Llanada Alavesa: Tierra de paso

El dolmen de Sorginetxe deslumbra bajo un cielo estrellado. /Xabi Urteaga
El dolmen de Sorginetxe deslumbra bajo un cielo estrellado. / Xabi Urteaga

Esta comarca poblada desde tiempo inmemorial conserva tesoros de la época en que fue cruce de caminos entre la costa, la Meseta y Navarra

GAIZKA OLEA

Tenía que impresionar al viajero que durante la Edad Media se desplazaba por la Llanada alavesa, bien porque se dirigía hacia Castilla o hacia los puertos de la costa por el cercano túnel natural de San Adrián o al que iba o venía de Pamplona, la vista de Salvatierra, la vieja Agurain. Una villa en medio de un valle ancho protegido a ambos lados por cumbres escarpadas, alzada sobre una colina y protegida por sus murallas. Era sin duda una visión magnífica, pero también un lugar seguro, en el que ponerse a salvo de asaltantes y bestias o para pasar la noche a resguardo. Perfilada por la silueta fortificada de la iglesia de San Juan, habría en aquella imagen vista desde lejos algo acogedor en la localidad alavesa.

La historia, sin embargo, es traviesa, porque la urbe fundada en 1256 por Alfonso el Sabio sobre una aldea vinculada al reino de Navarra sufrió de lo lindo en el siglo XVI a causa de varias epidemias y un incendio en 1564. La riqueza basada en su condición de parada obligatoria para mercaderías y peregrinos se vino abajo y Salvatierra entró en franca decadencia. Las guerras carlistas le dieron la puntilla y concluyeron con el desmantelamiento de las murallas.

Algo queda de aquel tiempo, sin embargo, en la villa. Los muros han sido sustituidos por viviendas que, de alguna manera, permiten recordar aquel pasado medieval en el que siete puertas guardaban a sus moradores. Pero salgamos del ayer para recorrer el casco urbano, en el que destacan las casas porticadas situadas en la plaza de San Juan, frente a la iglesia. Su aspecto recuerda al de algunas villas castellanas, en el que las columnas de piedra sostienen las viviendas y crean un espacio protegido de la intemperie para vecinos y comerciantes. En Euskadi, las olbeas, que es como se conoce en Salvatierra a las arcadas, son algo casi exclusivo de la localidad.

Desde ese espacio irregular parten las tres calles paralelas que componían la vieja ciudad medieval: Mayor, Carnicería y Zapatari, que reúnen una buena colección de casas blasonadas en recuerdo del poder de las familias que gobernaban la urbe. Los palacios de los Azcárraga o los Bustamante son ejemplos señeros de esas construcciones, que se repite en la sede actual del Ayuntamiento, pintada de un chirriante color entre rojo y morado, que ha 'devorado' la iglesia protogótica (antes del gótico) de San Martín, el edificio más antiguo de la localidad.

Vista de Salvatierra, la iglesia de San Blas, en Alegría, y la cascada de Andoin. / Rafa Gutiérrez y Blanca Castillo

Frescos sin parangón

La oficina comarcal de turismo (945302931) organiza rutas guiadas combinadas que recorren Salvatierra con visitas a las ermitas de Gazeo y Alaitza. Estos dos templos constituyen por sí mismo un motivo para recorrer la Llanada alavesa, pues sus muros están decorados con pinturas tan exclusivas como las olbeas de Salvatierra: no encontrarás en ningún lado ese despliegue de figuras enigmáticas y guerreros salvados de la mano destructora del hombre y la humedad por retablos o una mano de cal.

Al sur de Salvatierra, y muy anterior en el tiempo, es el dolmen de Sorginetxe (casa de las brujas), lo que la emparenta de algún modo con el dolmen de la hechicera de la Rioja alavesa. Descubierto a comienzos del siglo XIX, es uno de los monumentos megalíticos mejor conservados de Euskadi. Lo componen cinco piedras calizas verticales más una a modo de techo y supera los dos metros de altura.

