Verdades y narrativa sobre recortes fiscales

El gasto relacionado con la protección social ha aumentado durante la crisis mientras se ha reducido la inversión pública

Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

Entre los cansinos dimes y diretes que han acompañado la negociación de los presupuestos públicos de 2.017 y del techo de gasto para 2.018 no ha cesado de escucharse la machacona cantinela pronunciada por determinadas formaciones políticas, de que las propuestas del gobierno eran inaceptables porque representaban políticas de recortes; que unos presupuestos públicos con reducciones del déficit fiscal no podían ser sino antisociales y, por ello, repudiables. De ahí la abstención o incluso el voto negativo, por parte de los referidos partidos, en los sucesivos trámites de aprobación parlamentaria.

Tratemos de explicar qué hay de ‘narrativa’ en la relación entre corrección de déficit y recortes sociales y qué parte es conforme a la realidad.

En primer lugar, el déficit publico español, uno de los más elevados de la OCDE durante la crisis ha registrado desde 2.010 una reducción paulatina y se halla en la senda de consolidarse hasta alcanzar previsiblemente en el año 2.020 el equilibrio presupuestario. Arrancando de un déficit del 11% del PIB en 2.009, se ha reducido hasta el -4,33% en 2.106 y pronostica una senda hasta el -0,5% en 2.020, (-3,1% en 2.017 y -2,2% en 2.018). Otros Organismos como el AIREF son menos optimistas y hacen mención a un déficit congénito o estructural, cifrado en el 2% del PIB en el entorno del 2.020. En todo caso, en los distintos escenarios, España abandonaría la vigilancia europea del denominado ‘Procedimiento de déficit excesivo’ y sería el último país de la Unión en cumplir con la regla de oro del Pacto Fiscal que obliga a un déficit inferior al 3% a todos los países miembros. Hasta aquí la verdad.

El mito, o ‘la narrativa’ en expresión del nobel Robert Shiller, que “como un virus, evoluciona, puede contagiar y generar cambios impredecibles en la economía” , viene a continuación: reducir el déficit significa necesariamente recortar el gasto y en especial el gasto social. Manifiestamente incierto. Porque el déficit es resultado de un minuendo y de un sustraendo: gastos e ingresos.

Para averiguar la incidencia de cada uno de los factores necesitamos remitirnos a las cifras. Y lo que las cifras nos aclaran es que aunque la senda del déficit esté orientada a su reducción, el gasto del sector público se encuentra en la actualidad muy por encima de su nivel en 2.007, 481.000 millones de euros frente a los 421.000 de 2.007. En otras palabras, el gasto no financiero total (excluyendo el coste del rescate de las cajas) supera en mucho -como puede observarse en el gráfico- el nivel máximo previo al estallido de la burbuja inmobiliaria. La conclusión es obvia: el gasto público total ha crecido durante la crisis. La vindicada ‘austeridad’ brilla, en consecuencia, por su ausencia. De hecho es el aumento del gasto total más que la caída de los ingresos el principal responsable del aumento del déficit durante el período de la crisis.

No obstaante lo cual, hay que recordar que algunos gastos sí han disminuido en la década estudiada, por ejemplo los de defensa, inversión publica, protección medioambiental, cultura, religión y vivienda. España es el segundo país de la OCDE que más ha recortado su inversión pública. El país destina hoy el 4,8% de su gasto público a invertir, y su peso en el PIB ha caído hasta el 2%. Por el contrario han aumentado las dotaciones de servicios públicos, sanidad, educación y seguridad social, de tal modo que las rúbricas de protección social que constituyen el núcleo del Estado del bienestar no han sufrido merma alguna sino, como procedía correctamente en tiempos de crisis, todo lo contrario. Se preguntarán Vds. como es posible tal milagro. No hay milagro alguno. Ahí está para recordárnoslo la explosiva acumulación de la deuda pública española, financiadora de los sucesivos déficits de los últimos 10 años, y de los que sigan.

Queda por responder una pregunta final. ¿Puede una partida de gasto social haber crecido notablemente y resultar al mismo tiempo insuficiente? La respuesta es afirmativa. Es particularmente el caso de la Seguridad Social donde las pensiones pagadas se han disparado por un cúmulo de factores y donde los ingresos contributivos presentan un notable desfase como es de sobra conocido.

Resumamos: no ha habido recortes sociales durante la década de la crisis. Las carencias de la economía española van por otros derroteros.

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