Vida en alta mar

Cabe la posibilidad de que las gaviotas de la canción viniesen todas a Bilbao

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Yo cada mañana abro la ventana y me lo digo aún medio dormido: «Cómo habrá sido tu vida de aventurera para que amanezcas hoy aquí, en este puerto de la Costa Malabar donde las velas de los galeones apenas te dejarán ver el cielo y te cruzarás con balleneros, contrabandistas, corsarios y viejos lobos de mar. Comienza un nuevo día. Tras ajustarte la pierna de madera, deberías prepararte una buena pipa de enebro y preguntar en la Taberna del Berberecho Loco si algún barco ha traído noticias de Nantucket».

Luego ya me desperezo y vuelvo en mí y me doy cuenta de que no estoy en un puerto del Índico, sino en Bilbao. Incluso sospecho que puede mi vida no haber sido tan aventurera. Vivo a unos trescientos metros del lugar donde nací. ¿Cómo puede ser entonces que despierte cada mañana en un puerto extraño, como Corto Maltés? La respuesta tiene que ver con la música. Abrir la ventana es asistir a un concierto enfebrecido de gaviotas. Son muchas y graznan por todo lo alto, de un modo exultante, chiflado exhibicionista. Sobrevuelan el cielo de Bilbao como buscando problemas. No parece muy normal. Si lo fuese, la gente no les sacaría fotos.

Lleva tiempo advirtiéndose de la presencia inusual de gaviotas en la ciudad y el Ayuntamiento indicó en enero que preparaba un plan para controlar un poco esa demografía voladora. A comienzos de mes, se dijo desde fuentes municipales que la población de gaviotas no era sin embargo preocupante. Vaya. En estas fechas veraniegas hay momentos en los que en el centro de Bilbao parece haber más gaviotas que bilbaínos propiamente dichos. Pero quizá no sea preocupante. Tampoco son pterodáctilos. Aunque en las alturas del solárium de la Alhóndiga ya hay quien ha abierto los ojos y se ha llevado un susto. Lo que tenía sobre la cabeza era media película de Hitchcock.

La falta de comida hace que las gaviotas se internen tierra adentro y aniden en las ciudades. No parece la clase de comportamiento que aminore por sí solo. El ruido y los excrementos son parte del problema. Y que cualquier día vemos a una gaviota sobrevolando Indautxu con un chiquillo colgado del pico. Con lo de la gestación subrogada, ni siquiera sabremos qué ocurre exactamente: una recogida, una entrega, una merienda cena.

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