La tranquilidad de Rajoy

El presidente expone el balance de un éxito al haberse desquitado con hechos de los peores vaticinios

EL CORREO

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, expuso ayer el balance de este primer curso de la legislatura mostrándose más que satisfecho de los frutos obtenidos tanto en el plano económico como en cuanto a la estabilidad política. La autocomplacencia pudo ser exagerada, pero responde sin duda a haberse mostrado capaz de sortear los peores augurios que rodeaban el futuro inmediato tras los comicios de junio de 2016. Hace un año se adivinaba que no podría hacerse realidad una mayoría parlamentaria que dejase de lado al PP. Pero igual de difícil parecía que los populares acabaran dotándose de los apoyos necesarios para dar continuidad a la legislatura. La sombra de la corrupción afloraba una y otra vez por la acción de la justicia, y se convertía en factor disuasorio para que las demás formaciones facilitasen la investidura de Rajoy. Sin embargo, el transcurso del año ha demostrado que era aún más desalentadora la perspectiva de otra legislatura fallida y la consiguiente celebración de nuevas elecciones.

El trámite de investidura no fue un triunfo fugaz y la votación contraria a la moción de censura presentada por Podemos así lo certificó. El acuerdo de estabilidad alcanzado en torno a las cuentas de 2017 y al techo de gasto para 2018 con Ciudadanos y el PNV parece suficientemente sólido como para concluir que el presidente no se verá forzado a disolver las Cortes. El mal trago de su comparecencia ante la Audiencia Nacional como testigo de la ‘Gürtel’ se ha quedado en nada, cuando se presentaba como el escollo más serio que le deparaban los casos de corrupción que afectan al PP. Junto a ello, la insistencia del independentismo que gobierna la Generalitat en forzar la legalidad vigente permite a Rajoy mantenerse políticamente impasible ante el desafío, sin atender a los vagos requerimientos que el PSOE o Podemos le dirigen para que busque una salida dialogada. Hasta los pronósticos que advertían de que los vientos a favor del bajo precio del petróleo y del dinero no durarían para siempre se han mostrado equivocados para lo que llevamos de 2017, permitiendo a Rajoy atribuir a su continuista acción de gobierno los buenos datos que ofrecen la economía y el empleo, sin mención alguna a la coyuntura favorable. El presidente expuso ayer, más que una evaluación sobre la situación del país, el balance de su éxito al haberse desquitado con hechos de los peores vaticinios.

Vuelta al nivel precrisis

España ha crecido un 0,9% en el segundo trimestre del año, una décima más que el primero, con lo que ha alcanzado el nivel de Producto Interior Bruto (PIB) que tenía antes de la crisis. La noticia es buena, pero debemos refrenar la euforia toda vez que, en realidad, estamos constatando una década perdida: de no haber habido crisis, hoy seríamos mucho más ricos. Ha habido, en fin, un importante lucro cesante y millones de empleos no recuperados. En este periodo, la economía ha tenido que adaptarse: si hace diez años, el fuerte crecimiento económico se apoyaba en la construcción, hoy la expansión se apoya en una potente demanda interna y en un activo sector exterior. El turismo está en récord y las exportaciones han despegado. Ambos motores, el turismo y las exportaciones, se benefician de un potente ‘viento de cola’ coyuntural, por lo que sigue siendo imprescindible el cambio de modelo productivo hacia actividades de alto valor añadido.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos