De Donostia a Pasaia: ruta entre dos bahías

El Faro de la Plata, a 163 metros sobre el nivel del mar.
El Faro de la Plata, a 163 metros sobre el nivel del mar.

Atalayas, acueductos, acantilados y bosques dibujan este recorrido senderista que descubrió a Víctor Hugo una Donibane de la que enamorarse

IRATXE LÓPEZ

En Ulia habita el recuerdo, juega al escondite con la brisa, entre las piedras de antiguas edificaciones. Jovial, a pesar del transcurrir de los años, acaricia las rocas que se asoman al mar desde el acantilado, mientras recorre este sugestivo paraje libre de urbanismo ciego al convertirse en proveedor de agua, origen del suministro líquido para quienes vivían en la ciudad.

Pasillo vegetal que une Donosita y Pasaia, por sus senderos han discurrido miles de botas, incluidas las del escritor Víctor Hugo que, sin saber el tesoro que encontraría, salió una jornada de paseo y decidió no regresar para instalarse durante unos días en una Donibane prendida a un brazo del océano, con sus casitas de colores y ese irresistible aire marinero.

Ulia es monte pero también es helecho, brezal y pradera. Quejido de gaviota en el firmamento. Amante acunado por las olas. Conocida antiguamente como la montaña del Mirall, una atalaya dominaba su cima para avistar ballenas, vigilar dominios próximos, defender el territorio y socorrer a los navíos guiándolos a buen puerto. Después, edificaciones e infraestructuras dispares se sumaron a su paisaje rocoso, baterías, acueductos, túneles… tranvías, teleféricos e incluso un parque de atracciones que ya no está.

Información útil

Dónde:
Desde Donostia a Pasaia.
Ruta:
Sendero Talaia, GR-121 Extensión 9,6 km.
Duración:
3/4 h.
Regreso en autobús:
Desde Pasai San Pedro E-09, desde Pasai Donibane E-01
Información:
San Sebastián Turismo, 943 48 11 66, Web:www.sansebastianturismo.com

Por eso, y por la belleza circundante, recorrer esta senda es a la vez un premio y una obligación. Partir desde el final del Paseo Nuevo, en el extremo más oriental de la bahía de la Concha, donde la espuma reta a los muros. Salir del puerto para obedecer el sendero Talaia, el GR-121. Finalizar en Donibane después de tres o cuatro horas. Y regresar en autobús, si se está cansado.

Aquarium y Museo Naval marcan el punto de partida, antes de encarar Portaletas, antigua puerta de la muralla, y acceder a la parte vieja de la ciudad continuando por las calles Mari, Virgen del Coro y 31 de Agosto, donde se suceden los principales edificios religiosos. Al acabar la playa de la Zurriola otro templo, la iglesia del Corazón de María, marca el ascenso a Ulia. Pronto llegarás a una revuelta con excelentes vistas sobre la ciudad, si la vegetación lo permite. Allí estuvo instalada una batería desde la que tropas aliadas al mando de Wellington bombardearon la ciudad en 1813.

Tocan ahora bosque tupido y pinos, escalones escavados en la piedra, antes de que en Kutralla gaia la panorámica cambie. Aparecen los primeros acantilados desde donde observar la punta de Monpás, con el fuerte construido a finales del XIX en la guerra contra Estados Unidos por Cuba. Tras él, suave descenso hasta la fuente Kutralla, jardín de hortensias asilvestradas. Y la 'Avenida de Josetxo', homenaje a Josetxo Mayor, quien durante décadas acondicionó voluntariamente los caminos de la zona.

Embarcadero de Donibane con la figura de la batelera a la izquierda / Peña del Ballenero, desde donde se avistaban los cetáceos / Vistas desde los acantilados del monte Ulia.

El bosque se abre después para vislumbrar la Punta de Animeta y las rocas de Atalaundi. Con cielo despejado alcanzaremos a ver Biarritz y Las Landas. Alrededor se salpican, aferrados a la tierra, los melojos, árboles que antes cubrían la mayor parte del monte. Entre teatrales rocas que esculpió el viento. «La arenisca es la piedra más divertida y la más extrañamente modelada que existe. No hay aspecto que no adopte, no hay capricho que no tenga, no hay sueño que no realice; tiene todas las caras, hace todas las muecas», escribía Víctor Hugo.

La cultura del agua

Donostia y Pasaia son hermanas del mar. Por eso juntas contienen cinco museos dedicados al océano y sus gentes. Uno: Aquarium de San Sebastián, con especies del Cantábrico y tropicales. Dos: Museo naval, para conservar y difundir la historia y patrimonio marítimo vasco. Tres: Museo San Telmo, donde interpretar la vida y transformación de la sociedad vasca. Cuatro: Albaola, sede en la que reconstruyen la nao San Juan con patrocinio de la UNESCO. Cinco: Museo Víctor Hugo, casa en la que residió el genial escritor el verano de 1843, enamorado de bateleras y pescadores.

Un Ulia tupido de vegetación marca ahora la senda, que rodea la salvaje cala Murgita, punto de encuentro para contrabandistas. Desde la zona de Mendiola surgen los caminos del agua, restos de acueductos y túneles construidos en el XIX para tomar prestado el transparente líquido de riachuelos y manantiales. Y el Faro de la Plata, a 163 metros sobre el nivel del mar.

Ulia, Jaizkibel, Urgull y la isla de Santa Clara fueron antes un solo monte que alcanzaba hasta Zumaia. La ría de Pasaia lo fracturó, imponiéndose como fondeadero natural. El pequeño faro de Senokozuloa y Albaola preceden ya a San Pedro. Las vistas, casi iguales que las contempladas por el escritor francés.

«Una cortina de altas montañas verdes recortando sus cimas sobre un cielo resplandeciente; al pie de esas montañas, una fila de casas estrechamente yuxtapuestas, todas estas casas pintadas de blanco, azafrán, verde, con dos o tres pisos de grandes balcones, mil cosas flotando, ropa secándose, redes, harapos rojos, amarillos, azules, al pie de esas casas, el mar (…) una vida, un movimiento, un sol, un azul, un aire y una alegría inexpresables; he aquí lo que tenía delante». Y una barca para cruzar a Donibane donde recordar mirando al agua lo vivido. Para saborear el final de la ruta.

Dónde dormir

Hotel Barceló Costa Vasca. Cerca de la playa de Ondarreta, este moderno hotel urbano ofrece una espléndida zona ajardinada con hamacas y piscina de dimensión semiolímpica, donde relajarse tomando un cóctel. Cuenta, además, con aparcamiento privado, lobby-bar y restaurante de cuidada carta. Entre sus múltiples ventajas, para mimar cuerpo y mente, abre un centro wellness de 220 metros cuadrados, donde aprovechar aguas y masajes; y otro de fitness para el ejercicio. Viajeros que se acercan a la ciudad por negocio o los que llegan por placer encontrarán aquí su lugar de descanso, muy cerca del Peine de los Vientos. (Avenida Pio Baroja 15, San Sebastián. 94 331 79 50.

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