La única manera de blindar a kepa

Sólo una cláusula astronómica, que obligaría a pagarle en consecuencia, garantizaría una larga permanencia del guardameta

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Los nervios comienzan a apoderarse de los aficionados del Athletic, preocupados por la manera en que se está demorando la renovación de Kepa. A uno le encantaría poder tranquilizar al paisanaje rojiblanco con un mensaje optimista, pero no puedo hacerlo. Confieso que veo las cosas bastante grises, por decir algo. Y no me refiero a que piense que el portero de Ondarroa se vaya a ir sino a la manera en que va a quedarse.

En la estrategia negociadora del Athletic que ha trascendido se adivina a la legua la táctica de la avestruz. Hay una negativa obtusa a ver la realidad. El argumento de Ibaigane para hacer a Kepa una oferta económica que le situaría en la zona media de la plantilla y no entre los mejores pagados es que sólo ha jugado 25 partidos en Primera. Que a día de hoy, en el disparatado zoco del fútbol, un club siga manejando este tipo de argumentos, como si el valor de un futbolista se calculara con criterios objetivos y no en base a lo que el mercado está dispuesto a pagar por él, es tan enternecedor como ver a un niño contar con los dedos. ¿Que tienen que ver los partidos que ha jugado Kepa? ¿Cuántos ha jugado Mbappé, que va ser el segundo traspaso más caro de la historia? ¿O con quién ha empatado Dembélé?

La realidad es que Kepa es ya el jugador -pongámoslo todavía en compañía de Laporte- que más vale del Athletic, es decir, aquel por el que más estarían dispuestos a pagar los grandes clubes europeos. Y esto obliga a actuar en consecuencia, sin voluntarismos, con el realismo feroz que requiere la situación. ¿Qué es eso de ofrecerle a Kepa un millón y medio e intentar negociar con él una cláusula de 50 o 60 millones, una cantidad que ya es calderilla para cualquier poderoso? ¿Que nos aseguraría ese acuerdo, que probablemente sea el que se acabe firmando? Nada. O muy poco. La verdad es que lo único que garantizaría la permanencia de Kepa durante el próximo lustro es que el jugador, que quiere seguir, acepte una cláusula exagerada, astronómica, definitivamente disuasoria, un disparate. Pongamos 200 millones. O mejor 300, como la de Messi. A cambio, por supuesto, habría ponerle una ficha como las de Laporte o Raúl García. No hay más remedio. Las cosas son así. Nos gusten o no.

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