trump, el amenazante

El presidente estadounidense, Donald J. Trump./EFE
El presidente estadounidense, Donald J. Trump. / EFE
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

El viento de marzo se lo está llevando casi todo, pero la inestabilidad sigue mientras la Unión Europea presenta un nuevo impuesto, del 3%, a las llamadas ‘tecnológicas’. La muerte de una mujer en Arizona va a lograr que se revise el concepto de progreso, palabra que nuestros mayores no sólo escribían con mayúscula, sino que la pronunciaban alzando la voz. Ahora se debate quién puede ser el responsable, porque los tornillos y los escáneres no aceptan su responsabilidad y Uber ha suspendido las pruebas hasta que sus vehículos llenos de escáneres y radares aprendan a comportarse como personas. Quizá no sea mucho pedir, porque los seres humanos estamos mal hechos y además no hay control de calidad. La demostración es que Trump haya propuesto la pena capital, que otros llaman asesinato legal, para los traficantes de drogas.

Como todo lo pequeño se vuelve grande si nos afecta, el tema de Urdangarin provoca discusiones en las tabernas y el Rey mantiene distancias con su hermana, pero las paredes oyen y luego cuentan lo que han escuchado. La epidemia de opiáceos se ha convertido en pandemia, pero el presidente Trump cree que todo se arreglaría matando a los traficantes y va a remitir su plan al Congreso, mientras sigue cortejando a los Estados industriales que le dieron la victoria electoral. Lo que ahora pide Trump es restablecer la pena de muerte, que en otras cosas evita que alguien pueda recaer en sus vicios. Su gran defecto es que aplica lo mismo que reprende. Si matar a un ser humano es lo más grave que puede hacer un ser humano, matar en nombre de la ley no excluye a Trump de su condición de asesino legal. Aclamado en el país más poderoso del planeta, él cree en sus amenazas y las renueva periódicamente.

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