Los ruegos de Ea

El sendero se asoma a un mirador sobre la costa./Maika Salguero
El sendero se asoma a un mirador sobre la costa. / Maika Salguero

Aldeas, caseríos y ermitas al alcance de un cómodo paseo que parte de la costa y recorre el interior del municipio

IRATXE LÓPEZ

El mar lame las heridas de Ea. La húmeda letanía del Cantábrico cura su playa y el casco urbano partido en dos por una ría angosta que los vecinos superan gracias a varios puentes. El viejo, de piedra, está acostumbrado a las fotos. El resto dan carácter a esta localidad vizcaína, niña mimada por un entorno natural repleto de agua, bosque y vegetación. Ea nació de un ansia, la de vecinos de Natxitua y Bedarona que, deseosos de contar con un puerto, instalaron un amarre para barcos que aún hoy en día se dejan mecer al compás de la olas. Logrado el reto sobraba espacio, por eso añadieron a su apuesta dos iglesias, la renacentista del XVI en honor a San Juan y la barroca del XVIII para Santa María. Y de ahí surgió el pueblo.

Desde el primer templo parte un recorrido de sugerente denominación, el 'Sendero de las letanías', acostumbrado a sentir el paso de procesiones y ruegos. Arranca la marcha desde uno de los laterales del edificio religioso, en dirección a la carretera de Bedarona. Una vez cruzada, tomado el camino que sale justo enfrente, habrá que ascender hasta la campa de la ermita de San Bartolomé, adosada al caserío de mismo nombre.

Cuentan que antaño se marchaba desde la parroquia de San Pedro en rogativa hasta este lugar el martes anterior a la Ascensión. En época de pocas lluvias, de latigazos ásperos de sequía, la imagen de San Bartolomé paseaba hasta la parroquia mientras la Virgen era trasladada desde allí a la ermita. Dentro de la parroquia, el Santo era el protagonista de un novenario para llamar a las tormentas. También recibía velas pidiendo ahuyentar malos sueños. El 24 de agosto, jornada de la festividad, al amanecer, el tabernero cargaba sus burros con víveres para instalarse en la campa y dar de comer y beber a quienes acudían a misa. Había vendedores de rosquillas, txistularis, músicos y gente ansiosa por bailar a pesar del bochorno. Mendigando sombra a los árboles, comía el personal.

En esa campa de antiguos calores podrá el senderista comer algo si lleva el estómago vacío. Después se ha de seguir el camino carretil que sube hacia Bedarona, dejando a la derecha el caserío Olabe y continuando por el antiguo 'andabide' hasta la carretera de Bedarona que casi no hace falta pisar pues enseguida aparece una ruta junto al caserío Portu, senda hacia las antenas de telefonía móvil. Previo a llegar hasta esos ingenios habrá que virar a la izquierda para andar entre pinares hasta la carretera. Crúzala y sigue de frente al caserío Bix, que tampoco debes alcanzar pues has de elegir rumbo a la derecha. Descenderás entonces por una pendiente hasta la ermita de Tala, atalaya del pueblo.

Sendero de las letanías - EA

Longitud
3,2 km.
Desnivel máximo
150 m.
Dificultad
Reducida.
Puntos de interés
Casco urbanoa, Via Crucis, Ermitas de San Bartolomé y Talako Ama.

La ría, las casas asomadas sobre su cauce y el viejo puente ofrecen la imagen más conocida de Ea.
La ría, las casas asomadas sobre su cauce y el viejo puente ofrecen la imagen más conocida de Ea. / Bernardo Corral

Dentro, la imagen de Nuestra Señora de Concepción, popularmente llamada Talako Ama, encierra una leyenda. Dicen que varios pescadores la encontraron entre las espumas y construyeron la ermita sobre esta atalaya del litoral para protegerla. Cuando pasaban a su altura con los barcos, tocaban la bocina y rezaban una Salve, implorando protección. En el interior del templo se encuentra también San Nonato, al que rezaban las embarazadas para rogar un buen parto. Es hora de regresar al núcleo urbano por un Vía Crucis a lo largo de 350 metros. El que el turista se encontrará con la casa Beletxe, ya dentro del puerto.

Recomendaciones

Pasear por los campos de Euskadi en el siglo XVI permitía contemplar hórreos llamados 'garaixes'. Habituales en los caseríos de los valles orientales vizcaínos para guardar alimentos protegidos de los animales y la humedad, apenas queda ninguno. El complejo de Las casas de Ea Astei recupera esta construcción convirtiéndola en un alojamiento para dos construido en madera de alerce y 35 metros cuadrados con las necesidades cubiertas: cocina, baño, cama y salón, además de amplia terraza superior repleta de flores en la que escuchar el trinar de los pájaros y terraza privada inferior donde adorar el silencio del campo. El lugar es perfecto para relajarse y dispone de una zona común con piscina y jacuzzi descubiertos y climatizados para bañarse mirando a las montañas. (Barrio Olagorta, 6, Ea. 946276511/619560 123. www.astei.net)

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