen mesas para la ocasión. Es la fiesta de la Tabera, el momento en que hacen sus apuestas jugando a las tabas (huesitos de cordero, que por aquí se come mucho). Este año toca el 8 de mayo y vale, la fecha está lejana... Pero viene al pelo para comenzar esta ruta por Briviesca y alrededores. Y es así porque, aunque la cosa acaba con el juego por la tarde –en una celebración que data de 1794–, comienza de mañana con una romería hasta el santuario de Santa Casilda, la patrona de la Bureba.

Dice la leyenda que Casilda, hija de un emir toledano, se convirtió al cristianismo y se dedicó a ayudar a los cautivos encarcelados y maltratados por los suyos. Y que un día, cuando su padre quiso comprobar si la chica era una traidora a su fe y su familia como le estaban susurrando tantas voces de la Corte, se transformaron en flores los alimentos que llevaba en el regazo. Pasó la prueba. Después enfermó y le recomendaron que se trasladara al norte, a la Bureba. Y lo hizo, para curarse, enamorarse del paisaje (los pozos, la roca sobre la que hoy se levanta el conjunto del santuario, con unas vistas muy majas, todo hay que decirlo), quedarse a vivir y terminar cambiándole el nombre al lugar (hasta entonces San Vicente, porque allí se guardaban las reliquias del santo) y convirtiéndose en patrona de esta comarca burgalesa.

En Santa Casilda se conserva la gruta en la que se supone que vivió como una eremita, a la que se baja por unos peldaños empinados y húmedos, la ermita donde están restos de la santa en un sarcófago con una talla en madera obra de Diego de Siloé, un museo en el que pueden verse los exvotos que los creyentes ofrecen pidiendo o agradeciendo algún favor y otros edificios adyacentes que son hospedería y restaurante. Un paseo por la ladera baja hasta los pozos de San Vicente, dos lugares tan normalmente tranquilos como el resto del conjunto, y cuyas aguas curaron a la santa de sus males.

Recomendaciones

Cómo llegar
La ciudad está a 75 kilómetros de Vitoria y a 120 de Bilbao. Web turismo.briviesca.es
Dónde comer.
En el Fortu (Marqués de Torresoto, 11. )947590719) les gusta poner pintxos con aire cantábrico, es decir, de cositas del mar, pero en la carta se puede encontrar cualquier especialidad de la tierra. En El Concejo, en el número 14 de la Plaza Mayor ()947591686), presumen directamente del cordero lechal asado, criado en los pastos de la comarca.

La bien trazada

Briviesca, a once kilómetros del santuario, sabe mucho de religión, no en vano la mayoría de los hitos de la ruta tiene que ver con la fe (la iglesia de San Martín, el convento de las monjas franciscanas de Santa Clara y la ex colegiata de Santa María), pero no solo. Sabe mucho, al menos el centro histórico, de urbanismo del ordenado; a esta ciudad se la conoce como ‘la bien trazada’ por la rectitud de sus calles, donde hay unas cuantas casas señoriales. Y sabe mucho también de morcillas, por cuyo título de las mejores de Burgos se pelea con otras localidades, de corderos asados que se pueden encargar en más un local para llevar a casa y de dulces. Las almendras garrapiñadas son la estrella del lugar, y en Sarralde (en la Plaza Mayor, abierta en 1845) las empaquetan en distintos formatos.

Llena la alforja, las opciones para visitar son muchas, porque en la Bureba, y sin ir muy lejos, hay pueblitos con encanto... y ermitas románicas casi en cada rincón. Valgan como ejemplo la coqueta de San Fagún, en Barrios de Bureba (a poco más de doce kilómetros), subida en una lomita junto a la carretera. De la construcción original queda poco, no como en Piérnigas (a poco más de once), donde se halla apartada entre los campos una de las mejor conservadas de la comarca, la de San Martín.

Rodilla

A unos pocos de kilómetros de Briviesca se encuentra la ermita de Nuestra Señora del Valle, en el término municipal de Monasterio de Rodilla. El templo se encuentra en un espacio arbolado y exhibe la maestría de los artesanos del siglo XII, pues se considera el mejor ejemplo de basílica románica de España. Las influencias orientales y visigóticas destacan en el edificio tanto como la cinta ajedrezada que rodea la construcción o sus excéntricos capiteles.

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