Las casonas de los indianos de Lanestosa

Palacio Colina./I. MUÑOYERRO
Palacio Colina. / I. MUÑOYERRO

Emigrantes que regresaron enriquecidos de Filipinas y América y edificaron grandes mansiones en su villa natal

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

Lanestosa se extiende en un valle boscoso y muy verde, encajonado entre montañas y surcado por el río Calera. Es uno de los municipios más antiguos del Señorío. Además, desde el 6 de junio de 1287 es Villa, privilegio otorgado por Don Lope Díaz III de Haro, Señor de Vizcaya. El valle vivió del comercio y de la ganadería. Y a partir del XIX de las minas de calamina y galena (cerraron en los años 70) que hubo en los montes de Úbal. Una vida exigente que algunos lanestosanos trataron de mejorar en las colonias. Se sumaron a la ola migratoria que comenzó mediados del XIX y llevó a los más emprendedores a Filipinas, Cuba, México, Argentina y otras colonias americanos.

Muchos prosperaron y tras amasar una gran fortuna volvieron. Son los indianos. Fue un regreso escalonado que disminuyó a partir de los años 30. Las Encartaciones; la vecina Cantabria y Asturias están salpicadas por sus palacetes. Construcciones eclécticas, originales, siempre con la palmera en el jardín. Son palacios que a partir de 1900 alteraron la fisonomía rural de Lanestosa y aún mantienen su empaque. Han cambiado de dueño, pero se alinean en la carretera de Laredo, la ‘Milla de Oro’ de la villa.

Un paseo entre casonas

Una mañana de este agosto neblinoso y poco playero es ideal para subir de Laredo por Ramales (sobaos) y llegar a Lanestosa. El casco urbano es reducido y se recorre a pie en cualquier dirección. La opción aconsejada es acudir a la Oficina de Turismo (frente a la iglesia) para recabar información. Si está cerrada un panel frente al puente informa de la ubicación y el nombre de las casonas indianas. Recordar que son particulares y salvo invitación no se visitan.

Cómo llegar

Coche
A-8, salida Colindres. N-629, Ramales y Lanestosa.
Bus
Bizkaibus AO 652, Balmaseda-Lanestosa (8:05-21:05). Alsa línea Santander-Logroño, parada Lanestosa.
Comer
Albergue Casa Oregui. Bar Rosi, tortillas variadas. La Taberna, hamburguesas y bocadillos varios.
Dormir
Albergue Casa Oregui. Tel. 654 941 457/ 946 106 913

Al otro lado del puente nuevo sobre el río se encuentra La Casona. Fue espectacular, ahora está descuidada. La mandó construir el indiano Ramón Gallo Gutiérrez en 1872 y en 1875 la vendió por 40.000 pesetas a Juan Sainz Gutiérrez que había emigrado a Filipinas, donde hizo fortuna con negocios textiles y de banca. Viudo se asentó en su pueblo con sus dos hijas. 

La Casona y Casa Vizcaya.
La Casona y Casa Vizcaya. / I. MUÑOYERRO

A su lado está la Casa Vizcaya. Edificada entre 1910 y 1915 sobre planos del arquitecto Eloy Martínez del Valle por una de las hijas del dueño de La Casona, Vicente Sainz de Rozas. Sigue la casa de José María Valerdi Murúa natural de Lanestosa donde nació en 1845. Huérfano de padres emigró a Guatemala donde destacó con el comercio. Regresó en 1880 con su familia.

La Casa de Antonio Echevarría Ortiz es de estilo vasco-cántabro. Natural de Lanestosa trabajó para la administración del estado como arquitecto en distintas ciudades españolas. En 1902 volvió a su villa y llegó a alcalde. En 1919 se trasladó a Santander y vendió la casa a una de las propietarias de La Casona.

Pedro Martínez González era carranzano (1853). Emigró a Cuba donde tuvo negocios de café y ferretería. Regresó en 1896 casado y con 4 hijos y se instaló en Lanestosa. La vivienda donde residió se finalizó en 1901.

La Casa de Francisco Martínez Zalacaín perteneció a una familia conquense con parientes en Lanestosa. Emigraron al Caribe. Uno de sus hijos amasó una fortuna en Cuba con negocios inmobiliarios. Fue quien retornó.

Casa Martínez Zalacaín.
Casa Martínez Zalacaín. / I. MUÑOYERRO

Dentro del casco urbano, concretamente en la Calle Real está la Casa Sobera. Su dueño era lanestosano (1884) y emigró a América antes de 1900 donde hizo fortuna con fábricas de licores, minas de cobre y ganadería. Falleció en México en 1947. El edificio donde residieron sus descendientes es de cemento y ladrillo que rompe con el estilo indiano.

En frente está la Casa de Gaspar Sainz de la Calleja. Fue edificada en 1892 por este indiano que regresó de México con una gran fortuna. Se instaló en Madrid. Construyó un enorme palacio para disfrutar de las vacaciones y fiestas de su pueblo natal.

Puente Viejo.
Puente Viejo. / I. MUÑOYERRO

Ha pasado un siglo largo desde el regreso de aquellos indianos y muchos más. Sus herederos vendieron las casas y volvieron a irse. Pero la nostalgia es fuerte y cada verano algún descendiente recala en la villa de sus antepasados. Se detiene frente a la casa de su tatarabuelo. Hace fotos,recorre plazoletas y recovecos que sólo conoce de oídas y saluda a parientes lejanos. Y se marcha con la promesa de volver.

El emperador Carlos V

Lanestosa no se agota en las viviendas de los indianos. Es una población muy antigua y tiene otros muchos otros rincones que visitar. Entre ellos destaca el Palacio Colina un excelente edificio civil del barroco encartado.

Fue construido en el año 17161 Juan Antonio Escudero Gilón, un comerciante de Lanestosa establecido en Madrid. Los Colina, nombre del palacio, estaban entroncados con los herederos de Escudero Gilón. Allí pernoctó el Emperador Carlos V (1956). Venía del puerto de Laredo y se dirigía hacia su retiro extremeño del monasterio de Yuste, donde murió el 21 de septiembre de 1558.

El patrimonio arquitectónico incluye el puente viejo construido en el año 1760; la pequeña iglesia de San Pedro, renacentista, y las casas populares de estilo montañés con sus solanas y balcones corridos. La historia más antigua también tiene un hueco en la cueva de Kobenkoba donde está ubicado el Centro de Interpretación de la Prehistoria.

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