dos veces obvio

El ministro Dastis y el diputado Xuclá, del PDeCAT, lo ven claro: Puigdemont no declaró la independencia. ¿Y el lío?

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Ni declaración de independencia implícita. Ni declaración unilateral no taxativa. Ni ruptura interruptus. Ni otros eufemismos.

Ahora resulta que el ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, y el diputado del PDeCAT en el Congreso Jordi Xuclá están de acuerdo. Que no tienen dudas, vamos: El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, no declaró unilateralmente la independencia en el Pleno del Parlament del miércoles. No, no lo hizo.

Toda la España política al borde de un almodovariano ataque de nervios. El presidente del Gobierno planteando un ultimátum a Puigdemont para que confirme antes de las diez de la mañana del lunes qué es exactamente lo que hizo y lo que suspendió ocho segundos después. Rajoy tragando con abrir el melón de la reforma constitucional para que el PSOE le apoye y no se oponga a aplicar el artículo 155 de la Constitución para devolver a Cataluña a la legalidad constitucional. Y resulta que la cosa es obvia. O, por ser más preciso, dos veces obvia.

No sé qué habrán pensado –o chillado– sus jefes, Rajoy y Puigdemont, cuando hayan escuchado sus manifestaciones al canal de televisión francés CNews (el ministro) y a Onda Cero (el diputado nacionalista). No lo sabemos, pero debemos pensar que para ellos no es tan obvio. Y es que ni Moncloa ha suspendido el emplazamiento al president, ni éste ha respondido rotundo que claro que ‘no’ declaró la DUI.

Así que aquí seguimos. Unos de ‘puente’. Otros viendo desfiles y juntando letras. Todos, muchos, ¿demasiados? conteniendo el aliento para que el lunes no suceda lo que muchos nos tememos que vaya a ocurrir: que un ‘sí’ desde la presidencia del Govern o, más probablemente, un clamoroso silencio activen definitivamente el 155.

Unas cuantas medidas excepcionales para una situación de excepcionalidad que más pronto que tarde conducirán a unas nuevas elecciones autonómicas anticipadas en Cataluña, las terceras desde 2012. Unos comicios tras los que la autonomía recuperaría la normalidad.

¿Por qué no es el propio Puigdemont –que ayer fue tildado de «traidor» por Endavant, uno de las facciones de la CUP– quien convoca esas elecciones el lunes y evita así que le caiga encima todo el peso del Estado o el de sus compañeros secesionistas de viaje? Es, apenas, una idea.

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