testigo renuente

Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Había quien ingenuamente creía que Mariano Rajoy en aras de la responsabilidad exigible a la persona que ostenta el cargo de presidente de Gobierno iba a aprovechar la oportunidad que se le ofrecía al tener que comparecer como testigo en la Audiencia Nacional para aclarar quiénes eran las personas responsables que promovieron y/o aceptaron que su formación se financiara con ingresos ilícitos o irregulares. Tras las más de dos horas de examen al testigo, se pudo comprobar que no había ninguna razón para que se pudiera tener el mínimo halo de esperanza sobre su colaboración en el esclarecimiento de algunos de los hechos que son objeto de enjuiciamiento en el ‘caso Gürtel’.

No hubo en las respuestas de Rajoy ningún dato objetivo que permita concluir que ha sido una testifical positiva y constructiva a efectos jurídicos, ni que su actitud haya sido realmente de colaboración sincera en el esclarecimiento de los hechos controvertidos. Desde el inicio de la instrucción de este caso judicial la actitud del PP y la de su presidente en ningún momento han sido de colaboración real con la justicia. No ha habido colaboración sino más bien obstrucción deliberada, que buscaba, de una parte, dificultar el acceso a pruebas que pudieran en la instrucción constituir indicios suficientes para imputar al PP un delito de financiación irregular y, por otra parte, dilatar en el tiempo todo el procedimiento. Desde el inicio de la instrucción el PP ha vivido este caso más como acusado que como una formación interesada en la investigación de los hechos y condena de los culpables.

El presidente del Gobierno es el máximo exponente de esa actitud y se pudo constatar con claridad el miércoles. Formalmente intervenía como testigo, pero realmente atendiendo a sus respuestas y la actitud mantenida, quien hablaba era una persona que había interiorizado la situación de un procesado. El testigo tiene el deber de declarar cuanto sabe sobre lo que se le pregunta con promesa o juramento de decir la verdad. El testigo, por definición, es un colaborador de la justicia. El acusado, sin embargo, tiene como cometido principal no hacer ni decir nada que pueda ir en su contra, siendo objetivo central de su estrategia no permitir ni colaborar en el esclarecimiento de hechos que le puedan perjudicar.

Hagan un repaso de las dos horas de la testifical de Rajoy y convendrán que quien intervino no era un testigo de unos hechos de corrupción realizados por terceros, sino una persona que, aunque sabía que no estaba en el estrado como acusado realmente su situación de facto era la de un acusado que tiene como regla de oro no decir lo que sabe, sino solo aquello que no pueda perjudicarle. Si el PP actual hubiera roto el cordón umbilical que le une a los casos de corrupción habidos en años anteriores, sus dirigentes, surgidos de tal renovación, se encontrarían más libres no solo para colaborar como testigos con la justicia sino también para actuar, llegado el caso, como acusación. La gran preocupación de Rajoy y del PP ante el trago de la comparecencia del miércoles no era el desenlace penal del ‘caso Gurte’l, que salvo sorpresa esta formación será condenada a título lucrativo, sino salir airoso para el juicio social y político que va a continuar tanto en la calle como en las instituciones.

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