UN VIRUS DE INQUILINO

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Puede que las certezas resulten aburridas. En tal caso los vitorianos haríamos bien en mirar nuestro Ayuntamiento como un parque de atracciones donde se pre-cocinan sobresaltos e incertidumbres. Aludo hoy al proyecto municipal de presupuestos como ayer escribí sobre la gestación interrumpida, ¿o no?, para extender el metro ligero hasta el campus universitario y vayan ustedes a saber mañana el contenido de la siguiente polémica. Cavilo esta ciudad, en términos de rencillas políticas, como una metáfora del movimiento planetario en torno al sol. Si a cada día le sucede la noche aquí nada cambia, siempre es lo mismo y todo parece igual.

Las autodenominadas ‘fuerzas del cambio’ unidas para derrocar al, en las urnas de 2015, triunfal Javier Maroto nos prometieron una atmósfera nueva que vendría a despejar tantos rayos eternos y más truenos sonoros. Pero debe de haberse instalado, con años ya de antigüedad, un virus nocivo en la Casa Consistorial que impide renovar el aire en el salón de plenos y en las dependencias donde se reúnen las comisiones. Será una especie de bacteria maligna que ha atascado, y me remonto a lustros, los conductos de la conveniente ventilación. Nada, que sigue el mismo hedor a bronca inconfundible.

¿Culpables? Todas las formaciones, en mayor o menor medida según el gobernante de turno. Porque en este microclima político, en esta especie de isla inaudita -permítanme el homenaje al maestro Eduardo Mendoza al adoptar el título de una obra suya- el tenedor de la makila se convierte ipso facto en el muñeco del pim-pam-pum que cae abatido en los tenderetes de la feria.

¿Qué si saldrá adelante, aun con las oportunas reformas, el plan económico de 2018? Suba al escenario el adivino. El PP se ofrece a pactar los gastos con el Gobierno después de contribuir a la aprobación de los ingresos. Pero después del súbito regate con el tranvía, ¿quién sabe a qué carta quedarse? Y la que sentó a Gorka Urtaran en el trono, léase Miren Larrion, no parece dispuesta ahora a jugar con él a las sillas.

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