Por las víctimas

No cabe un relato neutro respecto a la trayectoria etarra. Fue injusta y cruel, y lo sigue siendo cada vez que la izquierda abertzale intenta salvar su pasado

Participantes, en el homenaje a las víctimas realizado ayer./Efe
Participantes, en el homenaje a las víctimas realizado ayer. / Efe
EL CORREO

El Día Europeo por las Víctimas del Terrorismo, que cada 11 de marzo recuerda los atentados de Madrid en 2004, fue conmemorado ayer por el Gobierno vasco con un acto en Bilbao que simbolizó el encuentro de las instituciones y de la sociedad con los familiares y allegados de las personas asesinadas por ETA, los GAL y el Batallón Vasco-Español. Aunque la memoria de las víctimas debiera ser la protagonista principal de la jornada, la noticia fue que EH Bildu rehusó participar en el evento -con excepción de EA- porque sus dirigentes consideraron que la convocatoria del Gobierno Urkullu resultaba «parcial y partidista» a causa de su lema principal: «Fue injusto». Es significativo que una apreciación tan contenida sobre el Mal que entrañan el terror y la violencia de persecución lleve a la izquierda abertzale a considerarla inaceptable por excluyente. Es un retrato elocuente del momento que atraviesan los herederos y seguidores de ETA, incapaces de juzgar con una mínima severidad ética la trayectoria de muerte y coacción de la banda. Lo que demuestra que cuando dirigentes de EH Bildu se acercan a actos de homenaje a tal o cual víctima de ETA lo hacen para condolerse de su fallecimiento «a causa del conflicto», sin más. Su negativa a suscribir que la suerte de las víctimas «fue injusta» convierte cada gesto de aproximación a los deudos en un ejercicio hiriente de cinismo y falta de empatía por parte de una izquierda abertzale que se sentiría más cómoda con el mensaje de «no debió ocurrir»; como si el asesinato y la despiadada persecución fuesen solo desgraciados avatares. La ausencia de la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo de ETA en el acto organizado por el Gobierno foral, sin la presencia además de UPN y PP, mientras EH Bildu se sumaba a la convocatoria de Pamplona, refleja hasta qué punto el relato pretendidamente neutro respecto al pasado etarra puede ocupar el espacio dedicado supuestamente a sus víctimas. El lehendakari Urkullu se preguntó «si serán capaces de expresar algo que repare el daño que causaron». Está claro que no lo harán colectivamente, porque ETA y la izquierda aber-tzale tratan de defender su pasado como una sucesión de hechos a salvo de cualquier juicio histórico que vaya más allá de considerarlos ineludibles. En el mejor de los casos, pretenden el olvido. Y dado que este no es posible, se empeñan en alentar una narrativa que justifica lo peor de la historia reciente de Euskadi.

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