Voz para el legado de Olaguíbel

El encargo que recibió Olaguíbel se centraba en la plaza de España./Jesús Andrade
El encargo que recibió Olaguíbel se centraba en la plaza de España. / Jesús Andrade

Un programa de visitas guiadas descubrirá los días 24 y 25 de este mes la obra del «universal y desconocido» arquitecto vitoriano

María Rego
MARÍA REGO

El tráfico, las prisas, la rutina impiden escuchar la lección de historia que a diario relata Vitoria a través de infinitos rincones. El legado arquitectónico que Justo Antonio de Olaguíbel dejó en su unión del Casco Medieval con el Ensanche decimonónico habla, por ejemplo, de espacios pensados para el peatón, de edificios que ganan altura para financiar una obra, de complejas intervenciones de saneamiento y, sobre todo, de una ingeniosa idea para salvar los 22 metros de desnivel que hasta finales del siglo XVIII separaban el punto más alto del mapa local de la plaza de España. El programa de actividades diseñado en torno al bicentenario de su fallecimiento dará voz al proyecto de este vitoriano los próximos días 24 y 25 a través de varias visitas guiadas.

Los recorridos promovidos por el Ayuntamiento y desarrollados por la firma ‘Vitoria se mueve’ con el fin de «sentirnos orgullosos» de Olaguíbel tomarán La Mirada, el monumento de Ibarrola que preside la plaza General Loma, como punto de partida. Allí, donde se levantaba la puerta de Santa Clara, se sitúa al visitante –las rutas tienen al vitoriano como público objetivo– en los años previos a la actuación de este arquitecto criado en la calle Pintorería. «Era una ciudad complicada», describe el guía, Jesús Ricarte, durante la prueba piloto del recorrido. Hay que imaginarse una urbe salpicada por «barreras» para la accesibilidad, que permitía el derribo de pedazos de la muralla en favor del crecimiento urbanístico y cuyas calles no gozaban precisamente de gran salubridad.

Un creador «sobresaliente»

En ese contexto, cuenta, nace la Escuela de Dibujo –germen de Artes y Oficios– en 1774. El 1% de quienes entonces conformaban el censo de la capital alavesa (72 de unos 7.000) se apuntaron a sus clases, entre ellos, Olaguíbel, que despuntaría por su «trabajo sobresaliente» durante su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. «Dibujaba fantásticamente y un día recibió una carta del alcalde, el Marqués de la Alameda, que le reclamaba para hacer una plaza para las ferias», recuerda Ricarte, acompañado de un cuaderno de ilustraciones, tras detenerse en la iglesia de San Pedro o Montehermoso.

Los datos

Qué.
Visita guiada ‘Justo Antonio de Olaguíbel, el arquitecto’. En castellano y euskera.
Cuándo.
24 y 25 de febrero. A las 10.00 y a las 17.00 horas (6 euros), y a las 12.00 habrá una ruta teatralizada (10 euros). Menores de 11 años, gratis.
Dónde.
Desde la oficina de Turismo, en la plaza de España.

En una parada al comienzo de las escaleras de San Bartolomé descubre que el encargo de la plaza de España derivó en un ambicioso proyecto a cinco niveles –desaparece así el «barranco» que descendía desde el Casco Medieval– con ideas «muy interesantes» para la época. Desde los trabajos de saneamiento «donde no se volvió a intervenir hasta los años 80 con Cuerda» a las covachas que se esconden bajo la plaza del Machete o el corredor cubierto que se creó con Los Arquillos para que los vitorianos «pasearan sin sufrir los rigores terribles del Norte» y que sumó una altura más de viviendas para que su venta ayudara a sufragar la obra.

La actuación del «universal y desconocido» Olaguíbel se redondea con el cuadrado perfecto de la plaza de España, «una belleza» a ojos del guía que pocas versiones «con tanta calidad» encuentra en Europa. En este rincón rematado en 1796, expone, se ejecutó «la primera peatonalización» de la ciudad –no se permitía la entrada a carruajes ni caballerías– pues el arquitecto deseaba que fuera «para el ciudadano, para que lo disfrutara».

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