Vitoria, la ciudad del agua

Un grupo de ciervos atraviesa el humedal de Salburua mientras una bandada de cigüeñas descansa en la orilla. /Blanca Castillo
Un grupo de ciervos atraviesa el humedal de Salburua mientras una bandada de cigüeñas descansa en la orilla. / Blanca Castillo

Naturaleza. Una visita guiada a pie o en bici permite conocer el origen del caudal que abastece los espacios naturales de Vitoria, una ciudad que en el pasado contó con 300 pozos

IRATXE LÓPEZ

Vamos a darle la vuelta al turismo... y a la ciudad de Vitoria. A participar en una visita guiada peculiar. Distinta porque subimos a la bici (aunque también puede hacerse andando) y porque trata de concienciar sobre prácticas responsables de consumo. ¿Quieres conocer cuál es el camino del agua hasta los grifos? Saber nunca está de más, especialmente si el aprendizaje se convierte en diversión, en un pedaleo continuo que visibiliza nuestros buenos y malos hábitos. La cita arranca en el parque de Salburua, declarado Humedal de Importancia Internacional por el Convenio Ramsar en 2002, donde se presenta al público el acuífero cuaternario de la ciudad. «Abarca gran parte de ella y de la Llanada», comienza a narrar la guía, Susana Añarbe. «Pues no lo encuentro, tendré mal la vista», podría comentar cualquiera de los presentes. Su visión es acertada, su comentario también.

Visita guiada

Dónde:
Vitoria
Cuándo y precios:
Todo el año. Jueves y viernes: 18.00 horas. Sábados y domingos: 11.00 h. Duración 2 horas. Precio 8 €, niños gratis. Idiomas Castellano, euskera, inglés y francés. Reservas 618306771 Web www.ainharbeguias.com.

El caso es que hay que intuirlo bajo nuestros pies y las ruedas de la bicicleta, corriendo en un fluir invisible pero constante. «En Vitoria, hasta el siglo XIX, el agua se extraía gracias a más de 300 pozos. Aquí no contamos con mar, tampoco con ríos importantes, pero disponemos de una balsa enorme de agua debajo de la tierra», aclaran nuevas explicaciones. La cantidad de líquido elemento es tal que los edificios locales han de construirse siguiendo las normas de las ciudades localizadas junto al océano, para garantizar así la seguridad.

Unas niñas juegan en la orilla del Zadorra.
Unas niñas juegan en la orilla del Zadorra. / IGOR AIZPURU

Hacen falta sistemas de aislamiento, información que sorprende sobre todo a los vitorianos pues no conocían los secretos que guardan estas entrañas. De ese agua tímida, que se esconde a los ojos, nacen los humedales. «Cuando llueve el acuífero se satura y esa circunstancia provoca inundaciones, en balsas de agua que afloran facilitando la vida de especies y plantas». La humana, presente en la cita, pedalea hasta la próxima parada, Olárizu. Es el momento de disfrutar de las vistas, de detener las explicaciones para saborear el entorno. El ruido y su falta. La brisa que refresca el rostro. Apretado el freno, pies sobre terruño, la siguiente conversación versa sobre ríos.

La fuerza del caudal

Aquí manda el Zadorra pero muchos otros, más pequeños, nutren sus serpenteantes formas. Llegan desde los Montes de Vitoria, hermoso lugar donde nacer. En el Paseo de Batán, hasta el que se ha acercado el grupo, la guía habla del Avendaño, conocido por distintos nombres, lo que hace que muchos vecinos ni siquiera sepan que se trata de la misma corriente. «En esta zona toma esa denominación porque hubo un antiguo batán que pertenecía a un hospicio». La máquina transformaba el tejido abierto en tupido gracias a la fuerza del agua, que hacía mover una rueda cuyo giro activaba un mazo. Ese gran martillo lograba compactar la trama.

Ingenios con ruedas protagonistas eran también los molinos desaparecidos, esenciales para la supervivencia pues moler trigo, conseguir harina, garantizaba la dieta básica. «El agua era imprescindible en la vida diaria de la gente, no solo para beber o limpiar sino para más actividades de las que imaginamos».

