El verano y el récord

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La semana ha sido de alta intensidad turística. En parte porque, con una numerosa delegación de bilbaínos ocupándose del asunto de las playas, las islas, los campings, los pueblos y los viajes exóticos (valga esta última redundancia), la ciudad ha quedado, en cierta medida, a cargo de los turistas. En parte también porque hemos conocido que se abrirá un nuevo hotel de cinco estrellas en lo que fue el Bingo Arizona. Y en parte porque hemos visto cómo las protestas contra las avalanchas turísticas amagaban con llegarnos desde Cataluña, como nos llegó el diseño, las gafas con monturas de colores y la autorización para combinar camisas negras con chaquetas oscuras. Mientras todo esto pasaba, hemos sabido que en junio llegaron un 10% más de visitantes que el año anterior y que la Diputación prevé «un verano de record». Así lo define Asier Alea, el director foral de Promoción Exterior, que celebra el aumento de pernoctaciones y también que los turistas no se concentren en Bilbao, sino que visiten sus alrededores, la costa y el interior. En opinión de Alea es lo «ideal» para evitar el riesgo de la masificación.

El destino del héroe

El verano pone a buena parte de la población, de un modo más o menos prolongado, en una tesitura feliz: a veces frente al mar y a veces frente a una piscina. No hay muchas maneras más sencillas de estar mejor, pero la realidad nos demuestra cada año que tampoco hay muchas maneras más sencillas de que pueda pasar algo. Un niño al que nadie vigila puede ahogarse en la piscina más inofensiva. Y el mar puede complicarse por encima de la competencia del mejor nadador. Más de doscientas personas han muerto ahogadas en España en lo que va de año. Es una cifra estruendosa que a veces nos golpea cerca. Juan Carlos Rebollar, el vecino de Leioa que perdió la vida en una playa de Llanes tras rescatar a un niño, era deportista y buen nadador. Se tiró al agua al ver que había gente en peligro en una cala sin socorristas. Una tarde de verano puede tardar un segundo en convertirse en un drama. En ese mismo segundo hay quien toma la decisión de arriesgar la propia vida para salvar la vida de un semejante. Es un arrebato de auténtica nobleza. Una muestra de generosidad superlativa.

Velar por los veladores

Hay 1.270 terrazas hosteleras en Bilbao. Las hay de todo tipo: suntuosas y urgentes, panorámicas y secretas, estoicas y calefactadas. Gracias a ellas, la ciudad ha elevado varios puntos lo que los sociólogos urbanos más avanzados conocemos como IDFN, el Indicador de Dolce Far Niente. También se han elevado los problemas: ocupaciones exageradas de aceras, molestias a los vecinos, horror estético, camareros que esquivan viandantes cuidando del delicado equilibrio que rige en sus bandejas: vasos, aperitivos, botellines. El Ayuntamiento quiere «reordenar» la situación y última un Plan Director de Terrazas. Se aspira a que la actividad hostelera conviva mejor con la vida colectiva.

Ricardo Barkala recuerda que los veladores ocupan «un espacio público de todos los ciudadanos» y señala Ledesma como ejemplo a mejorar. Mientras llega el Plan Director, el Ayuntamiento sanciona. 96 hosteleros fueron multados en 2016 por incumplir la normativa. Son una minoría problemática. Con los más «jetas» Barkala promete ir pasando de la sanción a la clausura.

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