Tras la pista de Villar

OSKAR BELATEGUI

Los chavales ahora escupen por la calle: se lo ven hacer a los futbolistas en el campo. Los nuevos dioses, los modelos a imitar, son astros del balompié a los que se les perdona todo: las actitudes chulescas, los fraudes a Hacienda, la ostentación del nuevo rico. Los noticiarios televisivos dedican tanto tiempo al deporte como al resto de la información. La última prueba de que el fútbol gobierna nuestras vidas la proporcionan las revistas del corazón, donde los Cristiano Ronaldo, Messi y compañía han desplazado al faranduleo y la jet set. Un nuevo corte de pelo puede abrir la sección de deportes; una foto en Instagram ocupa páginas y páginas de reflexión.

La Sexta recuperó oportunamente el mismo día de la detención de Ángel María Villar un modélico reportaje de investigación que, por una vez, contemplaba al fútbol español desde la perspectiva de lo que es: un negocio colosal repleto de claroscuros. El recorrido iba desde las múltiples viviendas que el presidente de la Federación posee diseminadas por el país a la faraónica sede de la organización en Las Rozas, financiada con fondos públicos y por cuyos terrenos pagó... un euro. La ley de la omertá funciona hasta para los periodistas, que callaban ante los micrófonos de los reporteros. Nadie quiere hablar de Villar. Bueno, menos Javier Clemente, que cerró el reportaje con una defensa del exjugador del Athletic, acusado de cobrar comisiones millonarias.

Para el que no es futbolero resultan difíciles de entender las imágenes de las asambleas de la federación. Los modos barriobajeros de los intervinientes, los trapos sucios y chanchullos de una máquina de generar millones que, oh sorpresa, está exenta de pagar impuestos al ser -aquí risas enlatadas- una organización sin ánimo de lucro. El negocio colosal de La Roja -Qatar pagó 3 millones de euros por jugar un amistoso-, la publicidad, los patrocinios, los derecho audiovisuales, el dinero de las quinielas... Una mina de oro alegal que jamás va a tener en contra a un país que se paraliza ante el televisor cuando el árbitro pita el inicio de un partido. «Esto es el negocio más grande que existe en España», dice en el reportaje un vendedor del cupón a las puertas del Bernabéu.

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