Tratado sin límites

La obra 'Presos políticos' de Santiago Sierra./
La obra 'Presos políticos' de Santiago Sierra.
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

La vieja señora ha vuelto para hacernos una visita y ha retirado de nuestra casa la obra de Santiago Sierra titulada ‘Presos políticos’. Doña Censura siempre ha obedecido a sus propias leyes, según los tiempos, porque no acepta otras. Con ella no reza eso de ‘prohibido prohibir’, mientras habla de tolerancia. La obra incluía fotos de dirigentes independentistas catalanes y otros adyacentes y sugería que habían sido metidos en chirona por sus ideas políticas. Profesarlas ha sido siempre un riesgo, pero en nuestra democracia creíamos que sólo era una temeridad que corrían muy a gusto los disidentes, en su legítimo derecho a disentir. Vivimos en el imperio de la posverdad y nadie sabe lo que es cierto, porque ella vive en un pozo y cuando asoma el flequillo hay peluqueros que se aprestan a recortárselo. A lo que se ataca es a la libertad de expresión, cuya frontera única debiera ser el Código Penal.

La obra retirada de ARCO por la dirección de Ifema incluía protagonistas tan notorios como Junqueras y los ‘Jordis’ y otros líderes del ‘procés’, que a algunos no nos gustan nada, pero que tienen todo el derecho a disgustarnos. «Tristes armas si no son las palabras», como dejó dicho don Miguel Hernández, pastor de cabras y de palabras. Ahora que se ha ido Forges es cuando más falta nos hace el humor, aunque sirva para todo y no baste para nada. Si nuestra democracia no puede aguantar la libertad de expresión no es por culpa de ella, sino de los demócratas. Todos los llamados humoristas son melancólicos y añoran algo que no han conocido. Desean corregir el mundo, pero no cargárselo, porque se quedarían sin escenario y reírse solos tiene poca gracia, aunque tenga mucho mérito. Ningún verdadero humorista se ríe a carcajadas, se lo reprocharía su sombra, que no hace el menor ruido.

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