Otra joya megalítica aguarda al este de Salvatierra. El dolmen de Aizkomendi, en Egilaz, es el más grande de los localizados en Euskadi y fue encontrado por un grupo de trabajadores destinados a ampliar la carretera. Fue construido con diez piedras colosales que alcanzan los tres metros de altura y se le calcula unos 5.000 años de antigüedad.

Un castro en lo alto

Volveremos al coche para acercarnos a Alegría-Dulantzi, un pueblo situado en el llano que, sin embargo, llama la atención por el castro de Henaio, situado en un alto que, como Salvatierra, domina el paisaje. Este asentamiento data del milenio anterior a nuestra era y los expertos calculan que fue ocupado durante más de 700 años. Algunas edificaciones han sido reconstruidas para imaginar cómo era la vida de sus pobladores y es posible recorrerlo con guía de la mano de la oficina comarcal de turismo. Dulantzi tiene además patrimonio arquitectónico que invita a un recorrido pausado por la sede del Ayuntamiento, la casa de los Gaona, el convento de Santa Clara y sus iglesias.

Y si te decantas por la naturaleza, algunas recomendaciones. Visita la extraordinaria cueva de La Leze (entre las localidades de Ilarduia y Egino) o las cascadas de Andoin (en terrenos pertenecientes a los concejos de Egino, Andoin e Ibarguren). Desde estas aldeas nacen senderos que permiten, tras una caminata de dos kilómetros, alcanzar estos singulares saltos de agua. O acércate a los robledales que milagrosamente han sobrevivido al hacha, el carboneo y las roturaciones.

Y si te dan las piernas y los pulmones, visita Zalduendo, el pueblo de Celedón, y emprende la ruta marcada hasta el túnel de SanAdrián a través del hayedo. Te esperan las cimas rocosas de la sierra de Azkorri, prados, bosques, vistas y un paisaje extraordinario.

Recomendaciones

El Gordo
El restaurante Jose Mari, más conocido como El Gordo, es un clásico de Salvatierra, no sólo por su buena mano en la cocina, sino porque lleva abierto desde 1893 en manos de varias generaciones de la familia Sáez de Asteasu. Su menú del día es estupendo y en pocos lugares es posible disfrutar de una chuleta (aunque pequeña) de calidad. El local tiene también una pensión con 4 habitaciones dobles con baño, 1 habitación doble especial con baño y habitaciones de baño compartido.Mayor, 69, Salvatierra. Tfno. 945300042. www.restauranteelgordo.com. Menú del día: 11,50 €. Carta: 35 €.
Erausquyn.
Este veterano establecimiento lleva más de dos siglos dando de comer a vecinos y gentes de paso y de la mano del cocinero Juan Gil Ruiz ha dado un paso más en el proceso de modernización del recetario sin perder el aliento tradicional. Este restaurante apuesta por el pequeño productor local y ecológico de acuerdo con la filosofía Slow-Food. Las alubias, las croquetas y las carnes a la brasa son sus platos más reconocidos.Arrabal, 22. Alegría-Dulantzi. Tfno. 945420039. erausquyn.es. Menú del día: 12 €. Carta:35 €
Laua
Langarika es una aldea de unas pocas casas situada a 4 kilómetros de Salvatierra en la que, oh, sorpresa, es posible encontrar un restaurante de nivel que hará felices a quienes quieran alejarse de los platos tradicionales... a cambio de pagar más. La experiencia, sin embargo, merece la pena gracias a una cocina divertida, basada sin embargo en los productos y gustos más tradicionales. Langarika, 4. Tfno. 945301705. www.lauajantokia.com. Menú degustación: 70 €.
Sidrería Araia
Carnes a la brasa como las de la foto, hongos, ensalada y sidra natural de elaboración propia. Poco más conviene decir cuando buscamos un lugar sobre seguro... salvo que seas vegano. Ahora es, además, el mejor momento para disfrutar de un buen vaso de sidra recién escanciada de la kupela. Santsaerreka, 26 Araia. Tfno 945304763. www.sidreriaaraia.es. Carta: 30 €.

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