El WhatsApp homófobo

¿Hasta dónde ha llegado el ‘queme’ que algunos sienten ante la proliferación impune de los discursos intolerantes?

Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Los progresos tecnológicos muestran siempre la mejor y también la peor cara de nuestra sociedad. Pienso en la oleada de WhatsApps que he estado recibiendo en mi móvil contra la fiesta mundial del Orgullo Gay. El hecho de que la capital de España fuera elegida este año como sede de esa celebración ha movilizado a nuestra tecnomensajería más reaccionaria. Ha convertido el WhatsApp homófobo en todo un género. Yo es que no recuerdo algo parecido desde los SMS del «Pásalo» en las elecciones de 2004, lo que me hace pensar que detrás de esa campaña ha habido verdadera organización. Pero lo que más me ha llamado la atención no es que la llegada a España del WorldPride ponga de los nervios a los retrógrados y extremistas de siempre, sino que hayan picado y tragado el anzuelo de éstos unos paisanos que te asan todo el día a WhatsApps contra la intolerancia de signo islámico o abertzale, comunista, populista o secesionista, en nombre de la igualdad y la libertad de los españoles. ¿En qué quedamos? ¿Hasta dónde ha llegado el ‘queme’ que algunos sienten ante la proliferación impune de los discursos intolerantes? ¿Hasta comprar la homofobia en el lote del hartazgo y volverse intolerantes ellos también?

Afortunadamente, no todo es fanatismo. En ese triste contexto he recibido de Esteban Ibarra, el presidente del Movimiento contra la Intolerancia, un WhatsApp que homenajea al genio británico Alan Turing, el padre de la informática que salvó millones de vidas descifrando los códigos nazis en la Segunda Guerra Mundial y al que su país le pagó los servicios prestados con una condena de cárcel por homosexual que sólo pudo eludir sometiéndose al método de castración química que le llevaría al suicidio en 1954. No me imagino, la verdad, a Alan Turing ni a Luchino Visconti, ni a Leonardo da Vinci, ni a Oscar Wilde (otro procesado por la misma causa) danzando con un tanga en la fiesta madrileña del Orgullo Gay. Creo que su genialidad y su sensibilidad iban por otro lado. Como creo también que el rechazo estético que pueda inspirar esa celebración no justifica su condena ética. Si el problema es el mal gusto, habría que suprimir cientos de festejos inspirados por el erotismo heterosexual y la tradición más hortera a lo largo y ancho de la hispánica piel de toro.

No. Estar en la denuncia de los rasgos totalitarios de los populismos antisistema o de los nacionalismos etnicistas, como tener un hondo sentido patriótico, no conduce al mal gusto del WhatsApp homófobo sino a lo contrario, a la rebelión contra cualquier forma de menosprecio a un grupo de personas, de ciudadanos, de compatriotas. La gran paradoja de toda esta propagación tecnológica y viral del prejuicio es que es hija de la misma ciencia de la que Turing fue precursor. Dicho de otra forma, el WhatsApp homófobo no existiría si no hubiera existido antes aquel ilustre gay.

Fotos

Vídeos