Violencias

Violencias
EFE
Juan Carlos Viloria
JUAN CARLOS VILORIA

Una de las claves que determinarán la gravedad de las acusaciones y reproche penal consiguiente contra los investigados por el ‘procés’ será si en la rebelión, sedición o conspiración practicada para crear un nuevo Estado con forma de república de Cataluña se recurrió o no a la violencia. La instrucción judicial sobre los miembros del Gobierno ahora cesados y la Mesa del Parlament está abriendo un complejo debate sobre el alcance y las características de la violencia normalmente asociada a hechos de consecuencias físicas visibles y palpables. Porque, precisamente, los organizadores civiles y políticos que han ido construyendo las diferentes etapas de la insumisión política y popular envueltos en la bandera independentista se esforzaron con denuedo desde el primer momento en proclamar su movimiento como pacífico, civilizado, democrático, «alegre», como contraposición a la imagen clásica de los procesos de ruptura y sedición.

El desaparecido fiscal Maza sostuvo en su momento que la violencia, para existir, no tiene que ser necesariamente física. Que las concentraciones multitudinarias tienen una violencia potencial y una fuerza intimidatoria suficiente como para ser consideradas violencia sin paliativos. Los acusados han insistido en sus escritos y declaraciones de defensa en reiterar su desacuerdo contra la violencia o en contra de propiciar actos violentos. Incluso han recurrido a esgrimir convicciones religiosas y morales en esta dirección. Pero no están logrando convencer plenamente a los instructores de la Audiencia Nacional, primero, y del Tribunal Supremo, más tarde, porque olvidan que sus directrices políticas o callejeras propiciaron en su momento un referéndum ilegal y movilizaciones tumultuarias organizadas.

¿Son violencia estas manifestaciones? ¿Son coactivas respecto a otra parte de los ciudadanos? ¿Y los ‘escraches’ a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad? En plena campaña electoral y tras un largo proceso de tensión social, movilizaciones de uno y otro signo, presión sobre las instituciones judiciales, declaraciones políticas con un alto contenido hiperbólico en el lenguaje, la otra reflexión debe centrarse sobre si la palabra siempre está exenta de violencia. Según la psicología clínica, la violencia en el lenguaje es una de las formas de agresión más nocivas. Por una parte deja huellas que tienen repercusión durante muchos años, y por otra, la violencia en el lenguaje es frecuentemente ocultada o legitimada. Animalizar al otro (‘panda de sarnosos’, Quim Masferrer); usar hipérboles para emociones negativas (‘España nos roba’); la reiteración extrema de quejas y eterna repetición de fórmulas recriminatorias (‘No nos dejan votar’) no son lenguajes destinados a favorecer la comprensión, sino dispositivos destinados a la agresión.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos