Tourist go home

A los juventudes de Sortu tampoco les gustan los turistas

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Igual no hay vuelta atrás. Ernai ha programado para la Semana Grande donostiarra una manifestación titulada «Vuestro turismo, la pobreza de los jóvenes». El subtítulo es «Estamos detrás de la postal» y da nombre a una campaña en marcha. A mediados de junio, unos cuantos miembros de las juventudes de Sortu se disfrazaron de turistas hiperbólicos (camisas hawaianas, gafas de bucear, sombreros absurdos, chancletas con calcetines) y se metieron a chapotear en el lago del Guggenheim. Como suele ocurrir, en la terraza del museo había turistas no especialmente absurdos (manga corta, zapato cómodo, cámara de fotos) que reaccionaron ante la invasión del espacio lacustre como habrían reaccionado ante cualquier exhibición de teatro callejero o danzas aborígenes.

Quiero decir que les gustó mucho. Y sacaron fotos. Correspondiendo a la evidente tensión interpelativa, los turistas sonreían a los jóvenes disfrazados que bailoteaban ahí abajo. Alguno quizá se lo recomendó después a los amigos: «En el lago del Guggenheim hacen a veces cosas de humor interesantes». Vista la convocatoria realizada para las fiestas de San Sebastián y los réditos conseguidos, pueden apostar a que habrá protestas en Bilbao. Qué diablos, para algo somos la metrópoli de vanguardia del país. Como la penúltima semana de agosto nuestra capacidad para el desastre se triplica, no hay que descartar que alguien lo vea claro: la evolución lógica de la guerra de las banderas es la guerra contra el tour operador.

Imagino que no servirá de nada recordar la decisiva importancia del turismo en nuestra identidad colectiva: fue un inglés, precisamente, quien vino a Bilbao. Lo que no debería permitirse es que el entusiasmo turismófobo lleve a jóvenes sedientos de épica a importunar, alarmar o intimidar a visitantes extranjeros que no tienen culpa de nada y pueden encontrarse además en la indefensión de no entender qué ocurre. Nadie en su sano juicio duda de que hay que trabajar por un turismo sostenible y unas ciudades que no vendan su alma a la masificación y el disparate. De esa certeza a los cristales rotos hay un bonito trecho fanático. ¿Se recorrerá? A la izquierda abertzale ortodoxa hay que reconocerle una inveterada capacidad para ejercer de agujero negro con los debates sociales: tras adueñarse de ellos, genera materia oscura.

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