Toro salvaje

Estoy de acuerdo en que el boxeo es un deporte brutal, pero no puedo evitar que me guste; cada uno tiene sus contradicciones

Juan Bas
JUAN BAS

Los cuentos de Jack London me gustaron mucho y me siguen gustando cada vez que los releo. Quizá mi favorito sea uno que no transcurre ni en Alaska ni en los mares del sur sino, digamos, en la civilización. Se titula ‘Por un bistec’ y cuenta el combate de un viejo boxeador en decadencia por una magra bolsa que es esencial que gane para poder alimentar a su familia en la miseria. El veterano Tom King tiene la superioridad técnica necesaria para vencer a su joven contrincante, pero le faltan las fuerzas para completar la serie de golpes y noquearlo cuando lo tiene acorralado. Ha tenido que cenar solo un pequeño plato de gachas y le falta la energía que le hubiera dado un filete de carne que a su mujer no le fio el carnicero. Al final, vuelve a casa derrotado, a pie por el largo camino y con los bolsillos vacíos. La narración que hace London del combate de boxeo es magistral y vibrante.

Hace unos días ha fallecido, a la longeva edad de 95 años, Jake LaMotta, el ‘Toro del Bronx’, que fue campeón mundial del peso medio y un duro fajador que aguantaba en el cuadrilátero lo que le cayera encima. Llevó una vida agitada y variopinta que Martin Scorsese adaptó de su libro de memorias en ‘Toro salvaje’, la famosa película de 1980 en la que Robert De Niro encarnó al boxeador. De Niro, que ganó un Oscar por su interpretación, engordó más de veinte kilos para la parte de la historia en que LaMotta se dedica a hacer monólogos en cabarets. LaMotta conquistó el título mundial al derrotar al francés Marcel Cerdan (que era amante de Édith Piaf) mediante una soberana paliza. El ‘Toro del Bronx’ se ensañó con Cerdan porque su mujer había dicho que le parecía guapo y se encargó de que dejara de serlo. La Motta, que perdería el título con el mítico Sugar Ray Robinson, llegó a enfrentarse con este en seis ocasiones. En la última, que la película refleja con un intenso dramatismo, el ‘Toro’ recibió un castigo aún más demoledor que el que él mismo infligió a Cerdan, pero Sugar Ray no consiguió tirarlo a la lona.

Estoy de acuerdo en que el boxeo es un deporte brutal, pero no puedo evitar que me guste; cada uno tiene sus contradicciones. Me gusta el excelente cine y literatura que ha dado y la dimensión épica que tiene un combate entre dos buenos púgiles entregados a ganar. Recuerdo que el gran Ramiro Pinilla me dijo que él no veía épica alguna en el boxeo. Pensé que quizá no vio nunca el combate del siglo en Kinshasa entre George Foreman y Muhammad Alí y lo que Norman Mailer escribió sobre aquel épico enfrentamiento entre la estrategia de una paciente inteligencia contra una fuerza superior. Alí aguantó con estoicismo el enorme castigo del pegador formidable que era Foreman asalto tras asalto, hasta agotarlo. Llegado ese momento, Alí comenzó la sistemática demolición hasta la victoria.

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