la cuenta atrás catalana

PP y PSOE cierran filas contra el desafío soberanista, como cabía esperar, pero Sánchez no se resigna al choque de trenes

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Estamos en plena cuenta atrás. Faltan exactamente 86 días para el choque de trenes. Para ese referéndum independentista que los soberanistas catalanes han convocado para el 1 de octubre próximo y que el Gobierno central ya ha dejado claro no permitirá de ninguna de las maneras por su carácter inconstitucional.

En este delicado contexto ayer se vieron las caras en La Moncloa el jefe del Ejecutivo español y el líder de la oposición, un año después de su última cita. Tras dos horas y media de diálogo, fructífero para ambas partes, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez escenificaron a través de sus portavoces, Méndez de Vigo y Margarita Robles, el esperado cierre de filas contra el desafío secesionista. Eso sí, con matices.

No sé si el propósito del presidente y líder del PP era, es, quedarse cruzado de brazos, marcharse de vacaciones en agosto, y limitarse a activar al Tribunal Constitucional o a la Abogacía del Estado cuando las autoridades catalanas pasen de las palabras y los anuncios a los hechos. Es decir, cuando oficialicen la convocatoria de la consulta, con los movimientos en paralelo que ello conlleva: desde la elección de los colegios y los miembros de las mesas electorales, hasta la compra de las urnas o la confección de las papeletas.

Si fuera así sería señal de que Mariano Rajoy ha llegado a la convicción de que no hay margen de maniobra para desactivar el conflicto. Bien porque él no está dispuesto a poner nada en el platillo para que los secesionistras meditan y vean si mueven ficha. Bien porque ya lo ha hecho en privado en estos últimos años sin encontrar una respuesta positiva.

Pedro Sánchez se niega a darlo todo por perdido desde ya. Cree que el Gobierno del PP no ha sido lo proactivo que debiera para intentar desactivar el conflicto y le exige que, en lugar de quedarse quieto atrincherado, mueva ficha.

Si el presidente declinara hacerlo, el secretario general del PSOE presentaría «iniciativas legislativas» en el Parlamento para intentar, primero evitar el choque de trenes, y luego solucionar el conflicto político con Cataluña.

¿Cual es su receta secreta? Los socialistas declinaron concretarla ayer, pero es evidente que entre el paquete de medidas que barajan para impedir que se produzca el choque de trenes figuran su ya famosa reforma de la Constitución en clave federal y la sustitución del actual modelo de financiación autonómica por otro más ajustado a las necesidades de Cataluña.

Visto el punto al que han llegado las cosas el planteamiento de Sánchez puede sonar a mero buenismo político. Parece muy improbable que una oferta basada en mimbres como los enunciados fuera suficiente para frenar el desafío lanzado por el sector más radical del soberanismo catalán.

Aun así la política está obligada a intentarlo hasta el último segundo. En este caso el Estado deben verificar si los sectores más templados dela antigua Convergencia aguardan un cabo así al que asirse para bajarse del tren. Un desmarque en las filas soberanistas a estas alturas podría resultar determinante.

Mientras el independentismo va de revés en revés con su chapucera hoja de ruta. El último llegó ayer mismo. El Consejo de Garantías, una especie de Constitucional a la catalana, concluyó que el proyecto de Ley de Referéndum del Govern Puigdemont no se puede aprobar en lectura única, impidiendo a la oposición enmendarlo y posicionarse. Es decir, ejercer sus derechos democráticos. Menos mal.

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