Tomar el descontrol

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Eso de que el Girona le gane al Madrid, que no es más que el resultado de un partido de fútbol, puede ser aprovechado por el partido político que predica la doctrina del separatismo, que también tiene muchos socios. Ayer domingo no fue un día especialmente festivo para el rebelde Puigdemont, pero tampoco para los que insisten en aplicar el artículo 155, que sigue trayendo cola. Sin duda se disponen a llevársela a la infeliz pareja formada por la vicepresidente del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría, y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que tienen la dura obligación de aplicarlo, en vez de seguir hablando de su aplicación. El primer efecto ha sido la destitución del jefe policial los Mossos d’Esquadra, su casi célebre Josep Lluís Trapero y sustituirlo por su número dos, sabiendo que el orden de los factores no altera el producto que ya está bastante adulterado. El nuevo chantaje al Estado, no será el último, porque el combate va a durar y Puigdemont no reconoce su destitución. Su tenacidad sería admirable si no fuera siniestra, pero sigue convencido de que poner en marcha el temido artículo es una agresión premeditada a la voluntad de los catalanes.

Un poco más de la mitad de los que deciden el rumbo se muestra partidaria de que se convoquen elecciones autonómicas. Ahítos nos tiene Cataluña a todos, incluso a los que la quisimos tanto en otra época, cuando ella decía que nos amaba a nosotros. Quizá en un tiempo fue verdad, pero cuando le faltan piezas al mecano, no hay forma de jugar a las construcciones. Puigdemont no se da por aludido y menos por eludido. ¿Cómo se recupera la normalidad que no existía antes? Tenemos todos los ingredientes necesarios para una guerra civil. Solo faltan los muertos que han disculpado su ausencia porque están en el entierro del ‘seny’.

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