Veinte millones

El número de espectadores en las dos décadas del Guggenheim confirma un éxito que no será eterno si no se acompasa a los tiempos

Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Veinte millones de espectadores en veinte años no solo es una cifra o un logro cualitativo, sino también la confirmación de un éxito convertido en símbolo de modernidad social, económica y cultural. El Diputado General de Bizkaia dijo el otro día en el debate de política general que la institución foral se ha volcado con el vigésimo aniversario del Guggenheim. Puede que él lo vea así, no lo dudo, pero la realidad es muy diferente. Cuando hace veinte años se inauguró ese «éxito colectivo» -según lo califica ahora el propio Diputado General-, ya se había tomado mucho antes una decisión no exenta de riesgo y en la que fue clave el convencimiento y el liderazgo político. Fue un éxito, sí, pero no un éxito garantizado por otros veinte o cuarenta años. Quiero decir que el éxito del Guggenheim no es eterno si no evoluciona y se acompasa a los tiempos, si no se ejecutan o no se atienden los objetivos de su plan estratégico -en el que también se contemplaba su expansión discontinua-, si no incrementa con acierto su colección propia y si no se refuerza el estímulo fiscal para su mecenazgo. Es posible que alguien piense que la mejor forma de volcarse con el museo en su vigésimo aniversario solo consiste en invitar a todos los vizcaínos para que lo visiten gratuitamente. Seguro, pero déjenme opinar que la mejor forma de apoyar un aniversario de éxito es impulsando y liderando políticamente la forma de garantizar ese mismo éxito en el futuro.

Arte

Kardashian: el nuevo pop

Si el pop pudo convertir en arte lo cotidiano, también las Kardashian quieren convertir en arte su telerrealidad. La mamá y manager Kris, la sensual Kim y sus hermanas Kourtney, Khloe, Kendall y Kylie, todas ellas estrellas multimillonarias surgidas de una cotidianeidad de seguimiento viral gracias a la telerrealidad, también consideran ahora que lo suyo es arte. En efecto, la prestigiosa Saatchi Gallery celebró la semana pasada en dos salas de su sede londinense una muestra dedicada a conmemorar el décimo aniversario de la serie de telerrealidad ‘E! Keeping Up with the Kardashians’, donde las integrantes de la famosa familia transformaron los conflictos y las relaciones cotidianas en un fenómeno social y popular que luego ha tenido un éxito paralelo y de crecimiento exponencial en las redes sociales. La muestra proponía a los fans de la serie una inmersión en el universo Kardashian a través de selfies, imágenes y fotos de la boda de Kim con Kanye West o incluso de clases de maquillaje y estilismo. La Saatchy Gallery siempre ha vinculado su filosofía expositiva con los medios de comunicación, aunque el estreno de la muestra de las Kardashian coincidió en su apertura con otra dedicada a la obra sobre papel de Alexander Calder. Obviamente, el debate sobre la condición artística de las Kardashian y de su telerrealidad ya ha comenzado, pero de lo que no hay duda es de que la célebre familia domina como nadie el arte de vender.

Cine

Dos malas noticias

La semana ha dejado un par de malas noticias para el cine español, lo cual contrasta con el buen tono del Zinemaldia. Lo peor ha sido la no aprobación del borrador de los Presupuestos Generales del Estado de 2018 por parte del Consejo de Ministros, algo normal cuando en plena tormenta por el referéndum en Cataluña hubiera sido imposible lograr el apoyo del PNV. Sin embargo, esta ‘lógica’ supone un jarro de agua fría para el cine español, ya que en el borrador de los presupuestos se incluía la bajada del IVA del 21% al 10%. Aún hay tiempo para negociar, pero si se rebasaran las navidades sin acuerdo habría una prórroga presupuestaria que haría por ahora imposible la rebaja. La segunda noticia negativa ha sido la forma y el fondo en la despedida de Ramón Colom, el presidente de los productores audiovisuales. La gestión de Colom al frente de este lobby no ha llegado a cuatro años y además ha coincidido con momentos ciertamente difíciles para la regulación y la financiación del sector. Como en todo, su gestión ha tenido luces y sombras. Si por un lado ha criticado en exceso a ciertos grupos de productores -entre otros, a las televisiones-, por otro su preferencia por los incentivos fiscales frente a las subvenciones dice mucho de su visión. La pena es que en su despedida ha «disparado» contra todos, es decir, contra demasiada gente del mundo del cine, un sector que tampoco está ya para muchas guerras.

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