Los ‘zigzags’ del PNV

Defender un referéndum legal y pactado supone una enmienda a la’vía secesionista catalana’

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Atrapado por la pinza de sus contradicciones. En el peor momento de Cataluña, pero el mejor momento de Euskadi. El PNV, en el Día del partido, cuando suele destapar el tarro de las esencias más radicales para justificar su desdoblamiento tradicional entre la praxis y sus ensoñaciones, volvió a hacer una pirueta. Tras una semana llena de ‘volantazos’ en sus mensajes políticos quiso situarse en el punto intermedio. El lehendakari Urkullu, en plena tormenta secesionista catalana, ofreciéndose como puente entre los rebeldes del Parlamento catalán que quebraron la legalidad el pasado 6 de setiembre y el Gobierno de Rajoy con el que no le gustaría tener que romper su relación bilateral. Entre otras cosas porque las contrapartidas obtenidas en los Presupuestos del año pasado fueron sustanciosas.

Pero la actuación judicial y policial que el Estado democrático ha desplegado contra los independentistas está provocando un ciclón de presiones tan intenso que le impide mantener un diálogo fluido con el Ejecutivo de Rajoy, como si tal cosa. De ahí sus ‘zigzags’ durante toda la semana. En el pleno del Parlamento vasco, el lehendakari marcaba distancias del proceso catalán, en las formas, a la vez que reivindicaba un trato de cosoberanía y al día siguiente su portavoz Erkoreka, el mismo que hacía unos días había reconocido que sería «una irresponsabilidad» dejar de negociar con el PP por el conflicto catalán arremetía contra el Gabinete de Rajoy y las 37 transferencias pendientes. Le reprochaba el « ninguneo» (vaya palabreja para ser utilizada por políticos tan ilustrados, por cierto) sobre la «singularidad histórico-política de Euskadi». Una contradicción de tamaño sideral si se tiene en cuenta que el propio presidente del PNV, Andoni Ortuzar, lleva años diciendo que en Euskadi ya vivimos «como si» fuéramos una nación.

Pero la presión es inmensa. La de los independentistas catalanes, la de los vascos e, incluso, la de ‘casa Egibar’. Y tiene que seguir haciendo equilibrios. Pero en el ofrecimiento del diálogo entre el Estado y los secesionistas catalanes no parece estar dispuesto a invitar a Puigdemont a que imite la ‘vía vasca’, por ejemplo. Que no es otra que la pactada y legal. Es más cómodo, pensando en quienes le presionan, criticar al Gobierno por «provocar un escenario de escisión social».

Esa estudiada distancia, sin embargo, tiene sus riesgos. Pactar los Presupuestos en Madrid fue una maniobra que comportó tantos beneficios para Euskadi que algunos partidos políticos volvieron a recuperar el discurso de los agravios comparativos. Por eso Andoni Ortuzar insiste en mantener esa vía abierta mientras Alfonso Alonso se pregunta qué pasará con los 200 millones de euros que paga Mercedes que a partir del 1 de enero pueden dejar de percibirse si no se renueva el acuerdo.

Son maniobras conocidas pero las de ahora se están produciendo en momentos de máxima tensión provocada por el secesionismo catalán. El PNV no va a entrar en la aventura de la moción de censura contra Rajoy ni en ninguna derivada de la operación anti PP que están orquestando los independentistas catalanes de común acuerdo con EH Bildu y Podemos. Pero no quiere que, por haber criticado la falta de garantías del referéndum, se le alinee con el PP.

Puede ser que la propaganda secesionista esté ganando la partida al Estado. Son mejores publicistas, mejores manipuladores de conciencias, mejores ilusionistas de mentes confusas. El Estado es mucho más poderoso porque le asiste la fuerza de la ley. Pero suspende en la asignatura de la agitación y propaganda. Le falta presencia argumental. Por mucho que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría recurra a Cicerón en sus discursos de las Catilinarias para emplazar a Puigdemont preguntándole hasta cuándo piensa abusar de nuestra paciencia (‘quosque tamden abutere patientia nostra?’) los partidos constitucionalistas, presos de sus complejos, siguen careciendo de un discurso potente y persuasivo. Como los que pronunció Gordon Brown en el referéndum de Escocia que fueron tan influyentes en el resultado, según los expertos.

Quizás después de un tiempo, cuando le baje la fiebre a Puigdemont y sus socios ellos mismos reconocerán su campaña engañosa. De momento, hasta el 1-O por lo menos, el PNV seguirá con su doble juego. Pero defender un referéndum legal, pactado y con garantías viene siendo, ya, una enmienda a la totalidad a la vía unilateral catalana. Aunque lo cuenten de otra manera.

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