Victoria de Merkel

La canciller alemana es un factor de relevancia continental que concierne a todos los europeos

EL CORREO

La victoria de la Unión Cristiano-Demócrata y su socio bávaro (CSU) con Angela Merkel como candidata a la Cancillería alemana es una excelente noticia para Europa. Merkel ha perdido apoyos respecto a las elecciones de 2013, pero podrá formar un nuevo gobierno de coalición tras la elección legislativa. Los socialdemócratas, encabezados por Martin Schulz, se quedaron muy lejos de sus mejores cifras y han sido segundos y, como genuinas novedades de la jornada, hay que anotar la vuelta de los liberales al Parlamento y, sobre todo, la entrada en el Bundestag de la extrema derecha nacionalista de Alternativa por Alemania (AfD), según los primeros resultados conocidos. El desenlace electoral anuncia el final de la gran coalición del bloque CDU-CSU con los socialdemócratas. Un factor clave al respecto es la recuperación del partido liberal (FdP), que no había alcanzado hace cuatro años el 5% de votos, mínimo exigido por la ley para entrar en el Bundestag, pero aporta hoy un número de diputados muy útil para la eventual formación de un ejecutivo estable. Este escenario prueba que Angela Merkel ha perdido votos por haber asumido el desafío capital que aceptó como arriesgada estrella de la legislatura que ahora termina: la gestión del aluvión de refugiados que llegaron a Alemania como resultado de la crisis multilateral en el Oriente Medio. En lo que puede describirse como una mezcla de deber moral, sentido del Estado y de la historia y afirmación personal, ella ha dado con su conducta una lección inolvidable a un continente vacilante sobre cómo afrontar un desafío de tal calibre. Ciertamente, esta política de acogida ha ayudado a la extrema derecha ultranacionalista a encontrar argumentos elementales, pero eficaces, y a recoger hoy suficiente respaldo para que la AfD, tras obtener avances muy significativos en comicios regionales, entre en el Parlamento federal, lo que exige disponer de un mínimo del 5% de votos. Pero también es seguro que la llegada al Bundestag de un partido que no oculta ya ciertas añoranzas nazis le aconsejará reflexionar sobre su conducta y la inquietante relectura de la historia nacional puesta en marcha por sus dirigentes más radicales. En un contexto marcado por las grietas que el proyecto europeo acusa en países como Polonia o Hungría, por no hablar del Brexit, la clara reelección de Angela Merkel es un factor de relevancia continental que, de hecho, concierne a todos los europeos. Su victoria de ayer confirma su carrera y su condición de indispensable forjadora y administradora de la gran Europa solidaria, liberal y fuerte que en estos días de inquietud e incertidumbre es tenida por literalmente indispensable.

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