Vivir en 'Black Mirror'

Es una lúgubre reflexión, llena de humor negro, sobre la alteración de la existencia humana mediante excesos con nuevas tecnologías

La serie 'Black Mirror'./
La serie 'Black Mirror'.
Juan Bas
JUAN BAS

Acabo de disfrutar de la cuarta temporada de la serie ‘Black Mirror’. Su artífice y guionista, Charlie Brooker, continúa en forma. Quizá sus ideas sorprenden ya menos, pero siguen brillando. Cuando descubrí la serie, hace cinco años, era minoritaria, lo que se llama una serie de culto. Me deslumbraron aquellos tres breves capítulos con historias independientes. Una breve sinopsis: para que una popular princesa sea liberada por sus captores, el primer ministro tendrá que mantener relaciones sexuales con una cerda, sin trampas y en directo, en un programa de la BBC de máxima audiencia; en una especie de atroz mundo feliz de Aldous Huxley, la gente acumula puntos dando pedales en bicicletas estáticas que algunos gastan en intentar participar en una versión radical del concurso televisivo ‘Tú sí que vales’, donde el público virtual son los avatares de la población esclava; una morbosa historia de infidelidad conyugal se descubre porque cada persona lleva incorporado un dispositivo que permite ver y que se proyecte a terceros todas las imágenes de los hechos de su vida.

‘Black Mirror’ es una lúgubre reflexión, llena de humor negro, sobre la alteración de la existencia humana y la estructura social mediante excesos con nuevas tecnologías. A medio camino entre el realismo, lo fantástico y la mejor ciencia ficción, los argumentos están determinados por internet, el poder de la comunicación audiovisual y el inquietante mundo de lo virtual cuando entra en lo real y lo suplanta o altera. Ese espejo negro metafórico es la pantalla, las diversas pantallas que rigen las relaciones, los negocios, el poder, los escándalos, la información al instante, el protagonismo tecnológico y la manipulación en el siglo XXI. Un espejo negro no en el sentido de opacidad, sino del agujero negro que atrae y se lo traga todo y lo devuelve mutado al otro lado de un espejo que está en todas partes y en ninguna.

Pero, ¿es ciencia ficción ‘Black Mirror’ o tan solo anticipación? En la ciudad china de Rongcheng el Partido ha llevado a la práctica una de las ideas más logradas y perturbadoras de un capítulo de la tercera entrega de ‘Black Mirror’. En la ficción, que ya no lo es, la gente se califica entre sí dándose o quitándose puntos con los móviles, lo cual tiene consecuencias en la vida práctica: tener preferencia para subir a un avión o no ser atendido en urgencias si te han calificado bajo. En China, donde el Partido controla internet, se sigue el rastro de los ciudadanos por la red, incluidas sus prácticas comerciales. Los calificados por el poder como AAA viven bien y gozan de ventajas; los que pierden puntos por sus malos hábitos y caen en la D, tienen problemas. Si este monstruoso sistema de control y purga funciona, los chinos tienen pensado emplearlo en todo el país para 2020.

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