A vueltas con las pensiones

El Gobierno insiste en medidas para frenar el gasto y sigue sin actuar sobre los ingresos

A vueltas con las pensiones
EL CORREO

Garantizar el futuro del sistema público de pensiones es uno de los grandes desafíos nacionales. La dimensión y complejidad del problema aconseja huir de soluciones simplistas o abiertamente demagógicas, como los nuevos impuestos a la banca planteados por el PSOE. También es conveniente alejarse de la tentación de plantear fórmulas que inciden solo en una inevitable moderación del gasto y olvidan el reto ineludible de elevar los ingresos para evitar el colapso de las cuentas de la Seguridad Social. La propuesta del Gobierno de ampliar a toda la vida laboral el periodo que se utiliza para calcular la cuantía de las prestaciones va en la primera dirección. La iniciativa es mucho menos amable de lo que hizo ver la ministra Fátima Báñez. A falta de que se concreten sus detalles, es incuestionable que beneficiaría a los trabajadores que han perdido su empleo -y, por lo tanto, han dejado de cotizar- en los años próximos a la edad legal de retiro. Sobre todo si, como ha anunciado el Ejecutivo, se elimina el cómputo de algunos ejercicios -un número aún por determinar-, los más desfavorables para los interesados. Pero, en la mayoría de los casos, la reforma recortaría de forma inexorable las nuevas prestaciones al extender los años que sirven de referencia para determinar su importe -ahora se utilizan los últimos 21, que se elevarán a 25 en 2022- e incluir así bases de cotización más bajas: las de los primeros ejercicios de experiencia laboral. Se trata, por tanto, de una nueva medida de ahorro, que se suma a las ya aplicadas desde hace años. Los letales efectos del envejecimiento de la población sobre el sistema ha puesto sus cuentas contra las cuerdas. Pese a los sucesivos recortes, el gasto en pensiones se ha disparado un 56% en una década, ha devorado el dinero reservado en la ‘hucha’ habilitada para situaciones críticas y obliga -nadie lo discute- a adoptar decisiones impopulares. Pero esta nueva vuelta de tuerca de nada servirá si no se complementa con otras iniciativas. Blindar el futuro de las pensiones pasa por impulsar la creación de empleo. Por mejorar los salarios. Y por financiarlas, antes o después, vía Presupuestos con impuestos. Ya sea gracias a una mayor actividad económica, tipos más altos o ambas fórmulas a la vez (la alternativa es un brutal tijeretazo a otros gastos del Estado). Sólo así será posible mantener unas prestaciones dignas que, a medio plazo, resultarán más bajas que las actuales. Algo tan seguro como injusto para las nuevas generaciones. Pero ignorar la realidad no ayuda a evitarla.

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