Abandonado el lugar, el Parque del Prado aguarda la llegada de los ciclistas aficionados. Hay que advertir en este punto que no siempre la ruta se recorre de igual manera, aunque las explicaciones esenciales sí son las mismas. «Parece mentira pero, en pleno siglo XX, los habitantes de la ciudad debían utilizar aún las fuentes puesto que no existía agua corriente». La afirmación se apoya en fotos obtenidas en los archivos, así el turista se hará una idea de cómo eran estos manantiales cuyo exponente principal brotaba en la plaza de la Virgen Blanca.

Por la Avenida Gasteiz la presencia del río acompaña nuevas andanzas hasta llegar al pie de la colina, donde se aposenta el casco viejo. ¡A descabalgar todo el mundo! Momento de dejar las bicis y seguir caminando. Vitoria se hizo mayor, los años no pasan en balde, por eso aparecieron grandes construcciones como el Depósito de Aguas. Construido en el siglo XIX, sirvió para abastecer a una población que no paraba de crecer, multiplicándose a lo ancho y largo del asentamiento. «El agua venía desde el Gorbea y el inmueble funcionaba como un aljibe. Resulta curioso que eligieran construirlo en la parte más alta de la ciudad».

Consumo de nota

A punto de finalizar la visita, la cicerone plantea examen a la concurrencia. Sin necesidad de estudio, no salga alguien corriendo. Toca dar la vuelta al discurso, reflexionar sobre las acciones propias, evaluarse con ojo de águila para reconocer si favorecemos un mundo sostenible o preferimos obviar los problemas del medio ambiente. Para que a nadie le ataquen los nervios la revisión arranca con buena nota: aunque en la ciudad la población ha aumentado mucho, el consumo de agua ha disminuido.

¿Cómo es posible?, la pregunta se lee nítida en las pupilas de los congregados. Años de campañas y concienciación dan sus frutos. Calan en la mente de los ciudadanos que aprenden lo que se puede y lo que no se debe hacer. «Arreglar las tuberías que llegaban desde los pantanos tuvo mucho que ver. Durante ese recorrido se perdía el 50% de caudal. La gestión eficaz desarrollada por Vitoria, además del anillo verde, le ha otorgado el título de European Green Capital».

Adelantamos algunas cuestiones para estudiantes adictos a chuletas. «¿Cuánto tiempo gastas al día para ducharte?» Si pasas de cinco minutos encenderás el piloto rojo porque, aunque parezca mentira, en ese breve intervalo de tiempo se consumen 60 litros de agua. «¿Y cuánto bebes cada jornada?» Absténganse de chulerías los listos que aseguran tomar solo cerveza. Un litro de agua es lo mínimo que debe entrar en el cuerpo. Para conseguir un solo litro de cerveza hacen falta de tres a cinco litros de agua, pero si tenemos en cuenta la huella hídrica del proceso, que incluye limpieza de máquinas y otras actividades, se llega a los 200.

Total que, entre pitos y flautas, cada vitoriano consume de media 106 litros de agua, un sobresaliente. Más baja es la de los bilbaínos que con 109 mantienen el notable, o los 131 litros de un madrileño que se conforma con el bien.

Por el anillo

Vitoria luce orgullosa el título de Capital Verde Europea. La distinción confirma su interés por proyectarse como una urbe sostenible. Un total de 727 hectáreas rodean casi por completo su contorno uniendo parques periurbanos de valor ecológico y paisajístico gracias a corredores ecorecreativos. La idea es completar el círculo en un futuro no muy lejano con 993 hectáreas, de manera que quien lo desee pueda realizar un circuito completo a pie o en bicicleta. En la actualidad seis parques se dan la mano: Armentia, Olárizu, Salburua, Zabalgana, Zadorra y Errekaleor. La diversidad de ambientes es innegable y, sin duda, merece una visita.

Bosques, ríos, humedales, praderas, campos de cultivos, sotos y setos coexisten sumando ecosistemas, algunos incluso reconocidos internacionalmente como los humedales recuperados de Salburua o el ecosistema fluvial del río Zadorra, parte protagonista de la visita sugerida en este reportaje. Para disfrutarlo existen sendas urbanas de acceso desde el centro de la ciudad. Dentro, la cifra aumenta a 79 kilómetros de itinerarios peatonales y ciclistas.

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