Elorrio, una villa señorial

Elorrio, una villa señorial

La tecnología facilita el paseo por el pueblo de los escudos, bautizado así por ser el municipio vasco que conserva la mayor cantidad de palacios

IRATXE LÓPEZ

La voz de Argiñe acompaña el paseo, que entra por los ojos gracias a tu interés y por los oídos con la audioguía gratuita a descargar en www.visitelorrio.com. Allí espera un plano, dirige tus pasos durante esta excursión a la localidad vizcaína de Elorrio. La ruta empieza en la antigua calle del Campo, corazón de esta villa fundada en 1356 bajo el Fuero de Logroño por Don Tello, señor de Vizcaya. Antes, los habitantes se agrupaban en barrios, en la anteiglesia de San Agustín de Echevarría. Guerras de banderizos, abusos de jauntxos y situación fronteriza obligaron a solicitar la creación de una villa foral amurallada, con derecho a mercado una vez a la semana. Seis puertas se abrían en la muralla, que cayó en el XIX para dejar sitio a nuevas avenidas. En las antiguas existían palacios como el de Arespakotxaga, siguiente parada, cuyos propietarios lograron fortuna con el hierro del Udalai. Orgullosos de su poder, colocaron el escudo en la esquina principal de la fachada para que pudiera verse al venir desde la plaza.

La ruta pasa por la casa-torre de Urkizu. Por entonces los linajes competían ferozmente, tanto que el 21 de febrero de 1468 Sánchez Ruiz de Marzana clavó en la iglesia una carta de desafío a los Ibarra. Cada familia convocó a parientes, vasallos y hombres libres. Los gamboínos tomaron parte por los Marzana, los oñacinos por los Ibarra. Y estalló la Batalla de Elorrio con consecuencias fatales: diez mil hombres muertos. Pero estábamos con los Urkizu, que amasaron su fortuna gracias a negocios en Andalucía e Indias. Su palacio vio nacer la Basílica de la Purísima Concepción, que empezó a construirse en 1495 con la torre inspirada en la Giralda. Los elorrianos aportaron tierras y dinero para la obra. La familia, que poseía otros edificios como el suntuoso Palacio de Tola, también la sufragó.

La Fuente Loca

El vecindario crecía, convirtiendo a Elorrio en la segunda población más importante del Duranguesado. Nacieron los arrabales, el de la plaza fue el primero. Cerca, Iturrizoro (la fuente loca) toma protagonismo en la grabación. Decían que su agua trastornaba a la gente pero hasta ella acudían las mujeres para llenar los cubos y charlar. Más adelante la estatua del Errebonbilo recuerda la historia repetida cada primer domingo de octubre, cuando un grupo de jóvenes rememora, al parecer, la participación de algunos vecinos en la batalla de Lepanto y recorre la villa al son del txistu y el tamboril mientras disparan salvas al aire.

Elorrio es el pueblo con mayor cantidad de palacios conservados del territorio vasco. Contemplarás, entre otros, el de Arriola, cuna de Valentín de Berriotxoa, único vizcaíno del santoral. Sus restos reposan en la iglesia de la Concepción y el Convento de Santa Ana está dedicado a su figura. La villa se distingue asimismo por lucir el mayor número de cruceros de Euskal Herria. Señalaban caminos y barrios… y alejaban a las brujas.

visitas con audioguía elorrio

Información
Oficina de Turismo: Berrio-Otxoa 15. Teléfono 946820164 (posibilidad de visitas guiadas a grupos). Web www.visitelorrio.com

Los numerosos escudos prendidos en las fachadas también tienen su historia. Todos los apellidos vascos cuentan con uno, pues la hidalguía había sido concedida a los nacidos en Vizcaya. Hay que fijarse hacia dónde se dirige el casco: si mira al frente pertenece a la realeza, a la derecha garantiza la legitimidad de la familia, a la izquierda indica origen bastardo. Menos ornado resulta el molino Goiko Errota. El edificio molía el cereal del valle y había que aguardar tantas horas de cola que muchos matrimonios surgieron en esas esperas.

Los siglos avanzan y a comienzos del XVIII los Borbones reubican la Oficina de Indias en Cádiz. El cambio perjudica a las familias que han invertido en el negocio con América. Las ferrerías se modernizan, los viejos sistemas no pueden competir. Llega la decadencia para las fortunas locales. Hasta que la industrialización del siglo XX atrae a los inmigrantes. Y una nueva época nace para todos.

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